Cambiar de identidad. De preferencia asumir la de David Beckham, Tom Brady, Rafa Nadal, Brad Pitt, Robbie Williams o algún padrote por el estilo… aunque sea por un día. Gozar de sus mujeres, experimentar sus glorias, y en definitiva disfrutar de la vida como asumimos ellos hacen, para luego despertar en nuestra cama, con nuestro cuerpo y nuestra rutina.
Supongo que no soy el único trastornado con esta fantasía porque el tema ha sido eje central de caricaturas, series cómicas, películas de bajas pretensiones e incluso de algún libro. Mark Twain es un escritor demasiado antiguo y excesivamente gringo como para haberse interesado por el futbol, pero en una de sus novelas tejió un guión adaptado para Sudáfrica 2010: una Holanda alemana, una Alemania holandesa.
No tengo las credenciales para meterme en rollos políticos ni sociales, pero por todos es conocida la poca sintonía entre holandeses y alemanes, más allá de su rivalidad deportiva. Como buenos vecinos se caen gordos: comen diferente, hablan diferente, piensan diferente.
Durante toda la vida el paradigma alemán fue ganar mucho y gustar poco. No es que su futbol tuviera la racanería italiana o la sosería inglesa; simplemente era demasiado alemán: fuerte, inexpresivo, pragmático, inquebrantable. Probablemente, en un acto instintivo Holanda produjo un ADN inverso para su futbol. Lo hizo vistoso, alegre, vanguardista y mentalmente frágil; para así instalarse en la antípoda germana: gustar mucho, ganar poco.
Terminó la Eurocopa 2008. Nadie vio juntos a los antagonistas, no existen pruebas de reunión alguna; pero es innegable que príncipe y mendigo acordaron intercambiar ropas y roles. A Holanda le urgía saber qué se sentía tener el mundo a tus pies: ganar, ganar, ganar y ganar; Alemania precisaba descubrir cómo era eso de caminar y que la gente sonriera a tu paso, por el simple hecho de ser genuinamente encantador.
Y Holanda, disfrazada de Alemania traicionó su esencia para meterse a la Final del Mundial. Al percatarse del cruel destino que le aguardaba, su vecino decidió quitarse la ropa naranja y volver a ser el de siempre… pero ya era demasiado tarde para entonces. Hoy Holanda cena con miel de triunfo hecha en Alemania, los germanos duermen con el sabor del ya merito: patente holandesa.
*Segunda edición, con final alternativo. Finalmente opté por ponerle un parche al pantalón, en lugar de fabricar uno nuevo. Gracias por su comprensión.






























Qué bella forma de traicionar una historia como lo hizo Holanda… lástima que existan técnicos como Dunga, Domenech, o Ericsson que son necios de pies a cabeza, y prefieren morirse con la suya a seguir con la tradición futbolistica del país al que representan.
Saludos!!
Muchas gracias, 3. RICARDO, 6. MOULINEX, 8. PILDORITA, 9. LOPEZ, 10. ENRIQUE, 33. MARIAGNA, 36. JUAN CARLOS y 40. CHECHAR
Jaja, 12. DANIEL: Derecho fiscal??? Se come acompañado de papas fritas?
Jaja, claro que me gustó, 16. TOÑIL!