Ojalá no vayamos al Mundial

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Abandono del aficionado, fuga de patrocinios, espeluznante caída en la venta de periódicos deportivos y los ratings más bajos de la historia. Estado de quiebra y en conclusión, menos chamba y peor pagada para mí y para mis colegas. En pleno goce de mis facultades mentales, lo asumo y lo repito: espero que México no califique al Mundial.

Colgados ya de la irremediable crisis económica, más vale tocar fondo en pos de un futuro mejor. El futbol mexicano lleva 15 años estancado, y no existe salida del círculo vicioso, a no ser por la mala. Lo siento sinceramente por aquellos que morirían sin ver a México jugar el quinto partido, en aras de lograrlo bajo una estructura.

Una vez digerida la depresión, entonces sí: a modificar el sistema de incompetencia que reina en Primera División, a implementar ascensos y descensos como dios manda en divisiones inferiores, a erradicar las multi propiedades, a abrir los derechos de transmisión a la libre competencia, a pisotear el pacto de caballeros, a liberar los uniformes de micro patrocinios… A derrumbar la oligarquía que gobierna nuestro futbol y antepone siempre el beneficio de sus empresas.

Sé que está difícil. Con meros argumentos matemáticos, apenas dos selecciones y media quedarán eliminadas del hexagonal. Encima, de ocurrir el desastre, nadie garantiza que mi revolución imaginaria termine por llevarse a cabo. Aunque fuera la única oportunidad de reestructurar un futbol tan fermentado desde fuerzas básicas.

Si en vez de virtudes balompédicas, el Mundial se tratara de exhibir el índice de desarrollo humano de cada país, con la ONU como órgano rector en lugar de la FIFA, México ni siquiera habría calificado al hexagonal de Concacaf. La cosa es mucho más complicada en salud, economía y educación. Empecemos entonces por el futbol.

Barak Fever ( barak )

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