Libro de (pre)texto: Historia de México

VMCSeguro no se han percatado, pero mi columna sale los jueves. Únicamente los jueves. Y el próximo cuarto día de la semana (quinto para los quisquillosos) es 16 de septiembre: fecha en que no se venden periódicos y si sí, no cuenten con mi cooperación. Aclarado esto, adelanto mi artículo alusivo a tan insigne efeméride. Y dice así:

Idioma, religión, caballos, epidemias, espejos… los españoles no nos trajeron el futbol a México nomás porque en el siglo XVI no existía tal cosa. Pasados aquellos espantosos tiempos sin balompié, fueron los conquistadores los más diestros en su práctica: así lo certifican los títulos obtenidos por los clubes España y Asturias. América y Chivas no fueron grandes hasta que echamos a patadas de nuestra Liga a los españoles. Aquel grito de soberanía sonó en 1951.

Nuestro primer gran trauma como nación ocurrió la tarde en que Santa Anna malvendió la mitad del país: esa en la que ahora convergen Disneylandia, NASA y Golden Gate. Incapaces de plantarle cara en economía, reservas, armamento o cualquier deporte habido y por haber; nuestra particular venganza contra Estados Unidos solía ocurrir en el futbol. Solía, dije.

La historia de México y la del futbol mexicano se desarrollan en universos paralelos. Un día, por ejemplo, las luminarias de pantalón largo optaron por traerse de la fría Europa a un hombre que pusiera orden por nosotros. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones de aquel güero de ojos azules, las cosas no hicieron más que empeorar. Me refiero a Maximiliano de Habsburgo, pero bien podría estar invocando a Sven de Suecia. Al menos a éste no lo fusilaron… aunque ganas no faltasen.

Por aquellos tiempos México se enfrentó a los franceses: tropa de enorme reputación y uno de los más fuertes rivales que podía encontrarse. Aunque la realidad es que Francia ya no era lo que en su día fue, aquella victoria es una de las más veneradas. Ignacio Zaragoza en Puebla, Chicharito Hernández en Sudáfrica subieron al pedestal supremo. A la altura, cómo no, de los niños héroes: los de Chapultepec 1847 y los de Perú 2005.

Y mejor no rascarle más a estos reinos gemelos para no caer en reseñas de índole escatológico: el mismo año en que a Bartlett se le cayó un sistema que daba a Salinas ganador, FIFA castigaba como dios manda el otro gran chanchullo del ‘88: los cachirules.

¡Viva México… y viva su futbol!

Barak Fever ( barak )

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