Columnas, ELBUENFÚTBOL* — Domingo 11, septiembre 2011
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ELBUENFÚTBOL*Periodismo de fútbol

Hace 26 años

A todos aquellos que perdieron a sus seres queridos en el terremoto. A los héroes urbanos y anónimos que se rifaron con rescates. Al México solidario que dio cátedra de civilidad y rebasó por mucho la incapacidad de las autoridades.

Siempre se ha sabido que le va a Cruz Azul. Nunca habíamos puesto atención en pequeños detalles que apuntan a pensar en una incongruencia de afición. Carga con él un llavero con forma de balón que tiene el escudo de las Chivas. Para los días soleados se cubre con una gorra del Guadalajara. Ocioso y metiche, tal cual soy en ocasiones, le pregunté de qué bando jugaba, o era azul o rojiblanco pero no los dos. Pidió que me sentara junto a él para escuchar su historia.

Desde hace más de 15 años Cayetano es el vendedor de tacos de canasta por excelencia en la colonia. Dicharachero y amable, Caye, como le dice todo mundo, siempre tiene un refrán o una frase a la mano para hacer reír a su clientela. Si se trata de hablar de fútbol, especialmente de Cruz Azul, nadie lo calla. Sin embargo ante el cuestionamiento que le hice sobre el llavero y la gorra enmudeció por un largo instante y después habló sin jovialidad alguna.

Esos objetos son algo más que eso. Hace 26 años perdió lo que más ha amado en la vida, su esposa. Y a alguien más. Ella tenía dos meses de embarazo cuando ocurrió la tragedia. Ese 19 de septiembre de 1985, Cayetano llegó a las seis de la mañana a su casa; trabajaba como velador de un edificio al sur de la ciudad de México. Apenas entró al hogar y besó a su esposa en la frente para de inmediato dormirse. Por su parte, ella apenas salía hacia su trabajo. Se desempeñaba como costurera en la zona de San Antonio Abad.

Cinco horas después de haberse quedado dormido tocaron con fuerza a su puerta. No tenía teléfono. Se despertó molesto, quejándose de que lo despertaran, pero abrió. Un vecino le informó que un terremoto sacudió al Distrito Federal, principalmente al Centro Histórico y vías aledañas. A Cayetano no le caía el veinte de lo que le decían y reaccionó cuando el propio vecino le dijo que “en San Antonio Abad también se vinieron abajo muchos edificios”. La esposa y el hijo que venía en camino quedaron sepultados bajo los escombros.

“Guardé el llavero y la gorra que ella me regaló. Le gustaba llevarme la contra y decía que cuando creciera mi hijo le iría a las Chivas. Ya sabes, de esas pláticas que se dan cuando piensas en cómo serán de grandes. Decidí cargar siempre conmigo estos amuletos, así los veo yo, que son mis amuletos de la buena suerte.

No hay día en que no pida por su descanso y el de mi hijo. Pero me prometí no amargarme ni amargar a nadie más; es mi pena, no la de todos. ¿Y sabes por qué tomé esa decisión? Fue cuando vi a tanta gente unida rescatando cuerpos, apoyándose unos a otros y más cuando vi a los bebés del Hospital Juárez. Había que sonreírle a la vida”.

¿Y cómo llegó a taquero? No lo sé. Pero lo que sí sé es que Caye tiene todo el derecho de apoyar a Chivas y Cruz Azul al mismo tiempo. Su afición no es un escudo, sino un sentimiento más allá que no limita banderas.

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