
EBF* | Una medalla dura de comerse
En México todavía se respiraba la muerte. La masacre estudiantil de 1968 era una herida imposible de cerrar. Familiares de los jóvenes asesinados y desaparecidos se negaban a enterrar en el olvido a sus muchachos; miembros de la sociedad civil se sumaron a su dolor y tampoco quisieron sepultarlos en la indiferencia.
Por el contrario, la herida se abrió más en 1971 con el Jueves de Corpus. Además de la sangre derramada y los gritos silenciados por la represión, el miedo escogió de asilo varios hogares. En la víspera de los Juegos Olímpicos de Munich ’72, el país era potencia en luto y desolación.

Zamora, los puños de Tlatelolco
Bajo ese panorama de aroma a pólvora, un mexicano se decidió a dar la cara por la nación y por él mismo. Crecido en Tlatelolco, lleno de pobreza y educado por elección propia a los golpes, un pugilista le daría a México una excusa para sonreír, un pretexto amparado en el deporte para desahogar por un instante las penas.
Indio, azteca, peleador de barrio. Los adjetivos para denostar su figura no faltaron. Sin embargo, él, olvidándose de todo y despreocupado de lo que acontecía alrededor, compitió para repartir lo que sabía dar, madrazos. En cada movimiento, en cada golpe, en cada gota de sudor, tundió a sus oponentes. Sus puños de barrio repartieron las lecciones de un indio que quería ganar una medalla para regalarle una casa a su mamá.
Mientras él buscaba el sueño de darle un techo de los buenos a la jefa, otros tantos compatriotas, más los aficionados al box, le agradecían la bravura y el temple que mostraba en tiempos de crisis emocional. Contra todos los pronósticos llegó a la final de los pesos gallo y obtuvo la medalla de plata, la única presea conseguida por México en Munich ’72.
No todo podía ser miel sobre hojuelas. México y el boxeador despertarían del grandioso letargo momentáneo para volver a la cruda realidad. El país le lloraba a sus muertos y exigía justicia; el medallista olímpico no pudo obsequiarle la casa a su mamá.
“Esa fue mi frustración más grande. Yo pensaba que le iban a dar su casita a mi mamá. Recuerdo que al salir de Los Pinos, volví llorando. Le prometí a mi madre que yo me encargaría de comprarle su casa. No entendía por qué a todos los medallistas del 68 el presidente Gustavo Díaz Ordaz sí les regaló su casa. Yo quería ganar la presea solo para eso”, dijo Alfonso Zamora en entrevista a Milenio.
A cambio de la casa, el presidente en turno, Luis Echeverría, le otorgó un Mustang 68 a Zamora. Con 16 años edad, el joven boxeador lo chocó contra el auto de una mujer embarazada, quien tuvo que dar a luz prematuramente por el impacto. En tanto, Echeverría le regalaría a la población en general declaraciones y más declaraciones para deslindarse de lo acontecido en 1968 y 1971.
Con el paso de los años, ya en la actualidad, Alfonso Zamora ve en su lejana proeza olímpica un vago recuerdo que podría ayudarle en su economía: “La medalla no es para mí indispensable. El medallista soy yo. A quien invitan a las entrevistas es a mí. Entonces, si un día me dicen: ‘Te doy medio millón de pesos por tu medalla…’. Voy a decir: ‘¡Préstalos!’ La medalla solo es un artefacto de metal. Está muy dura para comerse”.



























¿Y porqué no vendió el Mustang?
Según esto lo vendió. Pero el sentido está en el deseo incumplido de la casa
Tremendo Elías. Gran relato, nada de desperdicio. Como se aprende contigo. Lástima lo de Zamora, que no pudo cumplir lo que prometió a su madre, pero que gran frase dijo.
¡saludos!
Digo, Zamora también iba con la idea de que Echeverría sería igual de dadivoso que Díaz Ordaz. Al final tuvo su casa, pero por esfuerzo propio. Saludos
Si me dijeran un mexicano ganador olímpico no habría pensado en Zamora. Gracias por estas historias, Elías. Y sobre Echeverría nada mas queda decir que es un miserable. Saludos
Miserable es un halago para un genocida como Echeverría.
Siendo sincero tampoco lo tenía contemplado. De repente se me apareció en el mapa visual y decidí escribir sobre él. Sobre Echeverría qué te digo, la historia y quienes la padecieron son fieles testigos de lo que representó. Saludos
Gran historia y de un compatriota, no parecen tan lejanos ni tan diferentes los tiempos en los que ganó su medalla Zamora comparados con los actuales pero como siempre el pueblo mexicano es lo que vale la pena de esta tierra y no sus líderes.
P.D. Ese Echeverría ha sido de los peores presidentes de la historia y a los que dicen que en México nunca ha habido políticas socialistas que le echen una mano a sus brillantes planteamientos económicos y verá la respuesta.
Un abrazote buen Elías.
Y eran tiempos en que México tenía una amplia gama de buenos boxeadores; tiempos lejanos ya. Respecto a Echeverría hasta las agruras se quedan cortas. Un abrazo
Gran historia Elías, sobre todo reflexiva, es una pena por Zamora, que a pesar de poner en alto el nombre de México y habernos regalado un motivo para sonreír en esos tiempos tan difíciles, su esfuerzo no se haya visto recompensado como el hubiera querido. Y que decir de esos gobernantes, son unos miserables pero los calificativos sobran.
Saludos.
Y unas de las peores formas de no reconocerle su esfuerzo, su logro, es el olvido. Y en efecto, calificativos sobran. Saludos
Que historia, como siempre listos para la siguiente.
Independiente de la hora que se te lea siempre es un placer al terminar, aprendes algo nuevo, te quedas con frases para el día, la noche lo que sea.
Saludos mi estimado Elías.
Ahora sí que son ustedes los que le dan sabor al caldo y quienes deciden qué tomar y qué no. Un abrazo
Nuestros políticos como siempre son su gran sensibilidad
Genial Elias, ahora ya conozco a Alfonso Zamora y pues los politicos oportunistas como siempre nunca faltan…
Que buenos relatos nos estas regalando Elias, la verdad que es un placer leerte cuando hay oportunidad, porque en el trabajo no siempre se puede…
Saludos Elias…
Aquí andamos y aquí seguiremos. Si resultamos una fuga amena en la chamba, se agredece el tiempo tomado para leernos. Un abrazo
Abundan los ejemplos de deportistas de extracción humilde que ven en su disciplina la oportunidad de mejorar económicamente, lástima que a Zamora no le resultó. otra buena columna Elías, sobre todo al tratarse de un compatriota, y de la dura época en la que sucedió.
y para Barak: éste es columnisa y no ………..
No hace mucho Bilardo señaló que al futbol le hace falta la inclusión de más jugadores de barrio, como antes. En el boxeo mexicano también hacen falta puños humildes y combativos. Saludos
QUe lástima que casi siempre son estos deportistas con hambre los que dan la cara por México, mientras México casi siempre les da la espalda.
Buena historia Elías.
Además de darles la espalda, se les arrumba en el olvido. Saludos
Muy bien Elías, en verdad muy bien!
Con un inicio, desarrollo y final geniales. Que historia de Alfonso Zamora! Gracias por compartirla.
Abrazo!
Mi estimado Potosino, por lectores como tú es que uno se permite aflojar. Un abrazo
Lo digo y lo sostengo los mexicanos somos buenos pa tirar madrazos y mas si es pa defender a la jefa