
EBF* | El sueño de Manuel
Todos los días al salir de la escuela, Manuel acudía a limpiar el terreno. Dedicaba cuatro horas a su labor; una vez que el sol se escondía él paraba. Solo, sin ayuda de nadie, tardó un año en quitar los pastizales, piedras y basura que ensuciaban el lugar. Una vez concluido su trabajo fue con su padre para pedirle que le echara una mano pintando las líneas de cal y construyendo las porterías.
-Te saliste con la tuya. Pudiste hacerlo tú solo, ¡ese es mijo!
-Ahora sí papá, el pueblo tendrá su cancha de futbol.
Como el terreno era de todo el pueblo y a la vez de nadie, no tenía dueño y era ocupado como albergue de desperdicios, Manuel quería aprovechar el espacio para que existiera una cancha. Su sueño se vio cumplido cuando las líneas de cal y las porterías de madera le dieron sentido a lo que él también contemplaba como un estadio.
Contento, Manuel fue por todos los niños del pueblo para estrenarla. Ni tardos ni perezosos, los chamacos formaron los equipos con base en el gallo-gallina. El único que se quedó sin jugar fue Manuel. “No te sientas mal, pero es que te falta una pierna y no vas a aguantar”, le dijo uno de los niños. Manuel le insistió que podía ponerse de portero. “No, ya estamos completos”, le respondió el niño. Manuel se quedó sentado detrás de una de las porterías.
Pese a la crueldad de haber sido marginado, Manuel no sufrió por el desaire. Mientras imaginaba que atajaba los tiros o corría con el balón, él admitía que no podía jugar como los demás. Sin su pierna derecha se sabía incompleto y comprendía que difícilmente podría dar un pase o perseguir a un rival. En esos momentos tampoco culpaba a su mamá, la causante de su desdicha. Era muy pequeño cuando ocurrió. Ni siquiera lo recuerda. Se sabe la historia gracias a su hermano, quien cada vez que bebe le repite la tragedia: “Si mamá no hubiera maltratado a la mula, el animal no te habría pisado la pierna”.
Para formar parte de los otros niños, Manuel optó por lo más sencillo: ser el aficionado número uno de todos. No había odio ni rencor en su interior. Él simplemente quería que la cancha fuera usada, que tuviera vida. Alentaba, aplaudía y echaba porras a cada uno de los jugadores. Ellos le correspondieron tomándolo como una especie de guía. Al término de cada partido acudían con él para que los sacara de dudas sobre sus cualidades y defectos en la cancha.
Así transcurrieron seis meses hasta que llegaron los soldados. Con el pretexto de buscar a un supuesto narcotraficante, los militares impusieron el terror durante dos días en el pueblo. No hallaron a nadie peligroso, pero sí se encontraron con puros inocentes y sus pertenencias. Se fueron repletos de muebles, alimentos y el poco dinero de los pobladores. Dejaron a las mujeres (niñas, adultas y ancianas) violadas, a los hombres golpeados y torturados. A los niños también les pasaron factura.
Un mes después de la barbarie militar, los chamacos se atrevieron a volver a la cancha. Junto a Manuel, detrás de la portería, se fueron sentando uno, dos, tres, 30 niños sin una pierna. Algunos sin la derecha, otros sin la izquierda. Les fueron amputadas debido a las balas que les incrustaron. Solamente se salvó el balón, el esférico inerte en medio de la cancha.
Han pasado los años y Manuel funge como aficionado de un objeto redondo que se desgasta con el tiempo y el calor. Manuel aguarda por alguien que pueda tratar al balón sin pausas. Los otros niños se cansaron de esperar. Uno que otro hasta se cansó de vivir. La cancha se mantiene intacta, en perfectas condiciones. Manuel acude a limpiarla todos los días, a evitar que se ensucie su estadio.



























Me hizo llorar, Elías. Es escalofriante pensar que las escenas que describes se repiten con frecuencia alarmante en nuestro país .. Pero al menos hasta en el relato hay esperanza. Gracias.
Elías es el mejor de FS
Tampoco es para tanto, plumas variadas hay. Saludos
Ninguna comparable a la tuya, otro nivel y un privilegio leerte
Ingrid, lo más triste es que no es exclusivo de nuestro país, también acontece en otros lugares del mundo. Alguna vez dijo Mandela que el deporte tiene el poder de cambiar a la gente. Un balón basta para cambiarle la vida a un niño, ¿no crees? Un abrazo
Grande Elías! Muy buena historia. Es cruel y te deja con un nudo en la garganta. Cumple su cometido.
No dejes de deleitarnos con estas historias!
Créeme que el cometido no es que se queden con un nudo en la garganta y menos con una percepción de crueldad. Es simplemente otra visión, otro mundo sobre el futbol. Saludos
Sublime historia de alguien con un sueño, por otro lado, bofetada de realidad de zonas marginadas del país….
Mas que bofetada aplica como una arista alterna. Saludos
Valió la pena la espera durante varios días para una nueva columna, como siempre Grande Elías!!!
Siendo así, el valor del tiempo lo dan ustedes al leer el texto. Saludos
Para recordarnos lo afortunados que somos, aunque no nos damos cuenta, Excelente Elias!
Todo es cuestión de quitarnos vendas. Saludos
Que tragico final tiene la historia, pero a la ves demuestra que nadie y quien sea esta completamente apto para jugar, Manuel pudo haber sido ahora la estrella con sus amigos quienes no se sentian completos para jugar.
Mi buen Lobsan, como escribí en otra ocasión: hay lugares donde soñar es lo único que puede ofrecer el futbol. Un abrazo
“Así transcurrieron seis meses hasta que llegaron los soldados. Con el pretexto de buscar a un supuesto narcotraficante, los militares impusieron el terror durante dos días en el pueblo. No hallaron a nadie peligroso, pero sí se encontraron con puros inocentes y sus pertenencias. Se fueron repletos de muebles, alimentos y el poco dinero de los pobladores. Dejaron a las mujeres (niñas, adultas y ancianas) violadas, a los hombres golpeados y torturados. A los niños también les pasaron factura.”
La realidad de millones de mexicanos, gracias a dios tengo la dicha de vivir en un estado seguro.
Muy buena la historia, saludos.
Pues en verdad agradece porque la seguridad en algunas regiones del país, por no decir en una gran mayoría, ya comienza a cobrar tintes de utopía. Saludos
Ya se extrañaban tus textos. Este sí fue con un tinte más cruel, digamos menos esperanzador, pero tiene la crítica social y las emociones presentes. Gracias por estos escritos. Saludos
Mi estimado Valente, ubicado me tienes. El futbol también da cabida a lo ingrato, a la desesperanza; un balón a veces no es parte de la vida, sino la vida misma. Un abrazo
chingao las lagrimas no me dejaron acabar de leer por lo menos queda la esperanza de un México mejor
La esperanza siempre está latente. Todo es cosa de tomarla y compartirla. Saludos
Muy buena historia, la neta para que vean que los niños siempre tienen iniciativa para todo, pero con el paso del tiempo vamos olvidando esa esencia que nos hacía ver juego en todos lados.
La pérdida de la infancia. En este caso, el arrebato de la misma, situación que todavía es más lacerante. Saludos
Hace algunos años, hubiera imaignado el escenario en la españa de franco, en los países arabes o africanos, pero como esta México, no dudo que hasta sea real, no tanto lo del campo de manuel, si no, los pueblos devastados por la violencia.Excelente columna.
En países africanos, como Costa de Marfil, los niños dejaron de jugar porque sus canchas se convirtieron en fosas clandestinas. En México hay rincones donde es imposible salir a jugar por el temor a las balas. En ambos casos, el balón se queda huérfano. Saludos
Estuve a punto de llorar pero me aguante como los machos, al mismo tiempo me quedo pensando “nomames como esto puede ser real?” Viva Mexico HDSPM Soldados culeros ellos salieron del pueblo… Elias me llenaste de nostalgia y un poco de coraje cabron!!!!
Si hay coraje vamos de gane, pues así no enfriamos del todo las venas respecto a una situación que nos lastima a todos como lo es la violencia. Saludos
Ya de regreso Elías?, como siempre inspirador e inspirado, gracias…siempre he dicho que la belleza del deporte radica en su posibilidad de exigirle mas y mejores actitudes a todos nosotros, gran historia.
Ya de retache. La belleza del deporte, además de lo que mencionas, encuentra en algo tan simple como sentir otra de sus fortalezas. Saludos
Gran relato buen Elías, me dejaste un nudo en la garganta. Ojala nosotros construyamos un México mejor para los que vienen detras de nosotros.
Mi buen César, y no sólo para que los que vienen detrás, sino también para los que vienen junto. Un abrazo
Yo ya no digo nada mejor, pero con esto digo mucho, Elias. Saludos.
Dicho todo, te saludo.
Hipoteticamente en que pais en guerra paso esto? hoy si aunque sea ficticia tu historia la vdd deja mucho que desear, sobre todo esa parte de “llegaron los soldados y dejaron mujeres violadas, hombres torturados y 30 niños baleados sin una pierna” y todo esto en 2 dias!! como en los mejores tiempos de la guerra civil africana.
Hipotéticamente en cualquier rincón del mundo donde las fuerzas castrenses abusan de su poder para cometer barbaridades y no necesitan estar en guerra para hacerlo. Saludos
No manches elias ahora si te rayaste con el texto, que buenas historias te avientas, esta es para la refelxión, felicidades ya se te extrañaba.
Si no me desaparecí, nomás fue cosa de esperar mi turno. Saludos
No te ofendas Elias, normalmente tus columnas me parecen buenas y siendote sincero esta es la que menos me ha gustado, me parece un tanto aburrida y con un contexto bastante simple y banal, es mi opinion personal, pero bueno en gustos se rompen generos, seguro no tardaras en aportar una historia que renueve mi creencia se que eres un buen escritor de historias
No me ofendo y bien dices, en gustos se rompen géneros. Ahora, deidad no soy como para que renueves tu creencia, ¿pos qué pasó? Un abrazo
Grandioso relato, el mejor espacio que tiene esta página. Señor Elías un placer poder continuar con la lectura de cada uno de sus relatos
No sé si sea para tanto y por favor, nada de señor. Con toda confianza díganme Elías. Saludos
De alguna forma, todo hemos sido Manuel!