“México Mundial Voleibol Italia”… Busco en Google News alguna información que corresponda a mis palabras clave. Encuentro cinco resultados, pero ninguno tiene nada que ver con lo que estoy buscando. Por primera vez en mi vida una selección mexicana varonil que no sea de futbol calificó a la Copa del Mundo (no hay eliminatorias en el Mundial de Beis), pero a menos de dos meses del Mundial de Voley en Italia ni un medio nacional, ni siquiera algún despistado periódico local ofrece la menor noticia al respecto.
Decía en la columna anterior que al mexicano promedio ni siquiera le gusta tanto el futbol como él se cree. Sí le encanta el desmadre que se genera alrededor de él: tener algo de qué cotorrear el lunes en la chamba, irse de borracho al Ángel, tomar cerveza con los cuates y voltear a la tele cada que grita el narrador para exclamar un “¡uuuuuy!”, un “¡gooooool!” o un “¡qué poca madre!”, dependiendo del resultado de la jugada y de la afinidad hacia el equipo ejecutante… para después retomar carcajadas, lata o botella y seguir en lo suyo.
Incluso en los estadios, que supuestamente albergan a los más fanáticos; el momento de mayor emoción y expectación suele ser el medio tiempo. La vuelta al ruedo de las edecanes y los tontos concursos que organizan las cervecerías a mitad de cancha son los que en verdad hacen despertar los inmuebles.
Durante años el interés general en disciplinas extrafutbolísticas dependió de milagros llamados Fernando Valenzuela, Julio César Chávez o Ana Guevara. Y a Dios gracias que los gringos no nos quitaron Sonora porque entonces la historia del deporte mexicano se reduciría a los nombres de Hugo Sánchez y Lorena Ochoa. Si bien hoy en beisbol y boxeo seguimos contando con un montón de garbanzos, éstos no dejan de pesar en gramos.
Cada vez los previos de los partidos importantes duran menos. Los encuentros de menor relevancia ya ni siquiera van precedidos por ningún tipo de material introductorio. México es uno de los países que cuenta con el menor acceso a canales deportivos del mundo. Y hasta en tele de paga debemos elegir si sacrificamos las Ligas que pasan Gol TV o TVC Deportes a cambio de la española, el Mundial y todo lo que Sky tiene en exclusiva… pero nunca podemos verlo todo a la vez. Los shows bianuales que ofrecen las televisoras cada gran evento tienen absolutamente de todo… terminando por el contenido deportivo. Y cada cuatro años las pronunciaciones y conocimientos básicos de futbol internacional de nuestros narradores y analistas quedan patéticamente evidenciados.
Entonces, después de dos columnas: ¿Solo nos pasan futbol porque es lo que pedimos? ¿O pedimos futbol porque es lo único que nos han dado? ¿Falta difusión porque no hay ni qué difundir? ¿O no hay ni qué difundir por falta de difusión previa? ¿Del huevo nació la gallina o la gallina nació del huevo? ¿Y si naciera gallo, qué?
Cambiar la fórmula, reeducar al cliente (que en promedio, no perdamos de vista, es el más gordo en la faz de la Tierra) significaría sacrificar un poquito la venta de periódicos, perder un puntito de rating en lo que a todo el mundo le cae el veinte. Es decir, reajustar los contenidos en pos de pluralizar la información deportiva implicaría un costo en el plazo corto. El suficiente como para que nadie se atreva en este mundo que exige inmediatez: atención inmediata, resultados inmediatos, reducción de gastos inmediata y por lo tanto, mediocridad al instante. En los medios, en las federaciones y en los deportistas.





















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