Treinta días, cada cuatro años. Ese es el tiempo que me robas. No es mi vida entera (aunque quisiera que lo fuera), porque por ti derramo lágrimas, desbordo alegrías, me quedo sin garganta, me dejas sin aliento, por ti hago eso y podría hacer mucho más, eso eres para mí desde que entraste en mis sentimientos y te convertiste en una pasión.
Tú futbol, sólo tú. No hay más: noventa minutos, veintidós hombres que simulan ser guerreros, una pelota, dos porterías, un sólo sentir, dos colores, camisetas, o naciones; una meta, el alimento del alma, de nuestra alma, de tus amantes: el gol.
¿Qué es el futbol? Quizás un arte o de verdad exagero y no es más que un deporte; no, no puede ser así, la vida lo demuestra y el latir de mi corazón lo confirma, lo encrespado de mi nuca lo reafirma a cada que grito de aliento, cada que se abre el estadio, cada que se levanta una copa, cada vez que se gana en el barrio o que vibra el Azteca. Cuando saltan ellos a la cancha: los que sí llegaron, los que nos representan a la mayoría, los dichosos, los tocados por dios que se enfundan en los colores de la camiseta.
No puedes ser un arte por que no te inventó Da Vinci, tampoco te pintó Picasso y García Márquez no te ha narrado. Y aunque lo tengas todo para serlo: actuación, belleza estética, imágenes, postales para el recuerdo, épicas batallas, seguidores, actores principales; seguirás ahí, ahí donde nos gustas, en el rectángulo verde, en tus templos sagrados contándonos cuentos inéditos o rememorando los ya existentes, dándonos la pauta para soñar, para cerrar los ojos y seguirte viendo.
Combinación de todo: talento, destreza, inteligencia, frialdad, alegría, gusto, pasión, amor, tacto, planteamiento, esfuerzo, entrenamiento, práctica. ¿Qué es lo que te define? De verdad que no encuentro la palabra. No soy tan efectivo como Inzaghi en el área para encontrarla, ni tengo los recursos o la magia de Zidane para inventarla, queda claro que no soy el Pelé de la escritura. Quisiera tener el descaro de Cruyff y escribirte lo que nadie ha hecho, que este texto sea tan excelso como las chilenas de Hugo, que se recuerde como aquel gol del Diego, que erice los bellos como el gol de Jared a Italia, que mantenga a la gente pegada a mi narración como el partido del siglo; en fin, que entiendan que no tienes comparación y que tu única palabra es el sustantivo que nos condena: futbol.
Se acerca tu máxima fiesta, nuestro festival de Cannes, ese espectáculo que cautiva miradas, el álgido punto en el que se pone al pequeño contra el gigante frente a frente y con las mismas posibilidades, con la vitrina abierta para lucirse, para que los magos saquen sus mejores trucos y los mezquinos regresen a casa o destruyan las etiquetas de favoritos, el lugar que no esta hecho para sorpresas, donde el que sabe: sabe y el que no lo inventa.
El Mundial: la suma de los esfuerzos de 32 naciones unidas por un balón; el lugar está pactado: Sudáfrica, el encuentro: inevitable, el destino: incierto, las hojas: en blanco, las mentes: enfocadas; las gargantas aguardan… aguardan ese momento, ese 11 de Junio. Los pies ansiosos, los uniformes listos, las banderas en sus sitios y la moneda en el aire, para los ingleses dios salve a la reina, para mi: dios te bendiga a ti… ¡dios futbol!
















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