
EBF* | Un campeón olvidado
A sus casi 70 años camina como un joven de 18. Sus facciones son las de un hombre malhumorado, un tipo de pocas pulgas. Pero en cuanto alguien lo saluda o charla brevemente con él, su rostro se convierte en el de un señor agradable. Algunos se preguntan quién es. Se sorprenden al ver que el marchante del mercado, el cliente intelectual de un café, el taxista, el voceador o la actriz coinciden con una sonrisa cuando están frente a él.

Juan Fabila
No obstante, él es prudente. No presume su pasado y tampoco obliga a nadie a enterarse de él. Sin embargo cada vez que se le observa caminando por las calles tlalpenses, habitualmente acompañado de su esposa, los vecinos que tenemos conocimiento de su logro rendimos pleitesía a su andar y guiamos sus pasos con el gesto que merece un campeón.
A menudo olvidado por la prensa, inexistente en la mayoría de remembranzas olímpicas de los triunfos mexicanos, Juan Fabila es una leyenda viva, el eterno campéon del barrio. Al observarlo es imposible no pensar en que fue el único deportista que le dio una medalla a México en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964.
Tenía 19 cuando acudió al certamen. Los pronósticos de una presea eran desalentadores; un total de 27 atletas aztecas iban por un auténtico milagro. Nadie esperaba un mínimo logro de los mexicanos. De repente un pugilista en los pesos gallo comenzó a tundir oponentes hasta colarse en semifinales. ¿Cómo se llama y de dónde salió ese chico que suelta tremendos trancazos?, se preguntaba la prensa. Sus puños lo hicieron merecedor a ser el candidato a ganar el oro.
El destino le pondría enfrente un coreano, un boxeador que distaba mucho de ser bueno. Fabila lo sabía. Pero las diferencias con su entrenador le pasarían factura en la prueba. Inesperadamente perdió. “Fue la pelea más horrible de mi vida. Salí tenso al combate porque eran pleitos tremendos con el entrenador argentino y como soy de carácter fuerte, no me gusta que alguien me quiera gobernar”, diría Fabila años después en entrevista con Mente Salvaje.
Digerida la derrota, y amparado en la promesa que le hizo a su padre, Fabila salió con todo para conquistar la medalla de bronce y lo logró tundiendo al uruguayo Washington Rodríguez. Había obtenido la única presea para México.
Actualmente se dedica a atender su gimnasio y su tienda. Disfruta de desayunar y tomar café en compañía del amor de su vida, su esposa. Público para toda la gente, ignorado por los medios, Fabila y sus puños no viven del recuerdo. Si la historia lo olvida es asunto de la historia; él se preocupa por procurar su negocio. Mientras cobra, clientes ni siquiera saben que le pagan al campeón del barrio.





























No me sorprende mucho que en este país no se le rinda el debido aprecio a este hombre quién “solo” ganó la de bronce pero lo hizo cuando México era aún menos competitivo de lo que es ahora en casi todas las disciplinas.
Lo que me da gusto saber es que tiene un negocio propio y aparentemente no le ha ido tan mal como a muchos otros boxeadores, quienes cegados por el dinero y la fama repentina lo han perdido todo y han cabado verdaderamente mal.
Aunque me dejas pensando, realmente en que países del mundo se le dará reconocimiento a los atletas mas allá de los años inmediatos a sus triunfos.
Un abrazo buen Elías.
Respecto a otros países, no sé. Pero acá se nos da eso de darle rienda suelta al olvido y no solamente en el deporte, sino también en otras áreas como literatura, cine o música. Un abrazo
Tienes razón es prácticamente con todas las actividades que el pueblo mexicano tiene muy corta memoria. No se si sea algo propio de nuestro pueblo por eso me pregunto como será en otras culturas.
Al menos uno de éstos hombres ha logrado evadir una caída estrepitosa al olvido.
En la torre. Siendo sinceros no sabía de la existencia de Fabila. En lo dicho, con FS y tus textos uno no deja de aprender. Saludos
Pues ya aprendiste algo nuevo. Saludos
Excelente semblanza, historias como esta de deportistas olvidados hay miles en México, es una lastima que muchos atletas acaben en el olvido, a el no le fue tan mal pero hay otros casos que tienen un desenlace terrible.
Salvo por el olvido, Fabila rompe con esa regla de la desgracia que suele aquejar a varios boxeadores. Saludos
Una lástima que un medallista de este país este tan olvidado, como si tuviéramos tantos
no sé si en otros países pase lo mismo, pero es una lástima que deportistas con logros importantes se encuentren en el olvido.
gracias de nuevo Elías, tus aportaciones son muy interesantes.
Digo, si concebimos que hay países que ganan medallas por racimo es probable que se olviden algunos. Pero en un país que rasca para obtener una, como en nuestro caso, resulta un poco difícil de comprender. Saludos
Lo bueno es que no vive del recuerdo, solo una pregunta ctos años tienes Elias, definitivamente eres un señor sabio que madura texto a texto y después párrafo a párrafo
30 ayeres me cargo a cuestas. Saludos
México es un país con memoria (aún me niego a pensar lo contrario) pero sin gratitud. No es la primera vez que las mejores personas de este país son ignoradas, pero de vez en cuando alguien los descubre o los rememora. Gracias Elías.
Me gusta esa postura. Aunque la ingratitud es otra arista que contempla el olvido. Un abrazo, mi estimada Ingrid
Con cada reflexión Elías se deja el listón más alto. Nunca decepciona. Felicidades
Ustedes contribuyen. También me ponen el listón bastante grueso y qué bueno que así sea. Un abrazo
Ojalá sacaran mas notas como estas, felicidades.
Buenísimo. Te quedan mejor que a Barak xD
Salu2 Elías.