Columnas, Honestidad Brutal — Jueves 12, julio 2012
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HONESTIDAD BRUTAL | La experiencia santista

HONESTIDAD BRUTAL | La experiencia santista

Cuando a un jugador catalán jugando en Rusia le hablan de la posibilidad de irse a jugar al Santos Laguna de México, lo primero que se le viene a la cabeza es la balacera en el nuevo Estadio Corona. Para mí Santos no era ni mucho menos desconocido. En España, aunque a muchos aquí les duela, se sigue la Liga mexicana, y más allá de esto, tuve la suerte de conocer a los dirigentes del club en su primer viaje a Glasgow donde establecieron ese hermanamiento entre el Celtic y Santos.

Las primeras impresiones desde la distancia eran buenas, pero nada que ver con lo que acabarían siendo más tarde. Un club y una gente que logran levantarse de un golpe tan duro como el de una balacera en las puertas de su estadio, y un mes más tarde organizan un México-Brasil, demuestran algo especial.

Sin olvidar que el activo principal de Santos es su primer equipo de fútbol, la labor social que ejerce el club día a día ayudando a los más desfavorecidos es enorme, éste y otros muchos motivos hacen que los jugadores se sientan aún más identificados con esta gran familia que es Santos.

El apodo de Guerreros, tampoco es ninguna casualidad. En una región caracterizada por la humildad de su gente, entregada al máximo al amor por su tierra y por sus familias, trabajadora hasta la saciedad, a la pasión por Santos y sus colores. Una sociedad muy golpeada en los últimos años, pero que se levanta día tras día con la cabeza bien alta. Por lo que cuenta la gente, se vivieron y viven momentos muy complicados aquí, y nadie se queja por nada. En España, con más y por menos, nos pasamos la vida de protesta en protesta.

Desde el primer momento en el que uno llega al aeropuerto de Torreón, el mensaje es muy claro: “échale huevos¨, “siente la camiseta”, y créanme, es difícil no hacerlo. Muchos se reían de mí hace unas semanas cuando en una entrevista me preguntaban cuál era para mí el equivalente al FC Barcelona o al Real Madrid aquí en México. Mi respuesta fue clara y contundente: SANTOS!!!

¿Por qué? Porque más allá del nivel futbolístico, presupuesto o grandeza e historia del Club, en los que hoy en día no existirían puntos de comparación reales, al hacer esta afirmación me baso en la facilidad con que un club, una institución, o sobretodo un equipo de fútbol puede llegar a influenciar en el estado de ánimo de su gente y de sus aficionados. El amor y la pasión de todos los santistas de corazón es tan grande hacia su equipo, que su felicidad durante la semana depende del resultado del sábado.

Jugando en Santos he comprendido que ya no juego sólo por el amor a este deporte, por mi propia felicidad, por la felicidad de mis compañeros o de nuestros seres queridos. Cuando salimos a entrenar, o el sábado salimos al estadio para jugar, todos tenemos muy claro que jugamos por algo más que todo eso, y es que jugamos por toda esa gente que vive por y para Santos. Que trabaja duro durante la semana para poder comprar sus boletos para el juego. Para los que no les llega para pagar sus entradas y lo viven desde sus casas. Jugamos representando a tres ciudades y dos Estados, y a muchísimos Laguneros y santistas dispersos alrededor del mundo.

En mi corta carrera como profesional he tenido la suerte de conseguir varios títulos, no muchos la verdad, pero sí alguno que otro. Aunque sin duda alguna ningún título me ha hecho tan feliz como el Clausura 2012. Dicen que vivimos de los recuerdos. Pues bien, ese 20 y 21 de mayo de 2012 tendrán siempre reservados un lugar en mis pensamientos, pero sobre todo en mi corazón.

El día 20 la felicidad fue personal, y por todos los que pudimos vivir ese momento de gloria en el Estadio Corona.

La felicidad que sentí el día 21 es difícil de explicar con palabras. El sentir que formas parte de un grupo en el que tanta y tanta gente tiene sus esperanzas depositadas, en el que tantos creyeron después de haber vivido momentos difíciles y no sólo en lo deportivo. Sentir que has puesto todo tu esfuerzo para sumar tu granito de arena y que con eso hemos podido hacer feliz a tanta y tanta gente. Ver a tres ciudades y dos Estados enteros sonriendo y festejando en la calle. El desfile por las calles de Lerdo, Gómez Palacio y Torreón con nuestra gente. Para mi eso es la definición más grande de felicidad.

Sólo llevo 7 meses aquí, y desde el primer momento me han hecho sentir como en casa. Vengas de donde vengas, sin importar tu estatus social, tu cultura o tu religión, todos los guerreros formamos parte de esta gran familia Santista. Porque transmite eso. Ese sentimiento, esa pasión. ¡SANTOS NOS UNE!

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