Durante la adolescencia alimentó dos sueños: conocer a su ídolo y ser como él. Al verlo ganar la medalla de oro en Los Ángeles ’84 decidió que él también se dedicaría al salto con garrocha. Antes de meterse de lleno al deporte corrió a un puesto de periódicos para comprar un enorme póster de Pierre Quinon. Lo pegó en su habitación y lo contempló varias horas intrigado por la tristeza que relucía en el rostro de su ídolo.
Al entrar a la habitación, el padre del chico le dijo que ya era hora de cenar. El hijo le preguntó cómo un hombre podía estar triste con una medalla de oro en sus manos. Ex gimnasta y antiguo tirador, el padre se sentó junto a él.

Quinon, feliz con su medalla
-¿Algún día podrá ser feliz?
-No lo sé. Si quieres ayudar a eso, hazlo, inténtalo.
Pasaron los años y el chico lograría lo que se prometió. En los Juegos Olímpicos de Atlanta ’96 subió al podio para colocarse al pecho la presea dorada que lo daba como ganador en salto con garrocha. Por segunda vez en su historia, Francia tenía a un medallista de oro en dicha disciplina. El primero fue Pierre Quinon, el ídolo del nuevo ídolo, Jean Galfione.
Tras su regreso a París, Galfione detenía su andar en cada paso para repartir autógrafos o tomarse fotografías con sus admiradores. Una mañana acudió al restaurante donde había quedado de verse con su padre. Su viejo lo esperaba en la puerta del lugar para indicarle que él se retiraba.
-¿Por qué te vas?
-Alguien te espera allá adentro. Nos vemos en la casa.
Jean cruzó la puerta y un hombre le alzó la mano; Pierre Quinon lo esperaba para desayunar. Con la timidez y torpeza ocasionadas por el nervio que provoca un ídolo, Galfione solamente atinó en sentarse frente a él. Quinon le extendió la mano. Se saludaron, charlaron e intercambiaron experiencias olímpicas. Al término del encuentro, Pierre fue sincero con Jean: “Quería pedirte un autógrafo. De hecho traigo un póster tuyo. Pero creo que prefiero pedirte algo más importante, tu amistad”.
Fiestas inconclusas, camas plantadas, mujeres abandonadas al borde del orgasmo. Luego de haberse conocido, Galfione se olvidaba de sus diversiones y pasiones cuando su amigo requería ayuda. Ante la prensa era el hombre guapo, atractivo, jovial y pachanguero. En su silencio, en el anonimato, era el chico que quería ver feliz por un instante a su ídolo, ver contento a su amigo.
No le fue nada fácil a ninguno de los dos. Quinon padecía depresión y su mal, tan callado, tan inexpresivo, causaba enojo en Jean, quien se desesperaba por no saber a ciencia cierta cómo contribuir a erradicarla. Poco a poco, y recordando las palabras de su padre, se hizo de paciencia para procurar a Pierre cuando él lo necesitara.
Se acompañaron hasta que Quinon decidió quitarse la vida en 2011. Presa de sus depresiones, Jean se arrojó de la ventana de su casa con la cabeza por delante desde una altura de cinco metros. Después del entierro, una vieja amiga del fallecido se reunió con Galfione.
-Amó mucho a sus hijos, a su ex esposa.
-Sí, eso lo sé.
-Yo estaba con él cuando, cuando…
-Entiendo.
-No es eso. Platicamos y él estaba muy agradecido contigo. Se sentía mal de hacerte sufrir con lo que pasaría después.
-No importa.
La mujer sacó de su bolsa una fotografía. En ella aparecía Jean portando con alegría la medalla de oro que obtuvo en Los Ángeles ’84.
-Tu padre alguna vez le comentó de la anécdota del póster. Me pidió que te entregara la foto, que era una imagen que merecía su admirador. Y debo decirte que lograste mucho más de lo que algunos quisimos. En los últimos días se la pasó hablando maravillas del viaje que hicieron.
Previo a su suicidio, Galfione supo que Quinon atravesaba una severa crisis depresiva y corrió en auxilio de su amigo. Se lo llevó a navegar por tres días, los tres días más felices en la vida de Pierre.


























Wow! Que gran historia, una lastima el destino que le aguardó a Quinon, pero en el mismo texto esta la clave de todo: la mente no nos juega igual a todos.
Afortunadamente, de alguna u otra manera, encontró a alguien que comprendió su mal. Saludos
Bien dicen que una imágen vale mas que mil palabras, la foto dice mucho como un hombre que se acaba de coronar campeón olímpico puede estar a la vez tan triste. Las cabezas son mundos y lamentablemente algunos de esos mundos son verdaderos infiernos para los que los poseen.
Que situación tan triste la de Quinon pero no tomaría un tratamiento adecuado?, o sería el suyo uno de esos casos en los que no hay mas remedio.
Ya me pusiste a pensar buen Elías jaja como siempre.
Un abrazote
Y en ocasiones son mundos juzgados sin tener conocimiento sobre ellos. César, a veces no hay tratamiento que pueda contra ese mal cada vez más frecuente, la depresión. Un abrazo
impresionante, lo que es un verdadero amigo, muchos ya quisieramos tener un amigo asi, saludos elias, es un honor poder leer tus historias
Suele ocurrir que dignificamos la amistad ya que vemos el madrazo en pleno apogeo. No importa, así surja en esas circunstancias se valora. Saludos
¡En la madre! Las dos fotografías lo dicen todo y luego tú le das toda una estructura para impactar más. Como dice el chavo de arriba, ya nos pusiste a pensar. Saludos
Al igual que tú me impactaron las imágenes y por ello me puse a escribir. Ahora, en lugar de pensar ve a disfrutar de la vidorra. Un abrazo
En verdad siempre que leo tus columnas haces que la piel se me ponga chinita saludos Elías eres un grande
Gracias. Mientras haya emociones vamos todos de gane. Saludos
me pongo de pie para aplaudir esta gran nota, enorme.
Con haberte sentado a leerla es más que suficiente. Saludos
No hay mayor gesto de amistad que hacer algo bueno por cualquier persona, aunque tarde o nunca nos enteremos de que así fue. Me he quedado con una impresión conmovedora, gracias Elías.
Por cierto Elías, es curioso pero Renaud Lavillenie que también es saltador con garrocha, ganó el oro en esta edición olímpica y su ídolo es Galfioni. Qué alegre coincidencia.
Impresionante. Lo ves, la cadena afectiva se extiende; el ídolo siempre presente también ayuda a triunfar. Un abrazo y gracias por el sello final de tremendo dato
De verdad que es increible la naturaleza humana, no se quien dijo que cada cabeza es un mundo, nunca tan cierto como en esta historia y la amistad que gran dicha para los que tenemos la fortuna de disfrutarla gracias por compartir con nosotros estas historias Elias felicidades
Lamentablemente algunas cabezas resultan incomprendidas. Pero afortunadamente siempre aparece un incauto para colaborar en favor de la cabeza indiferente. Saludos
que historia tan impresionante, como es que alguien que tiene el éxito en lo que hace se pueda sentir deprimido, como dice la mente nos juega a todos por igual.
En efecto, la mente no nos juega igual a todos. De manera triste a veces el éxito está en la lucha contra la supervivencia. Saludos
Excelente historia Elias, resaltando la amistad, la unica medicina para no vaciarnos, felicidades elias.
No sé si sea la única, pero una fundamental sí. Saludos
Elias estuve esperando esta nota desde ayer luego me dije no la esperes mas tu mente ya esta cansada y no le vas a sacar provecho, hoy por la mañana después de la felicidad de ver a México ganar el oro vengo leo tu nota y me doy cuenta que lo mejor que pude hacer fue no esperarla ayer y leerla hoy relajado, increíbles historias las que relatas aquí y yo que pesaba que tenia amigos uno solo así, me serviría
Caray, pues agradezco tus palabras. Sobre la amistad, por ahí bien dicen que los amigos apenas y se cuentan con los dedos de una mano. Un abrazo
Grandísima historia. Este Galfione es un grande
Y más ganó al no presumir su gesto. Saludos