Columnas, La Contracolumna — Miércoles 8, agosto 2012
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La ContracolumnaAunque todas las cosas y todas las palabras ya han sido dichas, ¿por qué no intentar mejorarlas?

Reflexiones Olímpicas. Día 11


1. Lo que diferencia a un equipo grande de uno mediano está en el cuándo más que en el cómo. No se trata de ganar como sea, según predican algunos eruditos. Sólo de ganar cuando no queda otra opción. En México parecíamos eternamente condenados a merecer ganar los grandes partidos. Jugábamos como nunca y perdíamos como siempre, jugábamos como siempre y perdíamos como nunca. Pero perdíamos. Y lo que es peor: nos contentábamos con merecer ganar, mientras los demás simplemente ganaban.

2. No hay arma más letal que el corazón y a México le sobra arsenal. Para ganar hay que atacar, y para atacar hay que perderle el miedo a morir. Olvidar que puedes quedar eliminado. Perderle en consecuencia, el miedo a ganar.

3. Se dice que este equipo juega los torneos siempre de menos a más. Ocurrió en el Mundial sub 20 (derrota contra Argentina), en Panamericanos (empató con Trinidad), en Toulon (cayó ante Francia) y ahora en Juegos Olímpicos (empate frente a Corea). Y es que de eso se trata. Los equipos grandes son los que saben dosificar esfuerzos, barajar situaciones: perder cuando hay margen para hacerlo, empatar cuando se trata de sumar puntitos, y ganar sin piedad cuando la cosa al fin va en serio. De nada sirve golear, gustar, agigantarse en la fase de grupos. El tamaño se demuestra en las fases finales, y a México siempre le ganaban las prisas.

4. Si de ganar se trata impera, les decía, el cuándo sobre el cómo. Pero también sobre el dónde y sobre el quién. Un problema histórico en selección nacional ha sido bailar al son que toquen los otros. Jugar siempre en función del rival: sublimarnos contra los grandes, calibrar el nivel contra los medianos, y vulgarizarnos al mínimo de nuestro potencial frente a los pequeños. Un grande lo hace bien sin mirar con quién. Juega en Wembley como si se tratara del Azteca y ataca a los japoneses como si fueran alemanes.

5. Hemos modificado nuestros genes. Nos hemos olvidado de quiénes somos.
Y esta nueva forma de ser está dejando escuela. En este mundo de al revés los niños le han enseñado el camino a los grandes: los sub 17 aleccionaron a los sub 20, los sub 20 mostraron el camino a los sub 23, y a éstos les toca la más fea: explicarle con manzanas a los burros de la selección mayor.

6. Único entrenador en la historia que hizo al Morelia campeón de liga. Único que salió campeón con Cruz Azul en los últimos setecientos años. Último técnico capaz de llevar al América hasta una final del futbol mexicano. Único hombre que ha llevado a México a conquistar el torneo de Toulon. Y primero en ganar medalla con una selección olímpica. ¿Es realmente Luis Fernando Tena un pendejo? Con semejante currículum bajo el brazo, ¿cómo explicarle a cualquier aficionado extranjero que Tena no es el mejor entrenador mexicano de todos los tiempos?

7. Senegal y Japón nos hicieron el trabajo sucio: echar a los equipos que verdaderamente estaban a nuestro nivel. No habían recibido gol en todo el torneo y les dimos tres de comer. Japón y Senegal eran equipos corrientes. El asunto era desenmascararlos, hacerlos ver como lo que en realidad son, tenía su chiste. Por algo fracasaron España y Uruguay en el intento.

8. Esta selección, además, está destrozando paradigmas. Provocamos errores, no los cometemos: los Ricardos Osorio ahora aparecen con otros equipos para regalarnos goles en las áreas rivales. Las jugadas a balón parado, más que un suplicio se han convertido en una alternativa de gol, cuando ésta no surge de una mala entrega rival. La suerte, esa chaquetera, está con los grandes y repentinamente, cuando la necesitamos ahora acude puntualmente al rescate en lugar de batearnos como históricamente lo hizo.

9. Y todo esto sin necesidad de que nos reforzara Chicharito. Sin molestar a los señores Vela y Jonathan. Sin el lesionado Cabrera. Sin los injustamente cepillados Cándido y Pulido. Sin los “europeos” Dávila y Rivera. Sin perder el tiempo con Calderón, Orrantia o Pacheco. Sin darle la oportunidad a talentos como Amione, Othoniel o Jorge Hernández. Una selección grande se mide por la calidad de todos los hombres descartados.

10. Después de Hiram Mier, nuestros mejores defensas son Oribe, Aquino y Fabián. Da gusto ver a nuestros delanteros defender como perros hambrientos. ¿Para qué esperar a que los defensas recuperen el balón si ellos están 80 metros más lejos de la portería? Defensas brasileños, no intenten salir jugando el balón contra México.

11. La distribución de boletos participantes (cuatro europeos, dos sudamericanos) allanaban el camino a semifinales. Suiza e Ingaterra no llevaron a sus figuras, España y Japón prácticamente no se reforzaron. Los africanos ya no son lo que eran. De hecho, somos nosotros los que hemos usurpado su puesto como potencia mundial en selecciones menores. Desde el sorteo dije que, aún sin ser fácil, México estaba obligado a ganar una medalla: era cabeza de serie, tenía buen equipo y el futbol concentra toda la atención y cuidado del que carecen todos los deportes de conjunto en este país. Esta vez ha cumplido su responsabilidad con creces. Más allá de reconocer todo lo que es reconocible, aún a riesgo de la herejía debo sostener mi argumento inicial: el concepto de ganar una medalla de futbol en Juegos Olímpicos está sobrevaluado en este país.

12. El dato amargado del día: Paraguay llegó a la final de Atenas 2004 y no pasó nada. Al menos, seis años después llegaron al quinto partido y casi echan a España del Mundial. De algo habrá servido.

13. Corral lo hizo mejor que Yahel, y Manzano los hizo mejor que Corral. Nadie contaba con el nacido en Dolores Hidalgo. Lo entrevistamos el otro día en ESPN Radio Fórmula y apenas aspiraba a quedar entre los 12 finalistas. Ayer, el chaparrito de 1.60 rebasó kenianos en la última vuelta hasta ganar la plata y ondear la bandera de México junto a la del país que representa. Lástima que la única que suba por el mástil sea la de Estados Unidos. En otros tiempos, habríamos lamentado esa plata, ahora ni falta nos hace pues nos sobran de esas.

14. Tantas horas dedicadas al vóley de playa femenil para que en lugar de checas, italianas o brasileñas, la Final sea protagonizada por dos parejas de gringas desabridas. No entiendo por qué en algunos deportes limitan la participación de equipos a uno solo por país y en otros, no. Mejor así, porque tres parejas chinas en clavados sincronizados, no dejarían que nos comiéramos ni los mocos.

15. En medio de la algarabía por el futbol, España nos madrugó y luego de once días, al fin nos superó en el medallero. Pero le seguimos ganando a Bélgica.

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