Ocho

Aquel domingo del año 95, mi padre decidió que ya era tiempo de convertirme en heredero de lo que él más apreciaba en la vida. Sin consultarme siquiera, me colocó una playera que bien podría usar de pijama o solamente en caso de extremada urgencia, es decir, cuando no tuviera más ropa disponible.

-Yo la usé por muchos años-, me dijo mientras me acomodaba la desgastada playera sobre mi torso corto y endeble. –Listo, te queda perfecta-, sentenció y a la par me dio unas palmaditas en la espalda que me dio la impresión de que eran muestras de apoyo para atreverme a salir a la calle con ella.

Yo tenía 6 años y no entendía porqué mi padre me había levantado temprano en domingo. Tampoco comprendía por qué me obligaba a usar una playera de una franja roja combinada con un amarillo canario. Los colores eran atractivos, no lo niego, pero… ¿por qué tuvo que regalarme la camiseta más vieja de toda la ciudad?

-Hoy irás al estadio a ver al Atlético Morelia-, me informó de una manera tal que parecía que me estaba preparando para recibir la lección más grande de mi vida. Por otra parte, los alegatos de mi madre no se hicieron esperar: -“A lo mejor a tu hijo no le gusta el fútbol, no lo obligues, Enséñale otras cosas de mayor provecho, Ya me tienes cansada con tu Morelia”-. Los reclamos iban y venían pero, a decir verdad, la indiferencia de mi padre era más fuerte y se terminó imponiendo ante los reproches domingueros.

Yo en realidad prefería quedarme a ver las caricaturas. Pero ante la orden contundente de “vas a ir al estadio”, no podía hacer nada. Tenía 6 años y muy poco poder en la casa como para protestar las decisiones tomadas en mi contra. En el camino hacia el estadio Morelos recibí las lecciones básicas de lo que era el fútbol y también un poco de la historia del equipo al que íbamos a ver.

Al llegar a las afueras del estadio me di cuenta que todos llevaban puesta una playera igual o similar a la mía, situación que me tranquilizó pues ya no tendría que soportar la pena de que todos voltearan a mirarme y que al señalarme dijeran: “¿Ya vieron? Que playera tan vieja”.

Era la jornada 1 del torneo largo 95-96. El rival era Atlante. Mi padre me explicó que era un equipo de tradición en la Ciudad de México y que tenía como figura a un portero extravagante llamado Jorge Campos. -¿Y por qué no hay ninguna persona con la playera de ellos?-, pregunté por primera vez mostrando interés. La respuesta fue sencilla pero clara: -“Son visitantes y en este estadio apoyamos al equipo de nuestra ciudad”-.

No conforme con la playera, mi padre también me compró una bandera. -Es para que la ondees cuando salga el equipo-, me dijo como para justificar el obsequio.

Y así fue. Al momento en que salieron corriendo a la cancha los jugadores con su uniforme de la franja, yo agité la bandera una y otra vez hasta que mis manos no pudieron más. El resto de la gente hacía lo mismo. De repente todo se convirtió en una fiesta. En ese instante me di cuenta que el fútbol me empezaba a gustar.

En el transcurso del partido mi padre se emocionaba como nunca lo había visto. Era feliz y en cierta forma eso también me hacía feliz a mí. A pesar de la euforia que tenía, no se olvidaba de explicarme detalladamente lo que ocurría en la cancha. Y en cuanto a mí, que cada vez me introducía más en el juego, me llamó la atención un jugador que llevaba el número “8″ en la espalda. Era un sujeto calvo que pedía todos los balones y que cuando se lo daban provocaba que la gente gritara de emoción.

-Es Marco Antonio Figueroa pero le dicen el “Fantasma”-, me dijo al oído mi padre al darse cuenta que ya no le quitaba la vista de encima. Realmente me parecía que se robaba toda la atención y, aunado a esto, se notaba que el resto de los jugadores lo respetaban.

En una de las tantas veces que Figueroa tomó el balón, corrió por todo el lado derecho del campo, los rivales intentaron alcanzarlo pero él fue más rápido; llegó al área y disparó hacia a la portería para convertir lo que sería el primer gol de la tarde. Figueroa se levantó la playera, la puso encima de su cabeza, estiró los brazos y así festejó frente a las tribunas. -¡Ves por qué le dicen el fantasma!-, me decía mi padre mientras saltaba como si fuera un niño otra vez, como si tuviera 6 años, igual que yo.

Me sentía contagiado por la alegría de toda la gente. Pero sobre todo estaba maravillado con la forma de jugar del “Fantasma” Figueroa. Hasta ese momento pensaba y creía que ya había visto lo mejor de él. Todavía no terminaba de abandonar ese pensamiento cuando el número “8″ decidió disparar a la portería rival desde la mitad del campo, el balón fue bajando poco a poco ante la expectación de todos. El extravagante Jorge Campos quiso rechazar la pelota con un lance extraño pero lo único que consiguió fue exhibirse ridículamente. Morelia ya ganaba dos por cero. El festejo se repitió y yo ya había aprendido a gritar “Gol”.

El resto del partido fue desmotivante. Atlante vino de atrás y logró empatar el marcador. Mi padre salió del estadio tirando reproches por doquier. –Siempre es lo mismo, no sabemos cuidar la ventaja-, decía mientras suspiraba de forma cansada y taciturna.

Yo por mi parte regresaba feliz a casa, había visto a alguien jugar increíblemente al fútbol. Honestamente, ya no me daba pena llevar puesta esa playera vieja, sino todo lo contrario. El resto del día lo pasé apreciándola, pensaba que si tuviera el número “8″ en la espalda sería perfecta.

Al día siguiente era lunes, mi primer día de clases en la primaria. Tenía planeado llevar mi playera del Atlético Morelia para presumirla ante mis nuevos compañeros pero a mi madre no le agradó la idea y opuso resistencia ante mi decisión. Sabía que cualquier intento por convencerla era en vano por lo que decidí engañarla y llevar la playera debajo de mi patético uniforme escolar. Conseguido mi objetivo esperé hasta el recreo para mostrarla al público, me acerqué hacia la cancha y pacientemente observé al resto de los niños quienes demoraron algunos minutos para invitarme a jugar.

-¿De qué juegas?-, me preguntaron. –Meto goles-, les mentí. Nunca en mi vida había estado tan cerca de una cancha como en ese momento. El partido fue peleado, los dos equipos no nos permitíamos nada, el cero a cero se mantuvo a lo largo del partido.

“¡Ring!”, se escuchó en toda la escuela. Era el sonido que ponía fin al recreo más no al partido. -¡Gol gana!-, gritó un niño que derramaba litros de sudor. Hasta la fecha no recuerdo la jugada, sólo sé que el balón quedó frente a mí y que yo sin pensarlo rematé con todas mis fuerzas. Lo demás, fue oír el sonido de la red golpeada por la pelota. Nunca había sentido algo similar en mi vida, corrí y corrí. Me levanté la playera y la puse encima de mi cabeza, estiré los brazos y festejé por toda la cancha. Desde ese momento decidí que yo también era el “Fantasma” Figueroa, el número “8″… como el del Atlético Morelia.

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  • nepo

    Muy buena, esa imposición paternal es la razón por la que muchos le vamos al equipo al que le vamos. Y si se complementa con la primera ida al estadio qué mejor.
    Felicidades al autor!

    • nepo

      Felicidades a Victor Ruiz, que por cierto me hizo recordar a otro pelón, pero que yo vi jugar en Toluca y que tiraba los tiros libres como si tuviera un cañón en los pies.

  • Una espartana

    Muy bueno, felicidades Victor!

    • El Pirruris

      Un poco sobrada de ciertas palabras rebuscadas y domingueras. Pero como un genérico anécdota futbolero, con el que la mayoría se identifica, bien plasmado.

  • Jorge Daniel

    Hermano fenomenal historia, te lo dice un gran aficionado del Morelia, creo que cuando tenga un hijo voy a hacer lo mismo, jajajaja, ese fantasma me lamento de no haberlo visto jugar en plenitud pero ni-modo así es la vida, ojala y pronto llegue a Morelia alguien que sepa jugar bien, meter goles e identificarse con la afición (los 2 últimos “ídolos” se fueron al Guadalajara) te mando un saludo y gracias por recordarme a uno de mis primeros ídolos en el fútbol

    • Carlos Hernán Sandoval

      no seas ingrato jorge Huiqui como te lo he dicho te dio la copa Jalisco, y si muy buena la columna me gusto mucho saludos al autor

      • Jorge Daniel

        no si si “Mister Huiqui”

  • Joe l’eventreur

    Buena historia, felicidades.

  • Genio del fútbol mundial

    Excelente historia, felicidades.

  • Erich

    Muy buen relato muchas gracias Víctor, me hizo recordar a mi padre (QEPD), yo soy aficionado a los Pumas pero como mi padre nació en Morelia le teníamos mucho afecto y cada que venía a jugar al DF lo ibamos a ver jugar en la época que los dirigía “La Tota” Carbajal y el “Fantasma” brillaba junto a Bustos, Vera, Mario Juárez, Olaf Heredia, Mario Díaz, Juan Carlos Vera,etc. Era un gran equipo.

  • Lennon

    ¡Nada como el primer partido de fútbol! Muy buena historia, muy parecida a la todos los morelianos de corazón

  • César Jácome

    Buen relato, felicidades al ganador!.

  • http://www.twitter.com/morapicos morapicos

    muy buen texto, hiciste que recordara esos partidos en el recreo, con la cancha llena de balones y jugandose al menos 5 partidos simultaneos en el mismo campo.

    Otra cosa, esa herencia futbolera de un padre hacia el hijo debe ser fantástica, yo no tuve eso, mi padre si ve futbol pero no le gusta tanto como amí. Espero algún día ser yo el padre futbolero que no tuve.

    Saludos!

    • http://www.twitter.com/morapicos morapicos

      por cierto, un hijo del fantasma pertenecía hace poco al Everton de viña del mar, es nacido en Morelia al parecer. Ojalá haya sacado algo de lo buen jugador que fue su padre

  • Monarca

    GRANDE VICTOR, se me puso la piel chinita!

  • david

    Muy buena la historia, me da gusto encontrar un relato acerca de el morelia de mis amores, yo soy de la epoca de el pavon, de alex fernandez, de el tato , de capitan franco, y recuerdo al fantasma como entrenador,

  • Briano

    Me recordó cuando esos “canarios” tenían (pero años después) a Claudinho, cuando tenía 5 años me tocó verlo ciertos partidos y se me hacía un jugadorazo. Inclusive un primo me regaló una playera de Morelia (que ni me quedaba de lo grande que estaba), y ese texto me hizo recordar algo similar a mi infancia. Que buen texto, felicidades al ganador!

  • https://twitter.com/Lic_Cantinas93 kore Ibrahimovic

    Excelente relato, como olvidar la primera vez en un estadio de fútbol, y me hiciste recordar mi infancia en la escuela y la eterna frase:¡Gol gana!

  • EL jES

    muy bueno hermano… yo no recuerdo cuando me convertí en aficionado del américa, pero me acuerdo cuando mi hermano se hizo del morelia, un partido en el que peleaban el descenso, vino tigres y dejaron entrar gratis a la cancha, me acuerdo que dentro vendían gorditas de chicharrón y semillas… fuí con mi cuñado, su papá y mi hermanillo del kinder en esos años… no recuerdo el resultado pero evidentemente el morelia se salvó de la quema. salió mi hermano en hombros y también se decidió por los canarios ese día !!! FELICIDADES RAYO !!!

  • Ivan

    Escribes chingón, muchas felicidades, y nada más que hermosa tu historia.

  • Carlos Hernán Sandoval

    Contagia esta historia de alegria e ilusion me agrado ademas proyecta la vida cotidiana y el inicio del futbol que casi siempre a esa edad es un CENTRO DELANTERO

  • libero

    Buena historia, Yo asi o algo parecido herede el gusto por el Tampico Madero aca eran Sergio Lira (11) y Benjamin Galindo (7)… Saludos…

  • Andy Varela

    Que buen relato! deberian perimitir mas columnas asi, obvio con el sentido de transmitir algo positivo una emocion ya que cada quien tiene su historia de como vive su pasion por el futbol

  • http://tumamafuemia.com Satanas

    Como otro gran aficionado del Morelia que vivió esa época también, te felicito, ¡gran columna!

  • http://www.gravatar.com/avatar/126ecbac8c42c8219f0b3d02de557dbb.png Maxchiva

    Felicidades al ganador! Yo soy de Chivas, pero desde mi niñez he admirado a ese gran delantero conocido como el “Fantasma”, de hecho en mi pueblo llegué a comprar una camiseta del Morelia (chafa, claro está, porque en aquellas épocas no llegaban las originales tan lejos, ni el presupuesto de un niño alcanzaba para tanto) que en la espalda decía F. Figueroa y lo más raro ¡Tenía el número 9! Toda una botana de camiseta pero emular al Fantasma a la hora de jugar es algo que no tenía precio…

    • http://tumamafuemia.com Satanas

      Es que, cuando llegó a mediados de los ochenta, usaba el 9, pero después de su paso por América y equipos Chilenos jugó con el 8.

      • http://www.gravatar.com/avatar/126ecbac8c42c8219f0b3d02de557dbb.png Maxchiva

        Gracias por el dato, hoy aprendí algo nuevo, saludos!

  • Marco Antonio

    Honestamente, yo no recuerdo a partir de cuando me hice aficionado al América, sólo sé que es gracias a mi padre.Ahora, a mi me apasiona más que pierda o gane mi equipo, él, de tantas decepciones, ya está curado de espantos. Muy buena columna.

  • Francisco García

    Excelente remembranza del primer contacto con el mundo fantástico del fútbol y de la añoranza de la primera vez junto a la imagen paterna disfrutando un mismo juego y que decir del glorioso “Fantasma” en aquellos días donde se les aparecía en el Morelos a las defensivas contrarias. Felicidades y arriba el Atlético Morelia!!!!

  • kaze

    Muy buen relato! felicidades.

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  • Alejandro Hernández

    Excelente historia amigo… y buen final con ese gol con el festejo del fantasma! En donde fué? En el Valla? jeje Saludos!!!