
EBF* | Ana, la mujer que impone con pronunciar su nombre
Es de noche. La madre no duerme por la angustia de saber los resultados de las pruebas aplicadas a su hija. Teme que le digan algo terrible, algo como que su pequeña nació lenta de cerebro. En tanto, la niña, cansada de haber dado lata durante el día, sueña con los angelitos.

Toda una campeona
Se toma la decisión de inscribir a la pequeña en una escuela de enseñanza especial, una institución donde acuden niños con alguna discapacidad física o dificultades para aprender. Durante varios recreos, la directora del centro educativo observa a Ana. Se da cuenta de que la niña se divierte corriendo, saltando la cuerda o haciendo ejercicios de flexibilidad.
Con permiso de la madre, la directora ingresa a Ana en un equipo de voleibol escolar, en equpos de salto de longitud y en pruebas de atletismo. Posteriormente la maestra de educación física la llevó a un centro deportivo para que los profesores del mismo evaluaran su potencial. La niña corrió y corrió. Sin zapatos, descalza por la pobreza, Ana sorprendió a sus visores. “Señora, si su hija no nació para la escuela permítame decirle que entonces lo hizo para ser una extraordinaria deportista”, dijo un profesor a la madre de Ana.
Pasaron los años y Ana, convertida en toda una mujer, ya con zapatos puestos, correría en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 para ganar la medalla de bronce en los 800 metros. A estas alturas ya era conocida en el mundo y en su primera justa olímpica solamente reivindicaría sus virtudes en la pista. “Es una saeta. La cubana impone respeto desde que se pronuncia su nombre”, detallaban algunas crónicas de la época.
En su apogeo, Ana volvería a ser noticia medio año después de haber obtenido la presea en Barcelona. No fue para abordar su velocidad o su aplomo al competir. Era algo más grave. Un accidente en la cocina de su casa borró la delicadeza de su piel con quemaduras brutales en todo el cuerpo. El ardor y la gravedad de las laceraciones serían apenas un esbozo de la tragedia. Ana estaba embarazada.
Los médicos tuvieron que inducir el parto y practicar una cesárea para que una nena viniera al mundo. Pese a los esfuerzos, la criatura murió. Las quemaduras habían asestado el golpe más terrible a Ana. Tanto en Cuba como a nivel mundial, plegarias y rezos no se hicieron esperar. La solidaridad reflejada en un armónico deseo de recuperación fluyó en lo público y en lo privado.
Contrario a lo que se esperaba, Ana, a quien ya se le consideraba una muerta en vida, no se desplomó ni se dejó morir. Sometida a un sinfín de cirugías para reconstruir las partes quemadas de su cuerpo y para devolverle movilidad a otras, la cubana volvería a las pistas. El trono que dejó nunca le daría la espalda y el atletismo la esperó con los brazos abiertos.
En los Juegos Olímpicos de Atlanta ’96, los 800 metros se convirtieron en una alfombra de terciopelo, una superficie fina que volvería a sonreír con el retorno de Ana. No ganó el oro, se quedó con la plata, pero desde que se anunció su presencia en la competencia se sustentaron las palabras del ’92: “La cubana impone respeto desde que se pronuncia su nombre”. Su existencia y su figura eran el triunfo mismo.
La niña que se creía no nació para el estudio a la postre sería licenciada en Cultura Física. La pequeña que corría descalza ganó prácticamente todo. La mujer que perdió a una hija y dignificó a su cuerpo lacerado hoy es madre de dos hijos y toda una leyenda de las pistas.
Ella es Ana Fidelia Quirot, la mujer que impone respeto desde que se pronuncia su nombre.

























Nosotros solo los vemos unos segundos a lo mas minutos, y eso la mayoría lo haceoms a través de una pantalla los mas afortunados logran hacerlo en vivo.
Pero cuantas historias no hay detrás de cada uno de los atletas, desde el mas humilde de la nación mas pequeña hasta los que representan potencias económicas o deportivas.
Eso para mi es lo valioso de los Olímpicos mucho mas que las medallas y las ceremonias.
Un abrazo buen Elías tus historias son un plus a los juegos.
Historias de vida, abundan. Los atletas son más que números, rankings o publicidad. Todo depende del cristal con que se mire. Un abrazo
Solo comentamos los que leemos la historia, siempre se comenta menos cuando el texto es mas largo
Todo depende del gusto de cada quien. Eso sí, todos están en su derecho de leer o no leer. Saludos
Y muchas veces nosotros quejándonos por nada. Qué fuerza la de esta mujer, impresionante. Sigue así Elías. Saludos
Ana Fidelia es admirable sin lugar a dudas. Su ejemplo nos demuestra una vez más que querer es poder. Saludos
Buena Historia Elias,magnifico texto como siempre
Y como siempre, agradezco los comentarios y el tiempo dedicado a chutárselos. Saludos
ya es una costumbre que nos regales buenas historias Elias esta es una de ellas y si vaya fuerza de voluntad para salir adelante y la vida le regalo otra oportunidad para ser madre y otra vez medallista, estas historias son otro punto de vista para los olimpicos. otra vez un 10 bien merecido!
Dicen por ahí que la vida te pone obstáculos que puedes librar. También dicen que del golpe que te den depende el madrazo de vuelta. Ana Fidelia es una guerrera que no puso pretextos, a pesar de tener excusa para hacerlo. Un abrazo
Gran historia Elías, que mujer tan admirable y que valiente.
Ingrid, la misma valentía tienen las escritoras que vienen en camino, o que ya dan sus primeros pasos. ¿O no? Un abrazo
Ganadísimo el respeto. Qué grandeza
Esta es una se mis secciones favoritas, Elias Leonardo, una abrazo y gracias por publicar estas historias que hacen que nos sintamos mejor.
Gracias a ti por leernos y tenernos en buena percepción. Saludos