Columnas, La Contracolumna — Jueves 22, septiembre 2011
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La ContracolumnaAunque todas las cosas y todas las palabras ya han sido dichas, ¿por qué no intentar mejorarlas?

Los hombres murciélago

En el mundo de los cómics y las súper producciones cinematográficas habita un héroe sin ningún poder sobrenatural. Batman es su nombre, y todos lo admiramos. No vuela como el maricón de Superman, ni saca telarañas de quién sabe dónde como el acomplejado Spider-Man. Sólo posee una descomunal inteligencia y formidable fortaleza física. Con eso tiene para detener a sus enemigos.

Muy lejos de Ciudad Gótica, en la capital del Turia y la paella, un murciélago no muy distinto al que porta como estandarte el aclamado Caballero de la Noche, se alza sobre el escudo del actual líder en España. Como Batman, el Valencia está en inferioridad de condiciones respecto a los grandes superhéroes de la Liga de la Injusticia (en lo que a repartición de ganancias se refiere); pero con astucia y agilidad similares a las del hombre murciélago, se mantiene como el tercer grande.

Siempre pregoné que si el Barça no habría de ganar todos los años, al menos que no fuera el Madrid. A principios de la década pasada, Valencia y Deportivo eran Batman y Robin, luchando palmo a palmo contra los grandes de toda la vida. “POW, OUCH!, SWOOSH…” ¡Se daban con todo!

Duró poco. Al igual que el joven maravilla, el Súper Dépor desapareció; al tiempo que el equipo murciélago perdió el radar. Hace no mucho el Valencia jugaba finales de la Champions, y ganaba ligas en las narices de Real Madrid y Barcelona. Sin embargo, ha sido tal la desigualdad del último lustro que ahora los éxitos del pasado reciente lucen remotos… aunque no tanto como los del futuro. He aquí la primera gran diferencia con la historia del multimillonario Bruce Wayne: el Valencia, a día de hoy, no tiene en dónde caerse muerto.

Cada vez que su Batimóvil parece afinado para intentar correr a 100 puntos por temporada, pierde una pieza fundamental. El Madrid se lleva los frenos (Albiol), luego el Barcelona acude por la transmisión (Villa), el City va por el volante (Silva) y ya en pleno deshuesadero, el Chelsea no deja ni el acelerador (Mata). Ningún verano falta un multimillonario que haga shopping en la Baticueva de Mestalla.

Contra toda lógica, un club tan digno de Ciudad Gótica: decadente, envuelto en la corrupción y en la zozobra, se las arregla para mantenerse en el mapa europeo año con año, y sobrevive a las singulares turbulencias del entorno. El Valencia continúa su resistencia y promete combatir los abusos del duopolio de siempre… por lo menos hasta la jornada 5.

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