La cruz de azul III

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Cierto que cualquiera pudo ganar la Final… pero la perdió Cruz Azul. Sí: murió con la cara al sol… pero murió. Una vez más.

Si hubieran señalado el penal a Villaluz, o si hubieran jugado 11 contra 11, o si Yosgart se hubiera lanzado hacia el otro lado… igual hubieran perdido. La desgracia azul es la única certeza que nos queda en el azaroso futbol mexicano: una liga sin equipos chicos ni grandes, donde la única apuesta segura es ir en contra de Cruz Azul, eterno rehén de la tragicomedia.

El hubiera solamente existe como vil refugio a conveniencia de los derrotados. Porque si a Domínguez lo hubieran echado dos partidos por su agresión contra el Atlante, entonces no hubiera podido rematar el gol del empate. Y si Cruz Azul hubiera armado un equipo para ganar la liga, probablemente no hubiera dependido de algo tan frágil como la fortuna de un imberbe portero.

Y ultimadamente, ¿si Comizzo no hubiera enloquecido aquel mediodía en León?… Cruz Azul estaría conmemorando hoy como 400 años de no salir campeón.

Con todo y los recuerdos del ’97, el salón de la fama ubicado en La Noria se ha convertido en una sucursal sureña del Museo Nacional de Antropología e Historia. Y para colmo de males, Billy Álvarez no puede reverdecer vitrinas pues, a algún mugre conspirador se le ocurrió descontinuar la entrega del trofeo al segundo lugar: justo ahora que Cruz Azul empieza a ganar subcampeonatos.

Mientras habiten masoquistas en el planeta, seguirán existiendo cruzazulinos. Y los que el jueves abandonaron el estadio a medio partido, luego de haber conseguido boletos tan cotizados, volverán tan pronto como parezca que “ahora sí”, que “esta es la buena”, que “Cruz Azul para campeón”. El aficionado celeste no sólo perdona. También olvida.

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  • franciss Ortega

    que diversion, el salon de trofeos estaria plagado con ellos si aun se los entregaran a los segundos logares