I.- La entrega más especial en la vida de un cartero.

El viejo Walt Schreiderstein salió desde Colonia junto con un grupo de 10 mensajeros, cuyos apellidos fueron olvidados por la historia, con la intención de atravesar Bélgica hasta llegar a Flandes. Desde finales del siglo anterior trabajaba en la oficina postal del Reino de Prusia, específicamente a la división de entregas y paquetes de alta discreción. Su cualidad silenciosa y sumisa le permitió ser pronto el mejor mensajero de todo el Reino. Nunca preguntaba nada a los emisarios, nunca comentaba los destinatarios más allá de las formalidades, siempre entregaba a tiempo, fueran cartas con planes de guerra o armas en Sarajevo. Pero aquella era una ocasión diferente, un hombre curtido en los menesteres de Caronte ahora estaba suplantando el papel de Hermes.

La entrega, a realizarse en Flandes a más tardar en la tarde del 24 de diciembre, despertó curiosidad en El viejo Walt. Incluso se atrevió a romper su código de mutismo por primera vez en más de dos décadas de servicio

– ¿Qué pretende el Kaiser con esto? – preguntó al general segundo Hans Müller.

–Han pasado demasiadas noches de Walpurgis, es hora de un poco de Navidad – respondió sin mirar a los ojos al viejo Walt, era todo lo que se necesitaba saber.

Así las cosas, once mensajeros, comandados por El Viejo Walt, atravesaron Büllow y Lieja hasta llegar a la zona cero, dónde los esperaban once pelotones llenos de infantería. Friedrich Baumgarten recibió el extraño paquete con una sonrisa enorme en sus enormes y gordas mejillas. Las lágrimas comenzaron a brotar mientras buscaba dónde poner once árboles de navidad, varios toneles de cerveza y kilos de cartas de familiares y amigos. Un escueto y entrecortado “gracias” fue lo único que recibió El viejo Walt antes de regresar a Colonia con su grupo de acompañantes. Nunca volvería a ver a ninguno de esos hombres, pero sin duda recordaría hasta su muerte la sonrisa que todos tenían al momento de plantar el primer pino.

Entre los árboles, el licor, la comida y las cartas, algunos testimonios aseguran que Walt Screiderstein también entregó un balón de futbol hecho de cuero y cosido con tripa de vaca. A saber.

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II.- Hemos escuchado al águila cantar villancicos.

El primero en escuchar todo el bullicio fue William Sanders, soldado raso perteneciente a la real infantería de la reina, pelotón 66. Sin duda alguna por los meses de experiencia previa, el instinto lo hizo tomar su fusil y despertar a su colega Johnson con una patada en el estribo. Pero antes de que ninguno pudiera desatar el infierno con una bala, se dieron cuenta de que el bullicio no era el propio de la guerra, era festivo, una canción alegre y de fiesta. Y ningún bando estaba cerca de ganar nada.

William reconoció muy pronto la canción entonada por los rivales, era la misma que cantaban en su casa cuando él era un niño vendiendo pescado por el puerto de Liverpool.

-¿Qué demonios estamos escuchando? – preguntó el Mayor Henry Jackson mientras crecía lentamente la intensidad y la alegría del sonido.

-Las águilas están cantando, señor – respondió William sin siquiera pensar en lo que decía.

-¿Por qué demonios cantan eso bastardos?

-Hoy es Nochebuena, señor, ellos también la celebran – dijo David Ancher, el doctor del pelotón.

Como nadie tenía un calendario, era difícil seguir la secuencia de días y fechas, todos los días eran días de guerra, sólo se distinguía un día de otro por cuantos habían muerto. Los días sin muertes eran los días “OK” y se celebraban con unas gotas de whiskey, los días en que morían más de cinco personas eran los “días sangrientos” y nadie tenía derecho a cenar.

Todos se vieron con extrañeza, a ese pelotón no le había llegado ninguna noticia que les recordara qué día era. La alegría de los enemigos inundó pronto sus corazones y decidieron unirse en el viejo canto navideño, destaparon un poco de Whiskey y prendieron todas las luces. Esa noche todo fue cánticos y risas. Los ingleses durmieron arrullado por las voces de las águilas. Willliam Sanders soñó que anotaba un par de goles en Goodison Park, para darle a su amado Everton la FA Cup.

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Al día siguiente el mismo William fue el primero en salir de la trinchera con la intención de pactar una pequeña tregua. Nadie que celebre navidad puede ser un mal hombre.

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III.- Nace un clásico.

Nadie supo jamás de dónde salió un balón de cuero, sólo supieron que ahí estaba, rodando e incitando al juego. Un par de morrales y unas chaquetas forjaron postes entre la nieve. En menos de dos minutos se formaron dos equipos.

El primer gol lo hizo William Sanders, y lo hizo como su ídolo Bobby Parker le había enseñado en Goodison Park. Cabezazo picado y cruzado tras un centro muy largo, la estirada de Sepp Tresberger fue completamente inútil, pero lució espectacular. Los hombres abrazaron a Sanders y lo levantaron en hombros.

Pero los de Prusia no se rindieron tan fácil, respondieron de inmediato con un cabezazo de Gerd Müller, quien aprovechó un grandioso centro de Otto Gresham, un hombre tan rápido cómo una bala (ya había esquivado varias veces balas inglesas). Gerd anotó el segundo de los alemanes con un potente disparo de media distancia que pegó a un lado del palo. Cómo en esa época el gol o penal no se había inventado, echaron una moneda al cielo y el destino estuvo de lado de las águilas.

Fritz Bochenbaltzer anotó el tercero tras una sorprendente llegada. Era el defensa del equipo, un hombre capaz de mandar buenos pases, pero que sorprendió al equipo contrario con sus arremetidas por el centro. No estaban acostumbrados a ver a un defensa tan ágil y tan atrevido.

Se barrió en el hielo para anotar el tercer gol, en la barrida se dislocó el codo y no pudo celebrar con la alegría que hubiera querido.

-Esto es la guerra, un capitán debe seguir luchando – fue lo único que dijo antes de regresar con un brazo vendado.

El segundo gol de los ingleses fue otro de William Sanders tras un trazo desde medio campo del cabo Jack Ripper, otra vez picado con la cabeza, un remate que dentro de poco bautizarían como el gol inglés, por que así y sólo así podían anotar los ingleses.

Un nuevo remate de William se estrelló en el poste y terminó entrando, se volvió a recurrir a la moneda en el momento en que sonó un cañonazo que hizo temblar todo Flandes. Todos se voltearon a ver espantados, al segundo cañonazo todos salieron corriendo para su propia trinchera. La moneda que quedó entre la nieve indicaba gol de los ingleses. Pero nadie jamás lo notaría, el resultado oficial indicó que Alemania ganó 3-2 sobre Inglaterra. Hay tradiciones que deben y logran quedarse para siempre.

Tregua

IV.- Sueños destrozados.

Los días siguientes se olvidó el futbol, sepultado entre plomo y consignas de guerra entre hombres que estaban disputándose un pedazo de tierra yerma y helada en la que sus hijos no nacerían. El balón de cuero fue manchado de sangre por culpa de órdenes que ninguno comprendía en su totalidad. La tregua terminó y las vidas de muchos también.

Los coroneles ordenaron que todo rastro de la tregua se terminara y tuvieron que remplazar a cientos de soldados por que ya no estaban dispuestos a dispararse. Los nuevos soldados nunca conocieron las épicas de Gerd Müller, el delantero más letal en la historia de Alemania, quien alguna vez tuvo la punta de su arma en la frente de William Sanders, pero en lugar de disparar le ordenó que se largara.

Las épicas del futbol fueron superadas por las épicas de la humanidad en general, la guerra sepultó al futbol, los recuerdos de aquel partido quedaron en la memoria de los jugadores como una de las tantas anécdotas de la Gran Guerra. Pero hay veces, cómo esta, en las que es bueno recordar épicas en las que este deporte superó, por un tiempo muy corto, a la guerra, a las fronteras y a los problemas. Momentos milagrosos de navidad que no deberían ser olvidados. El balón a veces gira más rápido que el mundo.

  • Nada como una buena lectura en este dominguito Ilshe.

  • DM

    Hay una película basada en la tregua de Navidad se llama “Joeux Noël” (2005). Esta muy buena.

    • PoPpEn

      La pelicula esta muy buena… saludos

  • el loco bielsa

    Excelente, así como nadie supo que la moneda había beneficiado a los ingleses, años después quedó la duda de si el gol del 66 había entrado, y como dijera Lineker: “el futbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania”.

    • Zlatan

      Siempre y cuando no se enfrenten a Italia.

  • jc89

    De esas lecturas que te hacen pensar que el futbol es el único elemento que puede unir a la humanidad, aunque sea para mentársela al árbitro. Una guerra terriblemente sagrienta (hasta entonces), tuvo su episodio luminoso con esta Tregua, donde este hermoso deporte protagonizó su mejor momento. Me atrevo a decir que ningún otro deporte puede ser tan democrático y unificador como el balompié.

    Y mi recomendación musical no podía ser otra que Pipes of Peace, de Paul McCartney.

  • Fercho

    Justo acaba de escuchar este relato con Juan Miguel Zunzunegui, un gran fragmento de la historia.

  • V21

    Muy bueno, ilshe. Acabo de ver hace rato en la transmisión del R.Madrid vs. Milán un comercial de la UEFA, con jugadores y ex-jugadores europeos (británicos, alemanes y franceses) rememorando el relato de la tregua. Bastante emotivo.

    Entre otros, salen Michel Plattini, Bobby Charlton, Paul Breitner, Wayne Rooney, Bastian, Hugo Lloris, etc.

    Saludos.