Columnas, ELBUENFÚTBOL* — Viernes 3, agosto 2012
Siguiente - Anterior

ELBUENFÚTBOL*Periodismo de fútbol

Stella, simplemente Stella

EBF* | Stella, simplemente Stella

EBF* | Stella, simplemente Stella

Millones de personas se preguntaron si era cierta la noticia que habían escuchado por radio y televisión. Pese a que los medios confirmaban lo acontencido, los incrédulos preferían pensar que era una mentira para obtener rating. No fue así, era verdad. El mundo se convirtió en un enorme escenario repleto de seres inertes que no hacían otra cosa que llorar. Hubo otros que prefirieron el desmayo para no soportar el impacto de pie. John Lennon había muerto; Mark David Champman lo asesinó.

Funeral de Walsh

Funeral de Walsh

Los melómanos, los fieles de Los Beatles y principalmente los devotos de Lennon murieron en vida junto a él. Aquel 8 de diciembre de 1980 provocó un enmudecimiento colectivo, un dolor multitudinario y silencioso. Millones de hogares se transformaron en tumbas sin música, en féretros donde era imposible el intento de tararear Imagine.

Pese al luto mundial por la muerte de Lennon, habitantes de Cleveland, Ohio tenían su atención puesta en otro fallecido, en otro ser asesinado. Cuatro días antes de que Champan pusiera fin a la vida de Lennon, el estacionamiento de un centro comercial vio caer a una medallista olímpica por culpa de las balas. Víctima de un asalto, uno de los ladrones jaló el gatillo de su pistola para dispararle a quemarropa.

Patrullas y ambulancias llegaron al lugar. La conmoción no se hizo esperar y creció de forma rápida cuando se supo que la baleada era Stella Walsh, la legendaria corredora que ganó la medalla de oro en la prueba de los 100 metros durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. Polaca de nacimiento, estadounidense por adopción, Walsh tenía 69 años al morir.

Vecinos, amigos, atletas y personalidades del deporte reaccionaron con súplicas de justicia. A la par de que externaban sus condolencias pedían la detención del homicida. Sin embargo, las investigaciones pasarían a segundo plano casi de inmediato. Previo al funeral, el médico forense encargado de la autopsia descubrió lo que marcaría a Walsh después de muerta.

A los mudos por el fallecimiento de Lennon se sumarían otros mudos, los que perdieron la voz al enterarse del secreto de la atleta. Los resultados de la autopsia arrojaron que el cuerpo de Stella presentaba órganos sexuales femeninos y órganos sexuales masculinos; era hermafrodita.

La revelación no fue bien acogida por muchos. De la admiración se pasó a la indignación. Del respeto al desprecio. Las críticas y descaliicativos emanaron por doquier. Además de tildarla de mentirosa, así como de un engaño para la humanidad, surgieron posicionamientos para rebajarle su dignidad considerando que un ente “anormal” ni siquiera merecía un entierro.

Pero hubo alguien que salió a calmar los ánimos en esos momentos de tensión. Ajeno a los amigos y gente cercana de Walsh, un hombre creyó que no era justo el trato dado a una ex atleta que murió siendo anciana y víctima de las balas. El propio médico forense que llevó a cabo la autopsia escribió en sus conclusiones finales lo siguiente:

“Stella Walsh vivió y murió como mujer social, cultural y legalmente hasta los 69 años”.

Walsh fue despedida como la atleta que fue. No obstante, y con el paso del tiempo, la polémica sobre su identidad sexual sigue vigente. Tan vigente como el recuerdo por Lennon, quien sin saberlo hizo de Imagine la canción con la que un hombre, un forense, habló con el cuerpo sin vida de Walsh para decirle que no era su culpa, que ella no pidió nacer así.

www.elbuenfutbol.com

Enlace corto:

19 comentarios

 Deja tu comentario

(*)

(*)

 

.