Hay muy pocos turistas en la playa. Ella elige un rincón donde no hay prácticamente nadie; ya no aguanta, cree que es el mejor momento para hacerlo. Se recuesta sobre la arena y comienza a gritar. En el fondo quiere que alguien la escuche, que alguien se acerque a preguntarle qué le pasa. Su deseo interior no se le cumple. Permanece sola por más de dos horas.

La diva rumana
-¿Por qué lloras?
-Por nada. A veces las mujeres lloramos por nada.
-Yo lloro cuando me caigo o mi papá me regaña.
-Por cierto, ¿y tus papás?
-Están allá leyendo. Pero como te vi aquí tirada pensé que estabas muerta.
Ella se incorpora y acompaña a la niña hasta donde están los papás. Se despide de su pequeña amiga prometiéndole que la próxima vez que se encuentren ya no llorará. La nena le extiende la mano y le pide que choquen las palmas como señal de un trato. Chocan las palmas.
No pasa ni una semana cuando se vuelven a encontrar en la playa. Los papeles se invierten. Ahora es la niña quien llora.
-¿Qué te pasó? ¿Te caíste?
-No.
-¿Entonces?
-Es que a mi papá le robaron la camioneta y adentro estaba mi oso de peluche.
Ella la carga pidiéndole que se tranquilice, que irán a comprar uno nuevo. Tras pedir permiso a los padres, las dos se van a una juguetería. Al entrar, la dueña del lugar reconoce a la chica que va con la niña. No dice nada, espera a ver qué hacen.
Mientras la nena busca un oso que le agrade, ella tiembla al intentar agarrar una muñeca. Algo tan fácil le representa un verdadero reto. Como no se atreve, la dueña se acerca y se la extiende. Ambas se miran; sin decirse nada se han entendido con el pensamiento.
Al querer pagar el oso, la dueña no acepta el dinero de la chica. Se dirige hacia el estante de muñecas, toma una y se la da a su cliente: “Llévatela, es un regalo. El oso y la muñeca son un obsequio”. La quijada se le entume a la chica, no sabe qué decir. La dueña las acompaña hasta la puerta y antes de emprender camino, la chica le da las gracias. “Por nada. Vayan y diviértanse”. Esa tarde, la niña y la chica jugaron como nunca.
La chica, por cierto, se llama Catalina Ponor. Llegó a Londres con la etiqueta de abuela y gimnasta acabada por contar con 24 años de edad. Se va de los Juegos Olímpicos con medalla de plata en suelo y la de bronce en equipos. Previo al certamen, la rumana comentó que le sería agradable recuperar su infancia, etapa que cambió por la gimnasia. Y ahí, aunque sea a través de letras, también ganó.






























No pues no me gusto tanto como los demás no se no pude adentrarme a la historia o sera por la hora q ya estoy cansado y con ganas de salir del trabajo
En tu derecho estás de que no te haya gustado. Imagínate si fuera uno perfecto, ni yo me aguantaría. Un abrazo
quisiera llegar a los 30 años con esa sabiduría pero como te digo no es q no me haya gustado solo no me gusto como las demás columnas anteriores
No te creas, a los 30 todavía queda mucho por aprender. Saludos
sobre todo leyendo tus columnas
Grande. Creo entender por dónde vas. A Ponor se le satanizó cuando dijo que se retiraba y cuando la cacharon echándose unas copas. Ella lo que daba a mostrar es que el éxito le llegó muy chica, a los 16 en Atenas. Pedía a gritos que la trataran como una chica de su edad y no como a un adulto. Ahora regresó para callarle la boca a sus detractores. Vaya manera de brindarle unas palabras a la que desea ser niña por un día. Saludos y perdón por la extensión
Andas en todo. Como dirían por ahí: “no estás tan perdido”. En efecto era muy chica cuando le llegó el éxito; tres oros de jalón. Además jugaba la insistencia de quererla comparar con Comaneci y de que tenía que ser la perfección andando fuera y dentro de una duela. Un abrazo
Las gimnastas llevan un régimen muy estricto, raya en lo irónico que pierdan su niñez pero sus cuerpos en ocasiones aparentan ser el de unas niñas o adolescentes en el caso de las ya aduitas.
Para mi verlas competir es realmente agradable y estéticamente bello, pero siempre me da un no se que el saber que muchas de ellas soportan muchas veces hasta abuso físico por parte de sus entrenadores aunque se supone eso ha cambiado con los años.
Siempre he tenido la impresión que sacriifican mucho mas de lo que reciben.
Un abrazo Elías.
En verdad me gustaría entrevistar a una de ellas, ya con el paso del tiempo, para tratar de comprender más a fondo a la persona detrás de la gimnasta, saber acerca de sus demonios y fragilidades. Y más si es Ponor. Un abrazo
Si se te hace comparte la entrevista jaja, si es Ponor saca fotos también jaja algo tiene que se me hace guapa.
No pues que bueno que hablas de una de las divas, la verdad ella, Lavinia Milosovici, Svetlana Boginskaya, Korkhina (No se si asi se escriben), y muchas otras que me han robado el corazon con sus evoluciones en los olímpicos.
Que buena anécdota.
Saludos y un abrazo mi estimado Elías.
Uy, casi no quieres nada. Khorkina era otra joya de mantenerte cautivo. Por ahí también se cuela Shawn Johnson y su ejecución en barra de equilibrio en Beijing. Nomás nos queda suspirar. Un abrazo
Hoy la pude ver en la final, se me hizo espectacular su rutina, la mejor, lástima que los jueces no lo percibieron de esa forma, pero si es de las figuras de los últimos tiempos en la gimnasia.
Y su rutina fue el sello final. Lo que atrapó en un principio fue verla nuevamente con el porte y la entereza que le identifican como si los años no hubieran pasado. Saludos
El rabí Iosef Ben Kisma decía:
-Lástima de aquel que partió y no volverá jamas
-¿De quien se trata? preguntaban sus alumnos
-¡De la infancia!
¡Lamentable! pensar que una atleta solo sea considerada una maquina para ganar, es triste que nuestra sociedad solo utilice a los atletas así, como objetos. ¡Que llegue el día cuando aprendamos que vida solo hay una!
Gracias por la historia Elías!
Pues ahí tienes el caso de Isinbayeva, que justo tras ganar el bronce salió a decir que también se puede perder y que ella no es un máquina. Hasta que no nos lo dicen no agarramos la onda. Saludos.
Catalina Ponor es una de mis ídolos y ahora que la veo, convertida en adulta (ay cabrón, es un año mayor que yo) me da la sensación de haber visto lo mejor de ella ahora, cuando sus evoluciones en el aire, sus giros y su gracia han dejado claro que es la última grande de la escuela clásica rumana. Hoy le robaron dos medallas, pero no importa, un cuarto lugar y una plata representan un retiro bastante digno, espero que ahora ella disfrute más la vida y ojalá la gimnasia cambie en algo fundamental: La poca consideración a la infancia, la etapa más bella de la vida, una época que debería ser feliz para todo ser humano, sólo para no tener más Comanecis secuestradas por el régimen de sus países, más accidentadas como Elena Mukhina que entrenando un salto (el Thomas) quedó parapléjica a los veinte años después de renunciar a todo por representar a la URRS y a más Komovas, niñas que perdieron su identidad y se formaron una como gimnastas y al ver que sus expectativas no se cumplieron, se van destrozadas.
Verla fue como si el tiempo no hubiera transcurrido. Tan bella, tan atrevida, tan ella; firme la estampa de Atenas. Y como dices, la última exponente de la escuela clásica, a pesar de tener un estilo con movimientos más atrevidos. Un abrazo
Parece ser que aunque no seas chino pero en menor medida, si quieres ser gimnasta, te toca fletarte desde la infancia
Una de las razones por las que vuelvo a esta pagina es por esta “columna”. O mas bien por tu manera de relatar las historias. Si es que tienes un libro o algún día publicas un libro, me encantaría hojearlo!
Agradezco bastante la confianza. Habré de publicar el libro, eso sí, no sé cuándo. Un abrazo
Creo que para gimnastas y clavadistas medallistas la historia es parecida: infancia reprimida, éxito repentino y retiro a corta edad; mientras que en otros disciplinas, a los 23-24 años, un deportista se encuentra en una etapa de plenitud, en la gimnasia se les margina y ven cerca el adiós. Creo que para ella, así como para muchas otras medallistas que nunca pudieron gozar de algo tan sencillo como pasar una tarde divirtiéndose con juguetes, sería un alivio y la realización de un deseo reprimido.
Recuerdo que en Sidney 2000 me causó el mismo impacto y admiración la rumana Andreea Raducan, también una niña en ese entonces. Lo que aún no creo es que yo sea un año mayor que Ponor…