Partidos — Jueves 2, febrero 2012
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PartidosPorque aunque no lo crean el futbol, a veces, se juega también en la cancha

¡Al fin que ni querían!

¡Vergonzoso! Tigres desdeñó totalmente un torneo de verdadero prestigio como la Libertadores y regaló el pase a la fase de grupos con un empate a dos goles y varios suplentes. Ferretti se confirma como un técnico casero.

En un acto de total desprecio por el torneo más importante en nuestro continente, la Copa Libertadores, Tuca Ferretti decidió cerrar la serie contra Unión Española con muchos suplentes y haciendo el ridículo a nivel internacional, cosa que al Tuca tiene sin el menor cuidado.

La penosa actuación del campeón Tigres no empezó tan mal y hasta hacía soñar a los pocos aficionados que se dieron cita en el Volcán (por extraño que parezca, el estadio Universitario no se llenaba para ver a Tigres, aunque finalmente logró una buena entrada). Al minuto 15, Alan Pulido consiguió el gol del empate global con un buen remate de cabeza. Siete minutos después, un error del defensa Olarra, que no se habló con su portero, terminó prácticamente en un pase para que Alan Pulido firmara un doblete y tuviera temporalmente el pase en sus manos.

Pero jugar con suplentes no sale barato ni redituable. Poco antes del descanso, Arturo La Palmera Rivas cometió una falta dentro del área para obsequiar el penal que convirtió Emanuel Herrera para el 2-1 que le daba el pase a los chilenos por el gol de visitante; nadie lo puede confirmar, pero creemos que Tuca sonrió con el gol de Herrera.

El segundo tiempo, ahora con diez jugadores, fue aún más cuesta arriba. Los chilenos, ya con el pase, aguantaron el balón, se echaron un poco más atrás y evitaron las llegadas a cualquiera de las dos áreas; aún con la roja al argentino Mauro Díaz, al 63′, que ponía a ambos clubes en igualdad de circunstancias, Tigres no pudo hacer más. El gol de Sebastián Jaime al 70′ cerró cualquier posibilidad de que los jóvenes felinos aspiraran al pase. Quedaban veinte minutos para conseguir dos goles y evitar la humillación.

Pero si el pase no interesó en 180 minutos, en veinte y con desventaja, ¡menos!. El milagro no ocurrió y los mismos jugadores rojos se sorprendieron de la poca resistencia local. Y Tigres, como en sus viajes tiempos de equipo chico: lo mejor, su afición; su entrenador, mediocre y poco ambicioso y el equipo felino, poquitero, conformándose con ganar el Clásico Regio y calificar a la Liguilla. ¿Pa’ qué quieren más?

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