No me marcho…¡Segurísimo!

Y para los que no lo quieren mucho, hay Mourinho para rato en el Real Madrid. Acá la carta que confirma sus palabras…

José Mourinho rechazó este martes de manera contundente que vaya a dejar al Real Madrid, esto, poco después que la federación española le abriera un expediente disciplinario que podría terminar en una suspensión de hasta 12 partidos para el estratega por el incidente que protagonizó en la Supercopa de España contra el Barcelona.

En los últimos días la prensa especulaba que Mourinho no sentía respaldo de la directiva merengue y que por lo tanto estaría analizando la posibilidad de dejar al equipo, sin embargo, este día el portugués publicó una carta abierta en la que desmiente esa posibilidad. La misma se puede leer en el sitio oficial del Real Madrid.

Acá la carta de Mou:

“Solo quien no me conoce puede soñar, inventar o creer que pueda marcharme ahora del Real Madrid…

Me parece que mucha gente se quedó impresionada con la calidad del fútbol demostrado por el Real Madrid en esta pretemporada, y sería para ellos una sorprendente noticia que yo abandonara el club ahora. ¡Imposible!

Tengo un presidente fantástico, con una gran inteligencia, y al que además me une una gran amistad. Y tengo también un director general que trabaja para el club 24 horas al día, por lo que siento que mi motivación es enorme y mi madridismo mucho más grande que el de algunos pseudomadridistas…

No me marcho. Seguro. ¡Segurísimo!

Y quiero dirigirme al madridismo para disculparme ante él, y solo ante el madridismo, por mi actitud en el último partido. Algunos están más adaptados que yo a la hipocresía del fútbol, lo hacen con la cara escondida, con la boca tapada y en lo más profundo de los túneles.

Yo no aprendo a ser hipócrita. Ni aprendo ni quiero.

Un abrazo a todos y nos vemos mañana en el Santiago Bernabéu”.

Señores, hay Mourinho para rato…

Sergio Sánchez ( Sergio )

Perfíl Futbolsapiens: Sergio Sánchez
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Desde la web

  • Ah que cosas, ahora van a decir que hasta al madridismo esta provocando…

  • Jose Rodriguez

    Soy culé y a pesar de que detesto con todo mi ser a este señor, me da gusto que siga el año completo en el madrid ya que botar algo que está apenas empezando, no es de caballeros. Asi mismo, me da gusto por que su sola presencia motiva a toda la plantilla del FC Barcelona y a Guardiola en sí para seguir buscando ganar partidos y títulos.

  • Alexis

    Si no aprendes a ser hipócrita por lo menos aprende a ser hombre y si vas a pegar hazlo de frente, ya BASTA!! del discursito de hago mis babosadas porque no soy hipócrita… basta Mourinho respeta al madridismo … la realidad es que sí fueramos superiores en la cancha te evitarías todos estos circos, habla y demuestra en el campo junto con nuestros jugadores y no con cartitas…HALA MADRID!!!

  • adrian

    Es una pena que te quedes, un tipo asi destruye lo que toca. En cambio es divertido BURLARSE de Pepe Llouriño, que h desbancado a maradona como el mas odiado

  • Señores del Real Madrid, les quiero dejar estas opiniones, de un verdadero Madridista.

    Javier Marías, El País Semanal, 15 de mayo de 2005.

    Por poner un ejemplo ya lejano pero no antediluviano: 7 de junio de 1992. Última jornada de Liga. Tenerife-Real Madrid. Si éste gana, se proclama campeón. Si pierde y el Barça vence, será este equipo el que se lleve el título. Con 1-2 en el marcador, el Madrid marca un gol legal, que habría sido casi definitivo. El árbitro lo anula, por inexistente fuera de juego. Continúa el encuentro, el Madrid se mete dos goles en propia puerta (o uno y medio), la cosa acaba 3-2 y el campeonato vuela a Barcelona. Hoy se habría armado un escándalo. Entonces casi nadie mencionó el gol invalidado ni el Madrid se quejó. Reconoció haberse “suicidado” en el segundo tiempo. Este partido fue además transcendental para la historia: el Barça se sacudió muchos de sus complejos, empezó a quitarse su ancestral disfraz de víctima e inició su mejor época, que se prolonga hasta hoy.

    A los madridistas verdaderos nos pareció lo normal la actitud del club. El Madrid no se quejaba bajo ningún concepto. Si se le anulaba un gol injustamente, era un lance o un azar del juego y había que meter otro, eso era todo. Lo mismo en lo que respectaba a penalties pitados o no pitados, a expulsiones rigurosas o injustificadas, a lesiones de jugadores fundamentales. El Madrid seguía atacando con diez o con nueve, no se daba por vencido, casi ni admitía un empate, sobre todo en su propio feudo. Sus entrenadores podían tener más o menos talento, pero solían saber dónde estaban y eran educados. Aquí no se buscan excusas, aquí no se protesta, se acepta la derrota cuando el otro ha sido mejor o la suerte no ha acompañado, se intenta el triunfo siempre, aunque se corra el riesgo de salir goleado; aquí nunca se siente uno vencido de antemano. Un entrenador fue destituido porque, tras perder 6-1, creo, en la Copa, declaró que no intentaría salvar la eliminatoria. Si no recuerdo mal, en la vuelta el Madrid, gracias al espíritu de sus jugadores, ganó 4-0 y se quedó a un solo gol de coronar la hazaña. Ese ha sido mi Real Madrid desde que tengo memoria futbolística, y ya van cincuenta años. Aquí, además, se juega bien y con limpieza y generosidad. No toleramos cicaterías ni especulaciones mezquinas ni pelotazos. Hemos visto a Di Stéfano, a Puskas y a Gento; a Velázquez y a Pirri; a Netzer y a Santillana; a Míchel, a Butragueño y a Martín Vázquez; a Laudrup, a Zidane; a Raúl y a Guti hasta el curso pasado. Florentino Pérez tiene cuatro años más que yo. Ha asistido a lo mismo. Será un lince para sus negocios, qué duda cabe, pero está demostrando ser un hombre poco inteligente, para haberse entregado a un chamán de feria como Mourinho, alguien mucho menos inteligente aún que él. Un individuo que no sabe de fútbol y al que el Madrid le trae sin cuidado, que no tiene reparo en traicionar su centenaria tradición y en arrojar sobre él una mancha que se hará difícil borrar. Su Madrid es un equipo con buenos jugadores a los que manda jugar feo y mal; con excelentes atacantes a los que, en los partidos cruciales, no permite atacar; con futbolistas honrados -la mayoría- a los que obliga a comportarse deshonesta o brutalmente en el césped, como si estuvieran en los más broncos Sevilla, Valencia o Atlético de Madrid de sus respectivas historias; a los que, con su resentimiento infinito y notorio y su poder casi absoluto, mantiene bajo un reinado de terror (no sé en qué desacato incurrieron, pero de Pedro León no se ha vuelto a saber, de Canales apenas).

    Hace ya muchos meses escribí aquí un artículo, “El triste lo contamina todo”, referido a Mourinho. Me costó un aluvión de reproches de madridistas -me temo- “advenedizos” o fanatizados, que desconocen la trayectoria del club o que lo apoyarían aunque a su frente estuviera Himmler redivivo. En todos los equipos hay gente así: yo me preguntaba cómo amigos míos del Atleti no se daban de baja mientras lo gobernaba Gil y Gil; cómo otros del Barça no desertaban, sólo fuera transitoriamente, con Gaspart de Presidente o Van Gaal de entrenador. Es difícil, casi imposible, ya lo advirtió Vázquez Montalbán: la única fidelidad segura, de la infancia a la tumba, es la futbolera. Escribo esto cuando ya sólo falta el último de los cuatro Barça-Madrid encadenados, del que no espero nada. Porque lo que no puede ser es que el propio equipo dé vergüenza, en el campo y fuera de él: se le toleran el juego pobre y el escaso acierto, los entrenadores rácanos como Capello o Juande Ramos, aun los Presidentes delincuentes, porque éstos, al fin y al cabo, quedan lejos de la hierba y del vestuario. Pero no un entrenador omnipotente, omnipresente y malasangre, un quejica que acusa a otros siempre, un individuo dictatorial, ensuciador y enredador, soporífero en sus declaraciones, nada inteligente, mal ganador y mal perdedor, y que, como dijo Di Stéfano, hace que el Madrid juegue “como un ratón” mientras el Barça juega “como un león”. El Madrid no ha sido nunca sino el mayor león. Como tal ha de morir, si es eso lo que le toca ahora. Mourinho ha logrado amargarme hasta las victorias: en la Final de Copa (no se olvide, un trofeo al alcance del Mallorca o el Getafe), me alegré durante treinta segundos del gol de Cristiano -la costumbre de toda una vida-. A continuación pensé: “Pero si esto acaba así, nos toca Mourinho para rato”, y el contento se me evaporó. No creo que lo logre, pero, si él se prolonga aquí, tendré que probar a hacerme provisionalmente de otro equipo. Dudo entre el Athlétic de Bilbao, la Real Sociedad y -lo inimaginable- el Atlético de Madrid. Quién me iba a decir que a mi edad tendría que plantearme tan antinatural posibilidad, por culpa del catoliquísimo ídolo de Esperanza Aguirre. No, si Dios los cría y ellos se juntan, debería haberme acordado.

    ——————————————

    Espero que puedan apreciar, un poco, lo que se denomina SEÑORÍO.

  • Ahora, con ustedes, el texto al que él mismo (Javier Marías) hace referencia en el artículo antes mencionado.

    Javier Marías, “El triste que lo contamina todo”, El País Semanal, 17 de octubre de 2010.

    El librero Antonio Méndez me lo venía reclamando desde hacía ya semanas, lo mismo que su joven hijo Borja. Les contesté: “Hombre, aún es pronto, acaba de iniciarse la temporada”. Mis compañeros de la Academia José Manuel Sánchez Ron y Luis Mateo Díez, caballeros ponderados, se dividieron: el segundo me recomendó paciencia; el primero, tras dudar, se decidió a animarme: “Sí, quizá ya es hora”. La verdad es que abrigaba la esperanza de llegar por lo menos hasta la mitad de la Liga sin tener que escribir este artículo. Incluso deseaba –contra todo pronóstico– no escribirlo en absoluto, pese a que anuncié aquí mismo hace unos meses, cuando todavía no se había materializado la amenaza, que, si se consumaba, me costaría seguir siendo del Real Madrid este curso, tras mi fidelidad desde los siete años. La razón de mis dudas tenía nombre: José Mourinho, el prototipo de entrenador que no soporto y el más antimadridista de todos los imaginables. En las últimas campañas he ido contra sus equipos, y para ello he debido violentarme un poco en un caso, nada en el otro. El Chelsea era, de toda la vida, mi club inglés favorito, por mis afinidades con el barrio de Londres al que representa. Al comprarlo el magnate ruso Abrámovich y convertirlo en una empresa que destacaba sólo a golpe de talonario, mis simpatías empezaron a decaer, pero se las mantenía. Cuando adquirió como “cerebro” a Mourinho, y en consecuencia desplegó un juego feo, rácano y soporífero, se me agotó la reserva. Al Inter de Milán, en cambio, le profesaba antipatía desde que, en 1964, fue el causante indirecto de la salida del Real Madrid de Di Stéfano. Hoy en día, además, no me gusta que no alinee a un solo jugador italiano en sus filas. Siempre he creído que los equipos deben ser un poco de sus ciudades, o por lo menos de sus países.

    Pero claro, la violencia a que hube de someterme para no ir con el Chelsea no es nada comparada con la que tendría que hacerme para ir contra el Madrid: un imposible y un absurdo. Y sin embargo ha bastado un mes de competición (seis partidos de Liga y dos de Copa de Europa) para saturarme, y creo reflejar el sentimiento de muchísimos merengues. Salvo contra el depauperado Dépor, el juego ha sido espantoso. Insustancial, vulgar, torpón, aburrido, sin apenas marcarse goles y con el único mérito (propio de las escuadras medrosas y conservadoras) de no recibirlos. El defensa Carvalho, mano derecha de Mourinho, ha dicho bien clara la tontería: “Es más importante no sufrir ningún gol que meter cuatro”. Ni siquiera saben de números: un equipo que empatara a cero sus treinta y ocho partidos de Liga quedaría imbatido, sí, pero descendería a Segunda, con tan sólo treinta y ocho puntos. Mourinho vino con la fama de que motivaba mucho a los jugadores, los liberaba de presión y daba la cara por ellos. De que les era enormemente leal, cargaba con las responsabilidades y jamás los culpaba. Hasta la fecha ha sido todo lo contrario: tras varios encuentros, manifestó que a Xabi Alonso “no lo he visto jugar todavía”; criticó por omisión a Ramos; confió en la “inteligencia” de Benzema, una manera de insinuar que aún no se la había notado; menospreció a Pedro León y de paso al Getafe. Dudó de la honradez del Sporting de Gijón y rebajó los merecimientos del Barça. Cuando las cosas van mal, se comporta como si no fueran con él. Su actitud es de permanente desprecio hacia cuanto ve u oye. Como se sabe espiado por las cámaras, actúa como un mal actor incesantemente: cuando estampa una botella contra el banquillo, se ve que el gesto no le ha salido de dentro, sino que es una pantomima estudiada, quién sabe si ensayada en casa ante el espejo.

    Pero, sobre todo, es triste, casi cenizo. Estamos acostumbrados a que los tremendos horteras de nuestras televisiones califiquen de “glamuroso” a cualquier individuo o individua pedestres y más bien dignos de lástima. Aparte de espúreo y erróneo, es un adjetivo devaluado. Que se pueda considerar “glamuroso” a Mourinho rebasa los límites de mi comprensión. Un hombre con un sempiterno gesto agrio y un injustificado desdén en la mirada; de una personalidad tan gris como sus feos trajes (en España se cree, extrañamente, que mostrarse avinagrado equivale a poseer una “personalidad fuerte”); que ansía la notoriedad y se complace en ella como si fuera un acomplejado o el jurado malasombra de todo concurso televisivo. Todo eso hace de él una figura deprimente y triste y poco inteligente, y lo peor es que esos atributos se los contagia a los jugadores. El Madrid ha sido siempre un equipo alegre: atacante, generoso y al que nunca le ha bastado ganar (a Beenhakker, Capello y Schuster no les bastó para conservar el puesto), sino que ha procurado brindar un fútbol deslumbrante y divertido. Sus representantes han solido ser personas más bien afables y educadas (Molowny, Valdano, Del Bosque), y los patanes nunca fueron en él bien recibidos. Es inexplicable que Florentino Pérez haya creído que un engreído sombrío como Mourinho, ninguno de cuyos equipos ha causado admiración, podía ser el rostro de su club, que es el mío. Da pena ver a Valdano hablar tras cada tedioso partido, con cara de circunstancias y verbo dubitativo, como si tuviera plena conciencia del gravísimo error cometido. Antes de su contratación, un 80% de madridistas expresaron su oposición a Mourinho. De seis partidos, el equipo lleva ya dos sin marcar, y ante rivales muy menores. Y en Chamartín casi no ha habido tarde en la que no se oyeran abucheos. La tristeza de Mourinho lo contamina todo, hasta las gradas.

    • Orlando

      En respuesta a David:
      Te equivocaste en las fechas verdad?

      • David

        En respuesta a Orlando: Jajaja sí, lo siento, el primer texto que les compartí es de este año; el segundo sí tiene la fecha correcta.

        • Alex Luna Heredia

          En respuesta a David: de esas fechas a la actual…Antes se jugaba con mayor Etica, no veias a jugadores emocionales y tratreros, no tenias a nike ni adidas empujando detras, ni a las refresqueras y bueno…todo el mounstro comercial…hay mas intereses que el simple futbol. Despierta al “nuevo” futbol.

  • Lycan

    El señor Javier Marías si sabe.
    Gran aporte David

  • Ramon Martinez

    José Mourinho: ” Hoy mañana y siempre con el Barcelona en el corazón !!! ”

    Jose Mourinho: “… y mi madridismo mucho más grande que el de algunos pseudomadridistas…No me marcho. Seguro. ¡Segurísimo!… ”

    Hablando de la hipocresía…… y del futbol… hay que tener congruencia, al menos adoraba al Barza cuando estaba en Barcelona, y lo da todo por el Madrid, cuando está en Real Madrid.

    Por el bien del Real Madrid, espero que a éste señor le pongan un freno, en su actitud, y lo dejen hacer lo que tiene que hacer en lo futbolístico, si bien no me tiene impresionadísimo éste Real Madrid, si me tiene esperanzado, se ha ganado el orden y control de medio campo, un control limpio con Coentráo, y si tan solo Pepe y Marcelo se dedicarán a jugar futbol como hombres pensantes, y no como cavernícolas, éste Madrid le hubiera ganado facil a un Barcelona que no tuvo pretemporada de verdad, pero así están las cosas y es lo que hay.

    Entre más grande sea el Real Madrid, más grande la gloria para el Barcelona al vencerlo, y viceversa, todo puede pasar,

  • Nicho

    Excelente que se quede y que siga por la misma linea el Madrid!