
Y aquí vamos de nuevo: Ochoa dice que México irá con la mentalidad de ganar el Mundial, Justino asegura que la meta está más allá del quinto partido, y yo soy incapaz de llorar, ni de reír porque ya lo he probado todo.
Es la historia sin fin: a tres años de la Copa del Mundo ganaremos la eliminatoria caminando, al año siguiente tenemos un pie fuera por perder en Honduras, el año previo ya estamos para ser protagonistas, y en el año del Mundial el cuento se acaba en cuatro partidos. Así funciona nuestro futbol, y no cambiará nunca mientras su fórmula tenga tanto éxito como la Coca-Cola.
Jugadores y directivos se hacen chaquetas mentales, la prensa las reproduce y se alinea a la buena vibra, la afición se une al irreflexivo “sí se puede”, hasta que a mitad del torneo se nos aparecen once futbolistas mejores que los nuestros para devolvernos nuestra realidad extraviada. Para entonces, el consumo está hecho y la maquinaria de ilusiones sin sustento no hace más que resetearse para volver a empezar.
La verdad es que ni llevándose el Estadio Azteca a Sudáfrica, la Selección Nacional aspiraría a profanar con su presencia las instancias finales del Mundial. El objetivo real es superar la fase de grupos y nada más. Pasar esa barrera sería un nocivo espejismo, y no producto de un trabajo coherente para estar entre los ocho mejores.
Seamos serios: No tenemos a ninguno de los 50 jugadores más grandes del mundo. De nuestra legión europea, apenas tres futbolistas cuentan para sus técnicos. Y nuestra liga no ha crecido en absoluto en los últimos cuatro, ocho, ni 16 años.
Si fuera por mentalidad, yo también optaría al Nobel de Literatura con esta columna. Podría, ya de perdis, empezar por ser el mejor del periódico… y México, no lo olvidemos, lleva tres mundiales sin ser siquiera el mejor de Concacaf.





























Excelente la imagen, de los mejores videojuegos de fútbol.
En respuesta a Adolfo Lira: yo lo tengo era para cautro jugadores incluso si mal no lo recuerdo