Fue en un campo de irregulares condiciones y condiciones regulares para un día lluvioso, el balón no rodaba, mis piernas respondían tardías, el suelo me demandaba esfuerzo y mi mente exigía progreso. Alaridos de incontable gente, aquello que parecía enorme en un momento se hizo de tamaño hormiga, toqué el balón, lo pise, corrí por inercia, sin saber cómo pero mi cuerpo llegó al área, en frente un titán, era enorme (ahora siento lo que aquellos gladiadores italianos, 169cm estatura promedio, sentían cuando batallaban contra los imponentes vikingos) algo en el centro del pecho me reclamaba, como si la historia me hubiera guardado un glorioso momento, el que todos debemos tener, en sus brazos me cuidaba y podía pedir consejo. En llamas el deseo de miles por saber el qué del cómo. Puño y balón se fundieron en mi rostro. Caí, la lluvia diluía mi trofeo rojizo que tomó forma de balón manchado en sangre, Gol. Nada era cierto pero todo pasó. Fue una realidad.
Sea una casualidad o una causalidad; aquellos que han vestido rojo son sinónimo de guerra, resistencia, lucha, poder. Es lo que la historia marca y lo que está condenado a repetir. Tan pasional, fantástico, brillante, puro, tan vivo, tan… Rojo.
Vaya ser la historia caprichosa pero así ha condenado a quienes en el futbol de selecciones nacionales vistan su piel. Poca o nula gloria se llenan, con lágrimas intenta lavar y sanar sus heridas abiertas. Y de esa herida escriben su historia con la sangre de una misma cicatriz, vieja tinta putrefacta que mancha de fallidos intentos sus memorias. Los siempre, “Juegan lindo pero a casa”. Futbol total ineficiente en momentos fervientes.
Y siendo claros, es sencillo analizar lo siguiente de la selección nacional de España, la roja, no figura en el universo futbolístico. No está al nivel que Brasil, Italia, Alemania, Argentina, Uruguay, Francia e Inglaterra. Su mejor posición fue hace 60 años ubicándose en el cuarto lugar.
El país que me vio nacer me ha enseñado que se vive de la historia, de lo que fue, lo que era, cómo antes se elabora, cuánto era que duraban, lo resistentes y mejor que se hacían las cosas; los mayores o rucos, charlan de lo que fue y no será. Tan rezagados hemos quedado en las esquinas de la esfera del tiempo que ahora no encontramos salida.
Si entienda la lengua que inmortalizó Alighieri y retrataron Pinturrichio, Da Vinci y demás próceres. Que existan dos banderas tricolores es una sonrisa de la historia.
Hay que ser un poco y un mucho pendejo para pensar con pasión, pero la historia y sobre todo en el futbol está escrita. Muy pocas veces, y celosamente se abre el libro para escribir con sangre en sus limitadas hojas. No hay espacio para aquellos que por su ausencia de triunfos brillen en las páginas. Así que “Roja” con sangre has intentado pero tus letras no has podido grabar, algo falta y seguirá faltando.
Remato de cabeza para concluir con franqueza que de futbol no sé nada, pero de matemáticas conozco, ingeniero al fin y al cabo y sé que 4 > 0, toda la vida. Yo sólo sé escribir, el resto lo hacen las palabras. No soy historiador pero de historia sé. Futbolista jamás fui pese aquél imaginario momento fantástico de alguna realidad. Y aún así soy libre para decir, Sí millones de veces a mi amada Tricolore. Y un solo, seco, rotundo, recto NO a La Roja. Siempre.

















0
0