Columnas, La Contracolumna — Martes 22, mayo 2012
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La ContracolumnaAunque todas las cosas y todas las palabras ya han sido dichas, ¿por qué no intentar mejorarlas?

Maldita duda

No podía ser de otra manera. Bastian Schweinsteiger sería el héroe. El símbolo de un Bayern donde ganó todo menos la Champions League. El líder que rescató con su penal del Santiago Bernabéu el show que Iker a punto estuvo de robarse. Kroos y Lahm habían dejado vivir al Real Madrid con sus yerros. Pero no él: un alemán glacial y tozudo, a la vieja usanza teutona.

Heynckes pasa lista y como en Madrid, Bastian reserva a su nombre el quinto y definitivo penal. Desde el jueves lo tiene decidido: fuerte y bajo, al lado derecho.

Llegado el momento camina sereno hacia el manchón, se quita la saliva de entre los labios, y antes de buscar la válvula del balón que lleva en las manos, se asegura de pisar bien el contorno de césped blanco sobre el cual emana la señal que marca el lugar destinado al fusilamiento del rival por la última instancia. No evalúa la trascendencia del instante: como si de ese disparo no pendiera la temporada entera y un buen cacho de la historia de su Bayern München del alma. Todo pasa rápidamente. Camina hacia atrás hasta tocar la cal que delimita el área. Escucha la señal del árbitro sin mirar a Peter Cech y se encamina de vuelta. Debió calcular mal su zancada porque en un instante se ve a dos metros del balón, y entonces piensa. Pensar es dudar. Y dudar, paraliza.

Cech sabe que Bastian había tirado a la izquierda en el Bernabéu, y Bastian sabe que Cech lo sabe. Así que lo normal es tirar hacia el otro lado, como decidió dos días atrás. Pero ¿y si Cech intuye que Bastian sabe que él sabe…? ¿Por sorpresivo, no será mejor coartada tirarlo exactamente al mismo lugar donde se lo clavó a Casillas? Pero, ¿y si el cabrón de Cech está pensando que Bastian sabe que él sabe que lo tirará al lado contrario y que, por lo tanto, el alemán resolverá tirarlo de nuevo a su izquierda? Sí. En definitiva Cech puede estar pensando lo que él piensa y entonces opta porque el checo se venza antes. No sucede.

Aunque se lea en medio minuto, lo anterior ocurre en medio segundo y sin embargo, para Bastian transcurre media vida. Al fin se deja de elucubraciones y perversos enredos mentales para retomar el camino y volver al plan inicial. ¡A la mierda!: fuerte y abajo, a la derecha… Poste, gol.

Todos hablarán del poderío alemán, de lo justo que fue el futbol al premiar a quien mejor lo trató. Pocos se acordarán del penal fallado por Robben en tiempo extra. Muchos se conmoverán con el llanto a moco tendido del pobrecito Drogba. Nadie, absolutamente nadie se cuestionará: ¿y si Schweinsteiger hubiera fallado?

Una duda lo arruina todo. Causa que se te escape el amor de tu vida o te induce a errar un penalti que cambia la historia. Y te pasas el resto de tus días volviendo a ese instante en que debiste obedecer a tus instintos: decirle que la amas a muerte, quitarle el freno al penal más importante de tu vida… y la de tantos millones. Pero ya es demasiado tarde. Siempre hay un Drogba que no duda, se queda con tu mujer y con tus sueños.

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