Columnas, ELBUENFÚTBOL* — Martes 10, julio 2012
Siguiente - Anterior

ELBUENFÚTBOL*Periodismo de fútbol

De entre los escombros

ELBUENFÚTBOL* | Recuerdos

ELBUENFÚTBOL* | Recuerdos

Una de las labores más insoportables y agotadoras que enfrenta el mexicano, no sé si en el resto del mundo pese igual, es tener que limpiar la recámara. Escombrar la habitación implica paciencia, tiempo y un despliegue físico importante. Cargar cajas repletas de artículos inservibles, depurar entre lo que funciona como un grato recuerdo con respecto a lo que debe irse a la basura y lamentarse de haber arrumbado cosas que ni al caso es un esfuerzo sobrehumano. Sin embargo dicho trabajo, no remunerado y producto de la tradición de guardar nomás por guardar, de vez en cuando permite el surgimiento de una recompensa.

Del volcán de cochambre, donde incluso había un chocolate más que podrido, brotaron varios casetes VHS de futbol. Uno de ellos traía el Nigeria-Bulgaria del Mundial de Estados Unidos ’94. Lo primero que uno piensa es en la edad ya avanzada y posteriormente en hacer memoria sobre ese encuentro. Con el lamento de no tener videocasetera córrele con el vecino para que te preste la suya. Dichosos sean aquellos que bien hicieron en proteger una VHS o una Betamax.

Obviamente mandé a la fregada el aseo. Harto de limpiar y motivado por el hallazgo me puse a revivir el duelo entre nigerianos y búlgaros. Por un lado era el debut de los africanos en una Copa del Mundo; los auténticos desconocidos pisaban una cancha para rebelarse a la etiqueta de pan comido. Por el otro estaban Stoichkov, Kostadinov, Letchkov y el portero del peluquín, Mikhailov; la sorpresa que dejó fuera a Francia en tierras galas.

Su auguraba una cátedra por parte de los europeos. Pero nadie contaba con el baile de los africanos. El orden y poderío de Bulgaria se vieron quebrantados por el desorden y la irreverencia de Nigeria. Desde el primer minuto de juego, los nigerianos exhibieron un futbol rústico, pero alegre; saltaron al campo para divertirse, para desenvolverse sin restricciones tácticas: todos corrían para todos lados ya fuera para ir al frente o para resguardarse. Eso mismo desubicó a Bulgaria: el plan de construir su juego se resquebrajó cuando vieron a los oponentes de raza negra defendiéndose y atacando con soltura, sin temor a nada.

Amokachi, Yekini, Amunike, Finidi y compañía eran imparables e impasables. En lo que Bulgaria trataba de discernir lo que acontecía, incluido un gol anulado, Nigeria ya les había anotado tres goles. Al minuto 55′ los desconocidos ya ganaban 3-0 y no se veía por dónde o cómo los podían frenar. Por si fuera poco, la velocidad bárbara de los oponentes y el intenso calor en Dallas terminaron por fundir a los búlgaros. Afortunadamente para la causa de Stoichkov y los suyos ya no hubo más; los africanos se dieron por bien servidos con los tres tantos.

Tras ver ese partido, ubicándonos en el presente, saltó la pregunta sobre dónde quedó esa irreverencia nigeriana en materia colectiva a nivel selección. Cierto, en el ’98 repitieron participación mundialista y, al igual que en Estados Unidos, se colaron hasta octavos de final. A partir de entonces no figura en el mapa futbolístico internacional. Bueno, ni qué decir de Bulgaria; la historia sigue manteniéndose en aquella escuadra comandada por Stoichkov.

Evidentemente ya no terminé de limpiar la recámara; la verdad sí da flojera. Pero de la labor inconclusa se sacó algo de provecho: los aficionados de viejo tramo podemos compartir nuestros escombros con los aficionados de nuevo recorrido que apenas comienzan a llenar su costal. De igual forma los ya veteranos nos sujetamos a un masoquismo que gusta: reencontrarnos con la sorpresa; el anhelo de volvernos a topar con el deleite de un equipo que rompa con el orden de lo establecido y que juegue por el mero gusto de hacerlo.

ELBUENFÚTBOL*
www.elbuenfutbol.com

Enlace corto:

57 comentarios

Más comentarios
1 2

 Deja tu comentario

(*)

(*)

 

.