La traición

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En ocho días iniciará el Apertura 2008. Aún faltan 21 para los Juegos Olímpicos. Y 33 para el México-Honduras. Pronto se juntarán todos los eventos y no sabremos ni cuál escoger, pero mientras eso sucede más vale entretenerse en cuentas regresivas que perder el tiempo con la Súper Liga, la gira del Atlético, o el debate de los naturalizados. Ante semejante menú deportivo está claro por qué los cines no se den abasto.

En medio de nuestro aburrimiento veraniego, Ronaldinho se nos fue al Milan. Que dejaba al Barcelona lo sabía todo mundo, que su destino sería rossonero también lucía irremediable. El único juego interesante era atinarle a su precio: ¿Qué tanto podía devaluarse un futbolista en dos años?

El 17 de mayo de 2006 en París, aún sin asumir un papel determinante en la final de la Champions, el brasileño cotizaba en 100 millones de Euros. Ganaba, volaba, reía. Era algo demasiado grande para ser verdad y yo no aguantaba las ganas de tener a un nieto a quién contarle sobre aquel alegre jugador de época… de mi época.

Y es que a mi sufrida generación sólo le había tocado ver el declive de Maradona: aquel gordo del Sevilla, Newell’s y Boca que anunciaba su retiro una y otra vez al son de sus dópings. Zidane no estuvo mal, pero el futbol parecía endeudado con nosotros hasta que llegó él. Los nacidos en los ochenta al fin teníamos un icono de nuestros tiempos.

Pero Ronaldinho nos traicionó. Ese día dejó de ganar, pronto perdió su forma, y prefirió reservarse el buen humor para sus noches de parranda. Pudo ser el mejor de todos, pero se conformó con serlo durante dos o tres años: uno más en la lista de mortales ilustrados del futbol.

Se convirtió en un costal de dinero roto. Ante sus narices desfilaron dos Mundiales (el de clubes y el de selecciones), dos Champions, dos Ligas, dos Copas, dos Balones de Oro y dos FIFA World Player sin que el brasileño espabilara. Hasta llegar al día de hoy, en el que vale cinco veces menos.

Si acaso le queda un consuelo: a diferencia del FC Barcelona, él ganó alguna vez el título al mejor del mundo. El Barça no, y quizá eso explique por qué históricamente se le han ido de las manos los número uno del planeta: Romario, Ronaldo, Rivaldo, Figo y ahora, Ronaldinho.

La historia nos dice lo que viene ahora: Messi se convertirá en el mejor de todos y entonces la camiseta blaugrana le empezará a incomodar. En cualquier caso, también nos toca esperar para poder comprobarlo. Julio es interminable.

Barak Fever ( barak )

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  • ya había leído esta columna y sabia que tenia este titulo.. pese a que estoy por escribir mi columna sobre la traición de Mutu y de Terry, diferentes pero finalmente traciones… dará vueltas mi mente mientras escribo pero si no llego a otro puede que comparta o copie tu titulo aun sin querer… saludos!

    • Barak Fever

      Bienvenido sea el plagio!

  • Cesar

    Me parece que mejor no pudiste describir ronaldinho era la figura de nosotros los nacidos en los 80´s era adictivo verlo jugar era simplemente magico, aun recuerdo a todos en la escuela y las cascaritas intentar el famoso “latigo” y como olvidar aquel gol en contra del chelsea donde el valon pasa entre las piernas de ( carvalho y terry la vdd no recuerdo) y venciendo a Cech, una pena lo que vino despues……

    Traicion a la generacion que no hemos visto algo semejante o por lo menos constante pero el tiempo que lo hizo fue simplemente delirante

  • A mi me parece que Zidane fue mucho mejor, gracias a esos excesos de Ronaldinho.