En los cuatro meses que FutbolSapiens lleva de vida, soñé muchas veces con el día en que escribiría este post. De tanto que lo pensé, ya tenía listo hasta el título que evocaría las iniciales de mi nueva casa; el lugar en donde toda persona del planeta que comparta mi pasión quisiera estar… Sí. El líder mundial en deportes.
Sé que también muchos de ustedes aguardaban esta noticia, y les agradezco desde lo más hondo el desvelo que les causó mi futuro en la TV. A todos los curiosos les respondí que lo mejor era ser paciente, aguardar a que el momento llegara solito por más que pareciera dilatarse hasta la eternidad, y les prometí que aquí se enterarían antes que nadie. Y ahora, si no se los cuento reviento en un millón de pedazos: ¡hoy he fichado por ESPN!

En 1998, 16 años de edad, entré a TV Azteca. No había otro sitio imaginable para un mocoso con mis aspiraciones. Entonces, no cabía en mi asombro el compartir oficina con el Dream Team de todos los tiempos de la tele deportiva mexicana: José Ramón Fernández, David Faitelson, André Marín, Enrique Garay, Roberto Gómez Junco, Francisco Javier González, Rafa Puente, Pepe Espinosa…
En nada se parece lo que me topé en la puerta del Ajusco que abrí hace 11 años con 11 meses, y lo que dejé en mi último vistazo antes de cerrarla a mitad de 2009. Hoy en día tengo claro que “The Place to Be”, el lugar para ser y crecer se llama ESPN.
Detesto a los jugadores que en la conferencia de prensa el día de su presentación, sueltan el choro ese de que “son del Barcelona desde chiquititos”, o “el Real Madrid es el equipo donde todo futbolista sueña jugar”.
Pero no puedo mentirles: para mí ESPN y sus 24 horas de programación deportiva son el lugar en donde me proyecté toda mi vida a mediano plazo, y de unos años al presente se ha convertido en el aparato de medición a la excelencia periodística.
En mi caso, halagos de lo más comunes hacia mi trabajo han sido comentarios del estilo: “¿Qué haces en Azteca? ¡Deberías irte a ESPN!” Claro que, como disto mucho de ser monedita de oro, los ataques más fáciles de mis detractores siempre fueron correos electrónicos que decían cosas como: “Si fueras tan chingón ya te habría contratado ESPN”.
Pues bien. No soy un chingón pero sí soy un tipo extremadamente obstinado, siempre obsesionado por entregar mis trabajos al límite de calidad que me es posible, y sobre todo soy un sujeto que por lo general tiene la invaluable suerte de encontrarse en el punto exacto, en el instante justo.
En fin… Muchas gracias por compartir conmigo este tremendo ascenso en mi carrera periodística. No los defraudaré.

















0
0