El título de esta crónica no intenta provocarle celos al monarca de Gondor, Aragorn, hijo de Arathorn, quien fuera creado por J.R.R. Tolkien en su obra El Señor de los Anillos.  Solo tomamos el título del tercer tomo de la obra épica prestado, para señalar, con una reverencia propia de aquellos que se inclinan ante lo extraordinario, la coronación como Rey de un Grand Slam por décimo octava ocasión de Roger Federer, tras batallar en cinco férreos sets contra Rafael Nadal, en la Rod Laver Arena, donde se le coloca la corona al campeón del Abierto de Australia.

Su Majestad no ganaba uno de los cuatro grandes torneos del tenis desde 2012, pese haber jugado otras tres finales. Quienes intentaban justificar su rendimiento “bajo” contrastado con el quinquenio 2004-2009, donde solo un jugador (su contrincante en esta ocasión, precisamente) ponía en duda su yugo entre aquellos que se ganan la vida jugando tan aristocrático deporte, señalaban la edad como el principal factor. Después de todo, uno de los lugares comunes más viejos reza que “los años no perdonan”.

Nolens Volens a partir de los 30 comienza un declive físico en los atletas de alto rendimiento, y eventualmente el ídolo de alguien deberá decirle adiós a la actividad que lo consagró. Empero, algunos con talento y trabajo se oponen al patrón. La longevidad tenística de Roger Federer se debe a que este evolucionó su forma de jugar. Busca finalizar los puntos más rápido para no pasar tanto tiempo dentro de la cancha; volea más y busca más tiros ganadores. El tiempo de su cuerpo, ahora más delgado y fibroso que en la década pasada, es su activo de mayor valor. Pete Sampras se retiró a los 32 años. André Agassi dijo adiós a los 36, con implacables dolores de espalda que solo cedían ante las inyecciones de cortisona.

Los movimientos de Roger Federer dentro de las pistas de tenis definen la palabra elegancia, que unida a su contundencia, forma de hablar, vestirse y comportarse dentro y fuera de la cancha, lo hacen el “deportista más caballero de la historia”, apodo que le otorgó El País.

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El 29 de enero de 2017 se enfrentó a su amigo y rival, nacido en Manacor. El único que cuestionó su poderío durante su mejor época, que pese a su derrota aún lo domina en los enfrentamientos particulares por un amplio margen de 23 victorias y 12 reveses.

Los dos llegaron a la instancia decisiva sin el pedigrí de antaño. En estos momentos, podría afirmarse que se trata de leyendas activas que más temprano que tarde dejarán la raqueta. En estos tiempos de extremismos políticos, donde al contrario (incluso deportivo) necesariamente se le cataloga como un enemigo, ¿acaso la historia quiso recordarle al mundo entero que el rival puede ser un amigo, un buen compañero?

Después de todo, motivos no le faltan: de no ser por Rafael Nadal y su avasallante talento, pundonor, fortaleza mental, resistencia física y un poderoso topspin zurdo (pesadilla del estilizado revés a una mano), desde hace mucho tiempo Roger Federer sería reconocido como el sumo monarca en cualquier superficie en la que alguna vez se haya jugado, se juegue y se continúe jugando al tenis.

Pero no fue así. De hecho, la rivalidad entre ambos ha sido de las mejores cosas que le ha pasado al Deporte -la de en mayúscula es deliberada. Se han hecho contrapeso. Han simbolizado el equilibrio y la alternabilidad necesaria en el ejercicio del poder, manteniendo el respeto mutuo.

Basta con recordar las declaraciones del vencido y el vencedor, una vez finalizado el intenso encuentro.

“Es el tercero que tengo de estos en casa, me gusta, pero prefiero el otro…Creo que Roger se lo merecía más que yo”, dijo Rafael Nadal.

“Estoy feliz por ti. Hubiese estado feliz de haber perdido contra ti. El regreso fue perfecto. No te vayas, Rafa, el tenis te necesita. Continúa haciendo lo que haces. Si hubiera empates en el tenis, estaría orgullo de compartir este trofeo con Rafa Nadal”, respondió Roger Federer.

Por los momentos, el Rey regreso al trono. Posiblemente mañana se levantará y se lo cederá a otro campeón.

  • Mónico

    Grande Su Majestad.

  • CHAG

    Es una Leyenda!!!
    Gran nota!

  • Erich Von Manstein

    Su majestad del tenis. Durante unos años nadie le pudo competir. La rivalidad con Nadal quizás sea la mejor de la historia de ese deporte, y me atrevo a pensar que la mejor de cualquier deporte. Roger tiene 18 Grand Slam, Nadal 14, como dice la nota son contra pesos ambos, uno de otro, pese a que Nadal lleve la ventaja en los duelos desicivos…las finales, semifinales y los juegos épicos difícilmente se van a volver a ver. En hora buen que hubiera sido esa final entre ellos dos, y más aún que Roger Federer conquistara un título más, después de un año complicado como el pasado, en medio de lesiones y de torneos pobres (el peor año desde el 2001). Esperar que este año Su Majestad nos deleite con más juegos brillantes y más títulos, que se lo merece
    Buena nota!!!