La Sopa del Día
Conmovedor Messi
Conmovedor Messi
Sucedió el fin de semana. Luego de recibir un premio más, Lionel Messi nos dejó sin palabras con su oratoria.
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Conmovedor Messi
Sucedió el fin de semana. Luego de recibir un premio más, Lionel Messi nos dejó sin palabras con su oratoria.
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A Pep Guardiola le choca hacer cambios. Suele recurrir a ellos a partir del minuto 75, pero jamás los quemaría en tiempo de compensación nomás para perder segundos. Aunque aquella noche romana era singular. Se jugaba la Final de la Champions, el Barcelona ya la tenía ganada y entonces, para desconcierto general, metió a un tal Pedro. Guardiola, tan grande él, ya estaba trabajando en la temporada siguiente. Sabía que ese joven sería primordial en la transfusión sanguínea de un equipo que en ese instante tocaba el cielo y su mensaje, contra el Manchester y ante el entorno de la gran final fue claro: “prepárate, porque pronto te toca”. Medio año después, seguro que no hace falta contarles qué fue de Pedrito.
Pocos lo advirtieron, pero el genio repitió su excelso lenguaje no verbal hace un par de meses con otro novato. Entonces, el Barcelona se jugaba el partido más importante de la temporada contra el Inter. El escenario era similar al de Roma: estadio repleto, ambiente de final (si perdía el Barça quedaba eliminado de la Champions), encuentro plácidamente resuelto y un extraño cambio al minuto 90: “prepárate Jonathan… ya mero te toca”.
Las cada vez peores bromas en los periódicos del 28 de diciembre se inventaron para llenar espacios en fechas donde no acontece nada. Pero si dejamos ya de repasar lo mejor y lo peor del año, quizás estaremos prevenidos para el bautizo del menor de los dos Santos.
Keita y Touré ya duermen con sus selecciones, y dejaron al Barça con apenas cuatro mediocampistas para librar el mes de enero: Busquets, Xavi, Iniesta… y Jonathan. La ocasión es irrepetible: cinco jornadas de Liga, cuatro partidos de Copa; y 30 días para que Gio se convierta en el hermano de Jona, y no al revés.
Este viernes inicia una nueva década. Podría ser la de Jonathan Dos Santos. Para finales de 2019 sabremos cómo le fue.
En el futbol siempre vivimos ansiosos por declarar al más grande de todos los tiempos. Tendemos a idealizar el presente para sentirnos únicos, y es por ello que no puede salir un joven superior al estándar, que ya nos apresuramos a compararlo con Pelé o Maradona, aunque un par de años después sucumbamos ante la certeza de que todo tiempo pasado fue mejor. Esta vez no es el caso.
Hablar del Barcelona 2009 exige reflexiones demasiado elevadas sobre el concepto belleza, y yo no tengo tanta sensibilidad. No estoy a la altura de su juego, ni de sus logros. Y dudo que exista una sola pluma en el planeta que encuentre un léxico digno de los conceptos que esculpe en la cancha el mejor equipo de la historia.
Tan grande, que Real Madrid gastó 400 millones de dólares soñando en celebrar derrotas de apenas 1-0 en el Clásico. En el plantel del Barça están Balón de Oro, plata, bronce y todos los metales habidos en la tabla periódica de los elementos. Y con un 70% de material virgen: descubierto y fundido en la cantera del club.
Valdés, el mejor portero del mundo en el mano a mano; Alves, tan veloz que jugar con él equivale a hacerlo con 12; Puyol, 80 kilos de puro corazón; Piqué, el heredero de su brazalete; Busquets, el criterio hecho futbolista; Xavi, el más rápido del mundo (mentalmente); Iniesta, Zidane pero sin gol; Pedro, próximamente FIFA World Player; Ibrahimovic, da Vinci del siglo XXI; Messi, todos los anteriores en un solo jugador; y Guardiola, el primer técnico de la historia que siempre tiene la razón.
Ahora que lo ha ganado todo, el Barcelona reivindica su magnitud, no en base a un simple inventario del contenido de sus vitrinas como otros, sino cimentado en las formas que verdaderamente lo hacen único: su estilo de juego, el anuncio de su camiseta, su modelo de club.
Hay que darle gracias al cielo por hacernos testigos de lo irrepetible… Somos contemporáneos del FC Barcelona.
Ni el gol de Ronaldo contra el Compostela, la chilena de Rivaldo frente al Valencia, o el meteoro de Iniesta ante el Chelsea. En mil partidos que vi del Barcelona, ninguna jugada me hizo sentir tan orgulloso de ser culé como aquella:
Roberto Carlos sacó dentro del área una típica munición de su bazuca izquierda, y mi héroe no dudó en lanzarse de cabeza para que la bala se estrellara en su nariz… jamás en las redes.
Por su aspecto y conducta en la cancha, cualquiera apostaría a que se trata de un espécimen incapaz de usar los cubiertos o de masticar con la boca cerrada.
Jamás sale de noche. Llega al entrenamiento antes que nadie, y también es el primero en irse. Mientras los otros se peinan, miran cómo luce su camisa Armani en el espejo, o se untan crema anti arrugas; el capitán sale camino al estacionamiento sin gota de gel, con el look de hace quince años, y sube a su discreto Audi A3 que tanto desentona entre las naves de los demás.
Pudo ser el mejor lateral derecho del planeta; sin embargo su rapidez, entrega y dureza eran demasiado lujo para desperdiciarse en la banda. Entonces se convirtió en un central único. Lucha cada balón como si fuera el último de la Tierra, sufre más faltas de las que comete, y nunca lo expulsan o suspenden por acumulación de tarjetas.
Para sus compañeros, resulta un auténtico dolor de güevos. Se la pasa incordiándolos, previniendo cualquier despiste, aún si el juego está parado por culpa de un jugador lesionado. Cuando el Barça mete gol, salta más que cualquier fanático para celebrarlo; aunque él no sea el anotador ni de milagro. Y antes de la reanudación ya está en su posición: otra vez aplaudiendo, eternamente gritando.
Messi vale más de 150 millones, Ibrahimovic cobra 12, pero lo de Puyol no puede tasarse en Euros. El domingo, contra Real Madrid, volví a comprobarlo.
El tatuaje de Messi
Lionel Messi ha tenido un segundo semestre bastante discreto.
Y con caricias como esta, la tendrá más dificil para recuperar su nivel.

Renovó Xavi, renovó Busquets… renovó Messi, y renovó Valdés. Rafa es el último de la fila y se le está yendo el tren de la continuidad en el FC Barcelona; tanto, que el entorno ya exige firmar con carácter de urgencia a Iniesta, y eso que su vínculo concluye hasta junio 2011.
Aunque el club insista en su voluntad de seguir contando con Márquez, el subtexto indica otra cosa. Para empezar, Guardiola alucina con un central de similares características (menos experimentado, igualmente distraído, mucho más impronunciable y todavía más lento que el mexicano), y para traerlo no quiso fijarse en el precio de la etiqueta, ni en las estrictas restricciones que ofrecía su garantía.
El domingo Chygrynkiy llegó recién recuperado de una lesión, y aún así salió titular junto al indiscutible y próximo capitán Piqué. Días atrás, Puyol confirmó un acuerdo con la directiva para prolongar tres años más su leyenda blaugrana. Y ahora, no parece haber demasiado interés en atar al cuarto defensa central del equipo.
El 6-1 al Zaragoza contrastó lo dispensable que se ha vuelto Rafa. Durante años el Barcelona solo pudo convertir en gol un tiro de esquina si Márquez cooperaba en la acción. Y si había un tiro libre a más de 25 metros de la portería, era él y sólo él quien podía ejecutarlo promisoriamente. Antier sin su intervención, el Barça anotó dos goles partiendo del córner y uno más en cobro de falta a larga distancia.
Para acabar de amolar el cuadro, la nueva obsesión culé se llama Cesc Fábregas y nadie imagina su presentación oficial con un dorsal diferente al ‘4′: número cargado de tanto simbolismo en Ciudad Condal.
Está visto que Guardiola es partidario de limpiar el vestidor cada temporada, independientemente del balance obtenido. Me parece que a Márquez (31 años y 31 lesiones para 2010) ya le toca.
Cuando Casillas voló de poste a poste para tapar un balón nacido para ser gol, supe que el Real Madrid volvería a salirse con la suya. El gol de Pepe, un minuto después, confirmaba mi convencimiento.
Quienes vinculan el juego merengue con espectáculo, toque y un rival avasallado; no han visto un partido completo del Madrid en mínimo 20 años. Su estilo más bien se trata de inspiración espontánea, garra, fe… y una especie de conspiración astral que le permite ganar cuando todo lo anterior no basta.
Pero el domingo perdió, y los diarios catalanes lo celebraron como quien intuye que podría ser la última vez de la temporada. Y es que, Camp Nou aparte, el Sánchez Pizjuán es el único polvo que a priori, al Madrid le tocaba morder en una liga tan desigual como la española.
Aún así, y contrario a lo que muchos concluyen tras una exhibición que bien mereció la goleada, dudo que el Sevilla esquive su destino de tercer puesto en el podio final. Los andaluces no dejan de ser cine independiente, lejos de la superproducción hollywoodense que monta el Real Madrid, y del Cine de Arte que proyecta el Barcelona.
Pellegrini cuenta con un reparto inigualable: imán de taquilla, y un guión palomero que ofrece un par de escenas memorables por boleto, para justificar los millones de dólares invertidos en efectos especiales. Guardiola se preocupa por cuidar la fotografía y el desarrollo de la obra maestra que acostumbra escenificar sobre el terreno de juego. Los rodajes hollywoodenses recaudan mucho dinero, y el cine de autor suele llevarse los premios.
Ya empachado en analogías, el Real Madrid tiene la bravura del toro, el Barcelona posee la genialidad del torero, y el Sevilla clavó las primeras banderillas. Esto apenas comienza… pero nunca vi a un astado salir en hombros al finalizar la corrida.
Hace 20 años que el Real Madrid no gana un doblete. La última vez que se proclamó inapelable mejor equipo de Europa, al salir campeón de Liga y Champions el mismo año, fue hace 51 temporadas. Jamás en la vida saboreó el triplete.
En 20 años, el FC Barcelona consiguió nueve Ligas y tres de ellas con la superioridad suficiente para llevarse también la Copa de Europa: un hito que el Madrid consiguió apenas dos veces en su pomposa historia.
El insultante dominio de un club sobre el otro quedó certificado en mayo pasado, cuando al Barcelona le dio por combinar un toque análogo al Brasil del ’70, con una perfección táctica propia de Holanda en el ’74; para obtener Copa, Liga y Champions… no sin antes irrumpir con un salvaje 2-6 en campo enemigo.
Solo bajo esa coyuntura puede exponerse la demencia vivida este verano. Semejante exhibicionismo en la política de fichajes del Madrid tiene como obsesiva esperanza evitar que el Barça gane la próxima Champions en el Bernabéu. Si los catalanes contaban con cinco de los 10 mejores futbolistas del planeta, ahora los merengues tienen a los otros cinco.
Luego de la borrachera de títulos, parecía imposible que el Barcelona tuviera acicate alguno para no caer en la autocomplacencia. Es en el ruido proveniente de Madrid, donde ha encontrado la mejor motivación imaginable. Eso es lo único que ha logrado Florentino: poner alerta al rey y polarizar de paso, aún más las filosofías de los clubes más poderosos del globo.
Es bueno comprar a los mejores jugadores del mundo, pero es preferible fabricarlos en casa. Es gracioso llenar estadios para celebrar fichajes, pero se antoja más abarrotarlos para festejar títulos. Tener a los últimos balones de oro (Kaká y Cristiano) es todo un lujo, pero contar con los próximos (Messi e Iniesta) suena mucho mejor.
No existió final más soñada. Nunca se enfrentaron mejores equipos. Jamás un marco deportivo estuvo tan cerca de la perfección. Ninguna vez nos permitimos tanto lujo. El de mañana es el partido más ilusionante de la historia moderna.
Luego de vagar entre Broadway y Las Vegas, el señor espectáculo regresa a su lugar de origen: Roma. El Coliseo moderno es el Stadio Olímpico, el César en turno se llama Michel Platini, y los gladiadores más venerados ahora vienen de Portugal y Argentina. Sin embargo, la emoción que emerge del circo romano se mantiene intacta.
Hace 12 años que el equipo campeón de Europa no era tan bueno como para repetir en la final. Vertical por genética, nadie es capaz de cruzar los 110 metros del campo a la velocidad del Manchester United. Los Red Devils asesinan con sólo tres pases.
El retador prefiere chiquear al balón y pasearlo de un lado a otro mientras tortura al enemigo. La rapidez del FC Barcelona no es tan física como mental, y sus aspiraciones no se colman con proclamarse como el mejor del año. El triplete y más que nada, su delicioso estilo de juego lo postularían al equipo más grande de todos los tiempos.
Manchester cuenta con mejores artes defensivas, el Barça es superior al ataque. Los ingleses tienen numerosas identidades que despliegan según lo requieran las circunstancias del partido, además de grandes suplentes que garantizan el éxito del plan B; los catalanes, en cambio, morirán con sus 11 gladiadores titulares y su única forma de concebir el futbol.
La leyenda de Sir Alex contra la deidad Guardiola, Cristiano Vs Leo, pragmatismo cartesiano frente a realismo mágico… Podría seguir, seguir y seguir pero será mejor dejarlos ya porque parto hacia Roma sin acreditación ni entrada. La locura que voy a hacer es lo mínimo que esta Final merece.
Mip mip. El correcaminos blaugrana mete séptima velocidad mientras el necio coyote blanco no le pierde el paso. Cruel paradoja: si el Barcelona rompe récords de goles y puntos será gracias al inútil agobio de Real Madrid, condenado a convertirse en el mejor subcampeón de todos los tiempos.
Y es que hasta para correr hay estilos. El Madrid ha ganado 31 Ligas a la fecha, pero no hay quien le recuerde un partido agradable desde la Quinta del Buitre. El Barça suma apenas 18 títulos porque resulta más fácil salir campeón que respetar a través de las décadas un estilo incondicionalmente entregado al espectáculo.
Si bien el Barcelona ha sido el mejor equipo de los últimos cinco años, el Madrid más opaco de la historia supo entrometerse con dos títulos en el lustro blaugrana. Sabe ganar y lo hace con precisión quirúrgica. Y por eso, aunque 70 puntos bien podrían mediar entre el talento de uno y otro, apenas son seis los que separan a los merengues del tricampeonato.
Dependiendo de los resultados que arroje la doble jornada a iniciar hoy con el Real Madrid – Getafe, el derbi del 3 de mayo podría finalizar con la inconcebible caza del tonto coyote al ágil correcaminos… O con la dulce vendetta al Pasillo del año pasado: el Barça coronándose matemáticamente en el Santiago Bernabéu.
Conseguir 46 puntos de 48 posibles con un plantel de segunda línea, similar al Sevilla, Villarreal o Valencia sólo está al alance de una camiseta como la del Real Madrid. Ganar Liga, Copa del Rey y Champions con un futbol de exhibición sólo puede lograrlo el FC Barcelona.
La historia del Madrid le obliga a ganar y por eso es el club más grande de todos; el menester del Barcelona es jugar con alegre insolencia… y eso lo convierte en algo más que un club.
Ni siquiera tuvo que recurrir a un jalón, a una patada o a una protesta. Se limitó a retrasar el cobro de una falta al minuto 90. Todo un dandi.
Con la eliminatoria resuelta, Rafa Márquez provocó la acumulación de tarjetas. Hoy no estará en Múnich, pero a cambio jugará las semifinales sin condicionantes: una oda al compromiso. Es el Márquez de los pases de 50 metros al pie, el de las anticipaciones oportunas, el de las barridas milimétricas. Titular base en el equipo más bello de los últimos tiempos.
El tema es recurrente en cine y literatura, y a pesar de brillantes esfuerzos (Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El club de la pelea…) nadie como él ha expuesto con semejante precisión los avatares de la dualidad humana.
Viajar 22 horas le da güeva, jugar en San Salvador le causa poco menos que urticaria y aunque es el único privilegiado que no comparte cuarto durante las concentraciones, ducharse al lado de Luisito Pérez luego de entrenar le resulta muy poco estimulante.
Entonces se pone en plan cremoso, se permite distracciones que nunca le perdonarían en su club y se transforma en un defensa cochino. Su relación con la selección es enfermiza, perjudica a ambas partes y debería cortarse por lo sano.
Rafa tiene 30 años: la edad justa para renunciar al Tri. Ejemplos de figuras que se han retirado prematuramente de su selección están al alcance en los cuatro puntos cardinales. En el pasado y en el presente. La mayoría de ellos regresa para jugar el Mundial, y son tan buenos que para entonces no hay quien se los eche en cara.
La popularidad de Rafa no caería… básicamente porque ya está por los suelos. Además, en este país Oswaldo Sánchez, Omar Bravo y Memo Ochoa son los auténticos ídolos. La selección no le debe nada a Márquez, y él tampoco está en deuda con la selección. A mano, pues.
Bryant, Kobe…? ¡Present!
¿Federer, Roger…? ¡Hier!
¿Messi, Lionel…? (Silencio) ¿Lio…? (Silencio)
¿Sharapova, María…? ¡TyT!
De todos es sabido que el COI y la FIFA se repelen tanto como se necesitan. Para Jacques Rogge el futbol es tan sólo una más entre sus 38 disciplinas, mientras los Juegos Olímpicos ni siquiera existen en el calendario internacional de Joseph Blatter. Así las cosas, no es coincidencia que en cada desfile inaugural nos ahoguemos las ganas de ver pasar a los futbolistas, quienes siempre empiezan a jugar en ciudades alternas antes de que la llama sea encendida: una grosería que a nadie parece importarle.
Hace mucho que los máximos exponentes del deporte profesional confirmaron su presencia en la cita más grande que tiene la humanidad. En Beijing, LeBron James y Rafael Nadal compartirán con Michael Phelps y Yelena Isinbayeva el sueño dorado de todo atleta. Pero resulta que a nueve días del inicio del futbol en los Juegos Olímpicos, a la joya de este deporte se la siguen haciendo de tos.
Hoy la FIFA le ordenará al FC Barcelona la cesión del jugador a la selección argentina, aún así los catalanes seguirán montados en su burro. Dicen que lo necesitan para la previa de la Champions. Argumentan que ellos le pagan. Piensan que se puede lesionar.
Y es que en Barcelona no entienden de plusvalías: Kaká es mayor de 23 años, Messi no; el Portugal de Cristiano Ronaldo no sacó boleto, la Argentina de Leo sí. Con el brasileño y el portugués fuera de combate, Messi podría reivindicarse en China como el mejor futbolista del planeta y volver con ello a disputar un Balón de Oro que parecía perdido… Eso sería bueno para el Barça.
A todos conviene que las selecciones tengan prioridad sobre los clubes. El interminable pleito entre ambos ha de resolverse con la contratación de un seguro que proteja a los equipos en caso de lesión y sanseacabó.
¿Cannavaro valía tanto antes del Mundial? Es fácil ponerse del lado de los clubes, que van de víctimas sin recordar que las federaciones no ven un quinto por los millonarios traspasos de futbolistas que en gran parte alcanzan su cotización vistiendo los colores de su país. ¿O alguien conocía a Arshavin antes de la Eurocopa?
En ocho días iniciará el Apertura 2008. Aún faltan 21 para los Juegos Olímpicos. Y 33 para el México-Honduras. Pronto se juntarán todos los eventos y no sabremos ni cuál escoger, pero mientras eso sucede más vale entretenerse en cuentas regresivas que perder el tiempo con la Súper Liga, la gira del Atlético, o el debate de los naturalizados. Ante semejante menú deportivo está claro por qué los cines no se den abasto.
En medio de nuestro aburrimiento veraniego, Ronaldinho se nos fue al Milan. Que dejaba al Barcelona lo sabía todo mundo, que su destino sería rossonero también lucía irremediable. El único juego interesante era atinarle a su precio: ¿Qué tanto podía devaluarse un futbolista en dos años?
El 17 de mayo de 2006 en París, aún sin asumir un papel determinante en la final de la Champions, el brasileño cotizaba en 100 millones de Euros. Ganaba, volaba, reía. Era algo demasiado grande para ser verdad y yo no aguantaba las ganas de tener a un nieto a quién contarle sobre aquel alegre jugador de época… de mi época.
Y es que a mi sufrida generación sólo le había tocado ver el declive de Maradona: aquel gordo del Sevilla, Newell’s y Boca que anunciaba su retiro una y otra vez al son de sus dópings. Zidane no estuvo mal, pero el futbol parecía endeudado con nosotros hasta que llegó él. Los nacidos en los ochenta al fin teníamos un icono de nuestros tiempos.
Pero Ronaldinho nos traicionó. Ese día dejó de ganar, pronto perdió su forma, y prefirió reservarse el buen humor para sus noches de parranda. Pudo ser el mejor de todos, pero se conformó con serlo durante dos o tres años: uno más en la lista de mortales ilustrados del futbol.
Se convirtió en un costal de dinero roto. Ante sus narices desfilaron dos Mundiales (el de clubes y el de selecciones), dos Champions, dos Ligas, dos Copas, dos Balones de Oro y dos FIFA World Player sin que el brasileño espabilara. Hasta llegar al día de hoy, en el que vale cinco veces menos.
Si acaso le queda un consuelo: a diferencia del FC Barcelona, él ganó alguna vez el título al mejor del mundo. El Barça no, y quizá eso explique por qué históricamente se le han ido de las manos los número uno del planeta: Romario, Ronaldo, Rivaldo, Figo y ahora, Ronaldinho.
La historia nos dice lo que viene ahora: Messi se convertirá en el mejor de todos y entonces la camiseta blaugrana le empezará a incomodar. En cualquier caso, también nos toca esperar para poder comprobarlo. Julio es interminable.
Con la fiesta de Raúl en Cibeles, parecía que la espeluznante temporada 2007-08 del FC Barcelona llegaba a su escalofriante final. ¡Pobres!, aún faltaba un epílogo digno para su catástrofe: la Eurocopa, donde la anémica Francia de Abidal, Thuram y Henry reparte pena ajena mientras el mundo entero se hinca ante la Holanda de Sneijder, Robben y Van Nistelrooy.
Esa misma Holanda que durante 800 temporadas ininterrumpidas se agarró al Barça de casa hogar para petardos de la talla de Bogarde, Reiziger, los De Boer, Overmars, Zenden, Van Bommel, y muchos jugadores más que rindieron nada en el club y menos en una selección que fracasó en su Euro 2000, ni calificó a Corea 2002, fue indolente en Portugal 2004 y gris en Alemania 2006.
Un día soleado el Barcelona decidió que ya estaba bueno y cortó de raíz a todos los tulipanes y naranjos habidos en su jardín; una reparación que culminó con la partida de Van Bronckhorst en verano pasado. Era hora de apostar por los futbolistas franceses que en diez años jugaron dos finales de Copa del Mundo y ganaron una Eurocopa. Era hora de que los jugadores holandeses movieran a Madrid su venta de espejos. Era hora de meter la pata…
La Francia de la Euro fue una copia fiel del Barça de los últimos dos años. Con un Abidal irresponsable, un Thuram reumático y un Henry acabado. Pero además con jugadores egoístas como Vieira: indigno heredero de un gafete ennoblecido por Deschamps, Desailly y Zidane; quien preso de la terquedad, y aún sabiendo que no podría jugar, le frustró a un compañero en mejores condiciones (Mathieu Flamini), el sueño de ocupar su plaza.
Todo bajo la complicidad de Domenech, un limitado esclavo del vestidor igualito a Rijkaard, que no se atrevió a darle luz verde al brillante recambio generacional. Dejó en la banca a Frey, Benzema y Nasri. Ni siquiera convocó a Escudé, tampoco a Clichy, ni a Mexes, ni al citado Flamini.
Y también se cargó a Trezeguet, porque nomás marcó 20 goles esta temporada en la Serie A. En cambio Anelka, esa apatía andante que te pone la misma cara cuando mete el gol del triunfo en el último minuto, que cuando sale de cambio, lo expulsan, gana el Mundial o falla el penal decisivo en la final de la Champions; sí que entró en la lista de esta caótica selección francesa post Zidane, capaz de hacer una triste melodía hasta de La Marsellesa, las tres veces que se atoró en gargantas tan poco comprometidas.
Así las cosas, mientras el anaranjado plantel blanco multiplica su valor en plenas vacaciones, la nómina cada vez más azul y menos grana, no hace más que devaluarse a cada minuto. Faltan muchas lluvias para que Barcelona y Real Madrid inicien su andar por la 2008-09… los bicampeones ya ganan por goleada.