Columnas, ELBUENFÚTBOL* — Domingo 29, julio 2012
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Alguna vez el pequeño fue grande

EBF* | Alguna vez el pequeño fue grande

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Atletas, periodistas y gente de clase acomodada bromeaban sobre la sede. Dieron el visto bueno a que los Juegos Olímpicos fueran albergados por Europa, pero no les entraba en la cabeza que Finlandia, específicamente Helsinki, fuera anfitriona del certamen. Tampoco faltaron los chistes hacia las delegaciones de países del tercer mundo que participarían por vez primera en la justa. “Para un país chico, atletas chicos”, decían algunos. “Las potencias no necesitarán condición física, sino una escoba para barrer con calma a los que creen que pueden competir”, decían otros.

La prueba de los 1500 metros en el atletismo silenció a muchos. Durante la carrera un hombre enmudeció a quienes se mofaban de los débiles; su nombre aparecía de relleno en la lista de los competidores. Mayor asombro causó el dato de su nacionalidad. Incluso, mientras el corredor se enfilaba como líder de la prueba, algunos periodistas buscaron con desesperación información sobre él, pues creían que su país era inexistente y por ende su participación también.

Cuando cruzó la meta nadie podía creer lo que estaban viendo: el desconocido del país extraño ganaba la prueba, obtenía la medalla de oro. A la par de que Josy Barthel recibía la presea dorada, periodistas confirmaban con organizadores si efectivamente Luxemburgo era una nación.

Al día siguiente de su hazaña, los periódicos informaban que un atleta de tierras inimaginables ganó en los 1500 metros. De igual manera hicieron énfasis en que así como existía Helsinki también existía un pequeño país llamado Luxemburgo.

Entre que los incrédulos trataban de asimilar lo acontecido y buscaban una entrevista con Barthel, atletas de Tailandia, Vietnam, Indonesia, Nigeria y Ghana celebraron en sus respectivos grupos el triunfo del compañero de Luxemburgo. “Si hay países pequeños, el mundo es todavía más pequeño. Es tan pequeño que las escobas a partir de ahora serán inservibles”, comentó un atleta africano.

Semanas posteriores a su logro, Barthel fue cuestionado acerca de su sentir por el logro. El hombre de Luxemburgo sonrió y le dijo a su entrevistador que sentía lo mismo que habrían de sentir los ignorados del futuro.

Ganador de la primera y única medalla de oro que tiene Luxemburgo en Juegos Olímpicos, Josy Barthel, sin saberlo, serviría de motivación a los corredores de naciones consideradas inferiores, pero en que las pistas, con un par de piernas invencibles, barrerían el desprecio hacia su existencia, entre ellos los africanos. Ocho años después de Helsinki ’52, en Roma ’60, un atleta de Etiopía volvería a quitarle la venda al mundo al ganar la maratón corriendo descalzo; Abebe Bikila dignificaría su propio sentimiento y de paso el de Barthel.

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