Columnas, Tercera Amarilla — Lunes 8, octubre 2012
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Tercera AmarillaCobramos el penal a lo Panenka, antes que fuerte

Binomios

[Tiempo de Lectura: 4 minutos]

En Marsella nuestras pupilas se deleitaban ante una belleza anotada con la suela. En Moscú la bandera nipona se erguía en lo más alto. Un ex Balam en medio de los Dragões les metía un zarpazo a los Leões. La Madonnina se tapaba los ojos para premiar la mezquindad futbolística. La Senyera cubría un estadio que recibía al señorío, sólo para dejar que 27 señores orquestaran un señor fútbol. Y si lo analizamos con calma en este patético mundo resultadista en el que vivimos, quien se fue a dormir con la mayor sonrisa fue el que conjuntó más el egoísmo con el espectáculo.

El fútbol está constituído por binomios, mellizos enemigos, Rómulos y Remos, seres que viven para competir con el otro, como diría Martín Caparrós. En días como este domingo de clásicos, la facilidad para destapar el camuflaje que hipotéticamente sitúa el Jogo Bonito sobre el triunfo, florece. Y de manera exponencial.

Un gol gris, matemático y de cabeza en el San Siro tiene más impacto que aquellos que modifican la historia y brindan espectáculo a lo Cirque du Soleil en el Camp Nou por el sencillo hecho de que el desarrollo del partido tras ese gol, derivó en la sonrisa de la mitad de una ciudad. En Barcelona y Marsella, el empate es un invitado incómodo que, por más historia que se escriba, no define un ganador. Sin ganador, no hay triunfo. Sin triunfo, no hay jerarquía en el círculo. Sin jerarquía, no hay clásico. ¿Y Portugal o Rusia? Simplemente son muy pequeños para la prensa en un día como estos.

Ganar. No hay otra opción. Barcelona salta al campo con la idea del juego bonito mientras que su antagonista merengue lo hace con el ímpetu de ganar como sea, con una inyección de motivación a la The Special One. Metidos en sus papeles, la ironía les echa una mano enseñándoles que por más que se odien, el uno no puede vivir sin el otro. ¿Qué pensaron los hinchas neutrales cuando el Real Madrid le dio un baile de toques al Barcelona para que Ronaldo abriera el marcador? Probablemente sea lo mismo que pasó por sus cabezas minutos más tarde cuando Messi empató a tropezones y rebotes. El estilo de uno, daña y complementa al otro porque así es la vida de los triunfadores: lo que no te mata te fortalece.

En Milan, ni la ironía, ni la motivición, ni el ímpetu, ni el Jogo Bonito le echaron la mano al Inter. Fue el mismo Milan quien le dio una “caridad” con su apatía, falta de idea e ineficacia, rasgos distintivos de la Allegria con la que juega el Rossonero actualmente.

Luego, vendrá quien trate de buscar albahaca en un árbol bananero, cuya terquedad siempre lo puede llevar a disfrazar una hoja de banana como de albahaca. Pretextos hay miles de porqué no ganó uno en España y de porqué ganó uno en Italia. Pero recuerden que nosotros creamos, queremos crear y necesitamos crear ese tipo de críticas. ¿Por qué? Si Valdés regala el primer poste en su gol es un pendejo. Si Casillas no se lanza lo suficiente en el tiro libre es un pendejo. Un portero entrena todos los días para no cometer este tipo de errores y que uno lo haga en un día como estos, altera considerablemente nuestra entropía interna. Que dos porteros lo hagan en un mismo día, es el caos total. ¿Por qué? Porque la confianza se altera y la próxima vez que veamos a un Chef o a un Piloto, estaremos pensando si nos dará un platillo agrio o no podrá aterrizar bien el avión… al cabo lo hacen todos los días, ¿no?

Ahora, vuelvo al resultadismo. Ni el decimoséptimo gol de la ‘Pulga’ o los seis cotejos anotando consecutivamente del ‘Guapo’ fueron superiores al amargo gol de Samuel. Injusticia para el amante de la estadística, irrelevante para el aficionado. Pero es este último quien se viste de César y que yo sepa… el César nunca otorgó empates.

Ahora, vuelvo al fanatismo. Ni el decimoséptimo gol de la ‘Pulga’ o los seis cotejos anotando consecutivamente del ‘Guapo’ fueron superiores al amargo gol de Samuel. El gol no está completo si no lo ve el enemigo… cuando ganas claro.

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