
EBF* | El marginado del '68
Solía llegar a casa con el rostro cabizbajo. A diferencia de otros adolescentes, él no volvía al hogar con la ropa sucia y con la euforia de haber jugado al futbol. Después de varias semanas de observar la tristeza de su hijo, el padre le pregunto qué pasaba. “No me dejan jugar con ellos. Se burlan de que no tengo zapatos especiales”, le respondió el chico. Pese a recibir las humillaciones de los que si jugaban porque sí tenían uniformes y tacos, él acudía a las canchas con la ilusión de recibir una oportunidad.

El blanco que apoyó a los negros
Como ya nadie le quitaría esos tacos, el padre tuvo que pagarlos en abonos. El chico los desgastó y les sacó jugo, pero no sería en el futbol donde desarrollaría sus capacidades. Al término de un partido, mientras se dirigía a casa, un chico de raza negra lo interceptó en el camino.
-Corres como si fueras uno de nosotros.
-¿Por qué lo dices?
-Eres muy rápido.
-Te he visto escondido detrás de los árboles para vernos jugar, ¿por qué no juegas con nosotros? ¿Tampoco tienes zapatos especiales?
-Mírame, soy negro. Los negros no tenemos derechos. Puedes sentirte afortunado de ser blanco.
El encuentro marcaría al adolescente de raza blanca. Haría historia en los Juegos Olímpicos de 1968 al ganar la medalla de plata en atletismo, en la prueba de 200 metros. Su hazaña, sin embargo, pasó a segundo plano en su natal Australia. La presea conseguida era basura, según en su país, por apoyar la causa de los atletas estadounidenses de raza negra Tommie Smith y John Carlos, ganadores de las medallas de oro y bronce respectivamente en la misma prueba, y quienes saltaron a la fama por alzar los brazos con el puño cerrado y cubierto por un guante negro en el podio de la premiación.
La imagen que le dio la vuelta al mundo, y que hasta la fecha lo hace, fue la cruz de los tres medallistas, principalmente del blanco, Peter Norman. En esa mítica postal donde Smith y Carlos hicieron evidente su postura de unidad con el Black Power, su protesta contra los conflictos raciales en Estados Unidos, Norman no alzó el brazo, pero sí portó en su uniforme un distintivo con la leyenda Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos. El detalle le costó caro.
Promotor y activista del antirracismo en Australia, opositor a que los niños aborígenes fueran arrebatados de sus padres para darlos en adopción a familias adineradas y de raza blanca, además de exigir respeto a las personas de raza negra, Norman volvió a su país para ser tratado como lo peor que le pudo haber pasado a la nación.
Se le impidió participar en competencias y certámenes posteriores, entre ellos los Juegos Olímpicos de Munich ’72, aún con todo y que obtuvo su pase en las pistas. En las calles fue tratado con desprecio y la clase política lo tachó de paria, apátrida. “Tan pronto como llegó a casa fue odiado”, señaló su sobrino Matt Norman, realizador del documental ¡Salute!, obra cinematográfica que muestra el calvario vivido por su tío. Y todo por hacer pública su convicción de apoyar los derechos humanos en México ’68.
El rechazo y el trato inmisericorde le acompañaría a Norman hasta el final de sus días. No obstante los tiempos habían cambiado y no todos lo odiaban. Durante su funeral (2006), Tommie Smith y John Carlos cargaron su ataúd. Al mismo tiempo, aborígenes y gente de raza negra despidieron con aplausos a su héroe, al hombre que ofrendó su destino en favor de su causa.
“Se ha dicho que compartir mi medalla de plata con ese incidente en la victoria distrajo de mi desempeño. Por el contrario, tengo que confesar, estaba orgulloso de haber sido parte de él”, fueron las palabras que expresó Norman en ¡Salute!, filme que ya no alcanzó a ver, pues se estrenó en 2008.
Ya fallecido, y como vaticinó su sobrino, Peter Norman seguiría escribiendo su historia en otro lugar. Se reencontraría con el chico de raza negra que le despertó la cosquilla por el atletismo. Dicen, no se sabe, que juegan futbol sin restricciones raciales y sociales; juegan incluso sin zapatos.























Gran historia y a los otros dos atletas también les fue muy mal cuando regresaron a los Estados Unidos.
Así es. Entre los perjuicios sufridos estuvo el desempleo. Saludos
El Black Power. Impresionante, de las escenas olímpicas más memorables.
Un link para ver el documental?
Que gran historia. La lucha por los derechos humanos debería ser uno de los pilares del movimiento olímpico todavía, pero no en el sentido del discurso, sino de las acciones, como las opiniones de los atletas, los homenajes a los deportistas que manifestaron su solidaridad con esa causa o que protestan porque en sus países aún hay rezagos en esa materia. Gran historia Elías, no cabe duda que el deporte y la política nos guste o no van de la mano y siempre el olimpismo nos ha dado lecciones de humanidad.
Mi estimada Ingrid, el discurso siempre será la rendija más sencilla para calmar los ánimos. Afortunadamente, hablando del deporte en Juegos Olímpicos, hay irreverentes que con acciones dan cátedra. Un abrazo
Lecciones de vida.
Enorme columna. Qué bueno que la sociedad va hacia adelante en estos temas.
En algunos casos a pasos agigantados, en otros muy lentos. Saludos
El mundo ha cambiado mucho en algunas cosas desde mediados del siglo XX y tan poco al mismo tiempo, por un lado está este hombre que diò su carrera por los ideales de igualdad y libertad y un pinche suizo sale estos juegos con su pendejada de atacar a los Coreanos.
Asi es la pinche humanidad jaja.
Buen Elías eso del black power y las panteras en 1968 da mucho tema que hablar y creo que casi nunca repara en ello.
Un abrazo
Tu ejemplo deja en claro que todavía seguimos discutiendo y polemizando por cuestiones que no deberían merecerlo. Sobre el “Black Power” tela hay para cortar, todo depende del que la corte. Un abrazo
Este es otro ejemplo humano de que la lucha por los derechos humamos es vital, pero que valor de ese hombre, después de ese suceso su vida fue cuesta abajo, pero el sabía que hacía lo correcto. Puede que haya sido tratado como un vende patrias en su propio país pero ganó el reconocimiento a nivel mundial de un pueblo que durante muchos años no tenía derecho a nada y eso es mas importante. Debería haber mas difusión en este tipo notas, excelente historia Elías, como siempre me haces reflexionar y aprender.
Junto con ustedes, uno tampoco deja de reflexionar. La fidelidad a una convicción es una decisión difícil de tomar ante circunstancias que implican riesgo para un devenir. Norman se la jugó y de qué manera. Saludos
Como siempre en tus escritos ya es costumbre irnos con una reflexión más allá de lo deportivo. Saludos y gracias por tener palabra con los lectores sapiens
Se los prometí, me hicieron prometerlo y aquí me tienen. Saludos
como le haces para sacar tan buenas columnas Elías? pasan los meses y mantienes el nivel, vaya que logras mover sentimientos con tus relatos, que además de tener relación con el deporte, nos pone a pensar.
Saludos¡¡
Es el mero gusto por escribir y parto de la atracción por el personaje o anécdota en turno. Saludos
Te rifaste, Elías! Me hiciste derramar lágrimas…
Mientras haya emociones, todos vamos de gane. Saludos
Que buena lección de vida
Elias toda la página debería ser para ti, bueno mejor no de lo bueno poco
No, tampoco me desees el mal. Digo, simplemente imagina cubrir todas las áreas. Terminaría loco probablemente. Un abrazo
por eso digo de lo bueno poco ojala todos los columnistas abarcaran mas aya de la liga mx
Elías como siempre de lo mejor que hay en esta página!!!
Gran historia y es por cosas como esta que los juegos olímpicos son tan trascendentes y por esto mismo es que no entiendo a la gente que opina que hay países o atletas que no deberían competir y de la misma forma a los atletas que se niegan a competir siendo que aquí se puede ver la escencia del deporte y del ser humano.
saludos Elías!!!
A final de cuentas radica en cada quien la elección. Hay decisiones que van más allá de una simple obligación deportiva con el país, tal como fue el caso de Norman; decisiones para las que se requiere algo más que un esfuerzo físico. Un abrazo
Gran imagen, gran historia, gran columna.
Grande Elías, que no pare!
Lo prometido es deuda, mi buen Potosino. Da gusto verte por aquí más seguido y que sigas manteniéndome en friega. Claro, en el buen sentido de la palabra. Un abrazo
Muy buena como siempre. Qué valor de este señor Norman
Ya somos dos los que pensamos lo mismo. Saludos
vuelvo a preguntar ..
porque ningun atleta mexicano inconforme con EPN se explayo en el podio?
tristes e inconformes
Nuevamente gran historia Elias, yo solo sabia la historia de los atletas negros que levantaron su puño en forma de protesta y apoyo a sus compatriotas afroamericanos que la pasaban muy mal por la discriminacion que habia en EUA.
Sé que quizá es demasiado tarde para comentar algo en este post pero Elías, buscando notas para la sección de deportes en mi trabajo, encontré una que me llamó muchísimo la atención y además me dio mucho gusto… Australia, apenas hoy, pidió perdón a Peter Norman -o más bien a su familia- por la segregación, prohibición para competir y las amenazas de las cuales fue objeto tras este hecho en México ’68.
saludos y un abrazo…
Está padre haber leído esta nota hoy y todo gracias a estos textos que aquí me he encontrado