Columnas, Tercera Amarilla — Martes 7, agosto 2012
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El Señor del Fútbol (Parte II)

TERCERA AMARILLA | ... lo había conseguido: mi primer jugador vendido

TERCERA AMARILLA | ... lo había conseguido: mi primer jugador vendido

[Tiempo de lectura: 3 minutos]

Siempre había querido hacer algo grande con mi vida, simplemente no sabía qué hacer. Pero si iba a entrar al negocio del intercambio de jugadores, iba a apuntar a lo más alto.

Leyendo los periódicos locales cada día, podía percatarme gracias a los titulares cuan seguido un jugador cambiaba de club y eso me interesaba. Me adentraba a investigar qué tipos de jugadores buscaba cada club y me preguntaba a mi mismo porqué demonios aquellos no eran mis jugadores. Pero en fin, incluso con todo el movimiento que había en aquel entonces en nuestro mercado nacional debido al buen momento que pasaba el fútbol portugués, yo estaba dispuesto a ignorar eso y aventarme a una verdadera guerra en lugar de una campal de barrio: los traspasos internacionales. El intercambio de un jugador entre países. Ahí era donde estaba la verdadera fábrica de billetes.

Habiendo vendido a Nuno, yo ya estaba metido en el negocio. Sin embargo no todo era color rosa, ya que al entrar a este mundo me fui percatando de la competencia que tenía, la cual era de peso pesado. Al no poder lidiar con los peces gordos codo a codo, la única opción que tenía era ir al campo de batalla directamente, es decir, visitar cada escuela y campamento de fútbol para descubrir diamantes en bruto que la gente de corbata sentada detrás de un escritorio no podía distinguir y esperar, si era necesario, cuatro horas sentado en un sofá incómodo a algún mandatario de club de alto nivel sólo para ‘charlar’, tomar una taza de café y si lo encontraba de buen humor, intentar venderle uno de mis jugadores promesas.

Al ir de pueblo en pueblo, de escuela en escuela y de estrato en estrato, uno veía cosas que lo maravillaban o lo aterraban demasiado. Situaciones familiares, económicas o sociales que simplemente no estaban a nuestro alcance. No era mi misión ayudar por más que quisiera intervenir de alguna manera. El negocio arrancó de una manera peculiar en condiciones que yo nunca esperaría. Pronto, toda esta situación se sentía como si la venta de jugadores fuese como vender droga: hacías las llamadas correctas, mostrabas tu producto único y tomabas órdenes.

Hugo Viana en el Newcastle

Hugo Viana en el Newcastle

Poco a poco me fui convirtiendo en un mercenario del equilibrio en el juego. Le vendía jugadores hábiles y rápidos como Hugo Viana a equipos toscos y tácticos como el Newcastle United. Jugadores toscos y tácticos como Costinha o Jorge Andrade, a equipos dinámicos y de toque como el Deportivo La Coruña y Mónaco. Jugadores por aquí, jugadores por allá. Equipos de media tabla reforzándose con picapiedras callados pero efectivos, que les daban resultados a mediano plazo. Para el 2003, mis jugadores estaban representados ya en 4 de las 6 ligas más importantes de Europa.

Vaya vida que llevaba. Todo iba a la perfección. Una hermosa esposa y el inicio de mi familia, una vida de lujo y el reconocimiento de terceros que hasta cierto punto se podía sentir como un miedo disfrazado de admiración. Sin embargo, el negocio decaía poco a poco por múltiples factores. La edad de mis jugadores, el decremento del auge portugués en Europa, equipos de media tabla para abajo y otros más. Todo parecía enfocado a la entrada de un túnel sin salida, hasta que sucedió lo impensable. Mi navidad adelantada.

Cualquiera que fuese el concepto de una persona relacionado a su regalo de navidad ideal, no se podía comparar con el regalo que recibí por parte de un hombre y sus pupilos en Mayo del 2004

Continuará…

El Señor del Fútbol (Parte I)

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