Chutrazos
Himnorantes Y Chiveados…

1. Poco que decir. Inter y Chivas jugaron 180 minutos y a lo mucho se puede discutir si los mexicanos fueron mejores en el tercer cuarto. Al menos por un rato el pedazo de gol anotado por Fabián le puso emoción a un Final a todas luces dispareja.
2.Balance: cuatro finales del futbol mexicano en las competencias más importantes del continente. Dos en Copa América, dos en Copa Libertadores. Cuatro subcampeonatos. Cierto que América y Pumas engrosan una lista que Pachuca libró, pero la Copa Sudamericana es tan de segunda que ya ni la jugamos.
3. Vaya transmisión más insufrible. Ante la disyuntiva de escoger entre los extremistas argentinos y el desesperante Orvañanos, opté por la opción más sana y salomónica: el botón de Mute. Ni por esas. El caso es que durante el himno de Brasil no nos switcharon el berrinche del Bofo, y al final no pudimos ver ni la celebración de los ganadores, ni el llanto de los vencidos, ni la madriza entre unos y otros. Y eso por no mencionar todas las omisiones cometidas a lo largo del juego. Al director de cámaras habría que colgarlo al lado de la botarga que interrumpía el partido cuando le daba la gana por cortesía de Toyota, que hace dos años perdió los derechos del nombre de la Copa ante Banco Santander y ahora se dedica a boicotearla con esperpentos de ese calibre.
4. Hablando de la Copa Santander Libertadores de América. ¿No encuentran cierta incoherencia en su bautizo? El torneo honra a aquellos héroes de la independencia continental, y a la vez es posible gracias a un banco que representa al imperialismo moderno español.
5. Entre todos los campeones continentales quédense con este nombre: Giuliano. Él y Neymar (Santos) están llamados a ser cracks del futbol europeo en máximo tres años.
6. Me gustó el arranque de dignidad del Bofo. Hubiera preferido que sus 10 compañeros le hicieran segunda y así no quedara como un simple desplante individual. ¿Para qué cuidar tanto el qué dirán si al final de todos modos se va a armar la melé?
7. ¡Qué buenos futbolistas tiene el futbol brasileño! Por mucho, la mejor liga del continente. Ha dejado de poseer únicamente a las próximas estrellas del planeta. Desde hace tiempo cuenta con cracks repatriados (Robinho, Ronaldo, Deco, Vagner Love, Roberto Carlos, Adriano, etc), además de argentinos y uruguayos de enorme nivel. O sea, se paga bien en Brasil. ¿No valdría la pena tener a uno, dos, tres mexicanos por allá conviviendo con su futbol, sus marrullerías, su cultura competitiva y ganadora? Digo, sería una buena alternativa a irse a Europa nomás para conocer bancas.
8. De hecho, si se hubieran respetado las llaves, la Final sin el menor asomo de duda hubiera sido entre equipos de Brasil. No veo cómo Chivas habría evitado caer por tercera vez consecutiva ente un club brasileño en semifinales. Son tan superiores que Conmebol tuvo que inventarse esa regla de enfrentar a equipos de un mismo país sin importar el sorteo, para que la Libertadores no se convirtiera en una liga premier brasileira.
9. Poseedor de una cintura desechable, con más vidas que un gato: se la rompieron al menos ocho veces y él seguía repartiendo leña tan campante. Capaz de soltar hasta tres puñetazos por la espalda mientras un delantero le esconde el balón. Primer jugador en la historia que solicita cambio a la banca rival, ya que según su apreciación, el lesionado del otro equipo no podría seguir en la cancha (al final regresó al campo con un gorro de natación gigante). Iniciador de la bronca, receptor de una impresionante patada voladora y dueño de una lengua digna de la más curtida tamalera, misma que exhibió en la entrevista en la que se quejaba de las burlas y escupitajos de los que fue víctima. Nunca un futbolista hizo más méritos para una Contracrónica. Lástima que los derechos eran de Fox, pero Héctor Reynoso lleva tiempo pidiéndola a gritos y yo no soy quién para negársela en un futuro no muy lejano.
10. No lo juzgaré por una roja que encima me pareció algo rigorista… pero ¿por qué todo mundo aclama a Arellano? Si jugara en el América no lo bajaríamos de petardo. Y tendríamos razón.
11. Si ya de por sí resulta degradante ver en la cancha a cientos de camarógrafos, fotógrafos, reporteros y achichincles, que hacen que sea más difícil encontrar a los jugadores festejando en el campo, que a Wally en un vagón de metro; resulta mucho peor cuando en medio de tanto desorden unos y otros se agarren a trancazos. El campeón se ve mal pues después de tanto trabajo en lugar de bailar, saltar y disfrutar anda repartiendo odio y rencor. El subcampeón se ve peor, pues mientras en la Final de la Champions y del Mundial los finalistas intercambian pasillos de honor, aquí se reparten trompadas de vergüenza. Y sí. La imagen de Araujo sangrando en la banca me causó bastante pena… Anoche Chivas perdió hasta en los madrazos.
12. Espero que la bronca al menos haya servido para que de una vez por todas abandonemos ese discurso de que brasileños y mexicanos somos como hermanos desde México 70. Siempre nos tratan mal: Sao Paulo se negó a jugar en México en tiempos de pandemia, Sao Caetano y América libraron una batalla que le dio la vuelta al mundo, Internacional nos cortó el himno, y una larga lista de etcéteras que mi memoria ha ido reciclando con el tiempo. El caso es que son unos malagradecidos y no nos guardan ni la mitad de la simpatía que nosotros siempre les hemos manifestado.
13. ¿Por qué si Bofo tuvo los huevos de ignorar el himno brasileño y de entrarle con todo a los golpes, no tuvo los mismos para decirle al reportero argentino Benedetto que de veras no quería hablar por mucho que insistiera? ¿Es un agachón después de todo?
14. Y es que a la hora de la bronca le subí al volumen y después olvidé volver a bajarle. Por eso les dejo el comentario del día, de mi amigo Eugenio Díaz en el post partido: “Ganar la Libertadores te da pedigrí”… ¡¡¡Pedigrí!!!… No escuché la narración de Orvañanos, pero dudo que se la haya matado.
15. Pelé de saco rojo repartiendo apapachos a ganadores y derrotados. ¿Santander le pagará comisión por cada arrumaco? Apostaría mi casa a que sí. El negro contiene su respiración con tal de no hacer nada gratis.
16. Semifinales suspendidas por el Mundial, Final de ida en plena fecha FIFA, Recopa absolutamente desfasada y para colmo, ni siquiera había concluido la Copa Libertadores y ya empezaba la Sudamericana. ¡Qué desmadrito el de Conmebol!
17. El más agradecido de que toda la atención mediática girara en torno al partido de Chivas se apellida Becerra (sus amigos le dicen Becerda), y es el portero suplente del Santos Laguna. ¿Vieron el gol que le metió ayer el Joe Public? Eso sí que fue histórico.
18. La Copa: su base desbarnizada que representa el 60% del tamaño de un trofeo que en realidad parece casco de buzo, y que tiene a un futbolista en la cima, como todos esos trofeos ganados por nuestras escuelas, arrumbados al día siguiente y hasta la posteridad en algún rincón de la dirección. ¿Es bastante feíto, verdad?
1. Programar fecha FIFA a un mes del Mundial es como tardar cuatro años en rescatar a la princesa del Mario Bros y luego encender el Nintendo para volver a jugar el nivel 1… ¡Qué hueva!
2. ¿Vieron los goles de Gerrard? No cabe duda de que los ingleses son unas pistolas durante 23 de cada 24 meses. Si no fuera por la Euro y el Mundial, serían perfectos.
3. Cuarenta y tres victorias, dos derrotas. Estados Unidos en la Confederaciones y Suiza en el Mundial fueron los únicos equipos capaces de vencer a España desde 2006. Pero ojo: absolutamente nadie en 45 partidos logró sacarles el empate final. Hasta que llegó México. ¡Ya se pudo!
4. Como no todo se puede en esta vida, lo que no conseguimos romper es la racha de Carlos Marchena. El defensa estuvo a un suspiro de perder por primera vez con la selección española tras 56 partidos. Pero gracias al gol de Silva ya lleva 57.
5. El Chicharito no es un globo… es un inflable gigante de esos que hay en las fiestas. Él solito, a base de meter goles con la camiseta que se ponga, genera la energía del potente compresor de aire que nos permite saltar alegremente en el inflable sin temer que reviente como un globo cualquiera. Lo suyo no es normal.
6. ¿Por qué Del Bosque convocó a 21 jugadores en lugar de 19 como Meza? ¿Acaso no se enteró de que el máximo de cambios permitido para un amistoso internacional es de ocho por equipo? Y yo que creía que solo en México no leíamos las letras chiquitas. Vaya gracia les habrá causado a Villa y a Capdevila el viajecito.
7. ¡Qué leñazo de Márquez a Busquets! ¿Le deberá algo el catalán aparte de junto a Piqué, haberle quitado un lugar en el 11 del Barcelona?
8. Fue agradable ver a Gio, Torrado, Juárez y compañia cotorrear tan a gusto con sus ex compañeros de equipo, hoy campeones del mundo. Me hizo sentir que quizá, después de todo, nuestros futbolistas no están taaaaan lejos de la crema y nata del balompié.
9. Pasto de séptima generación (sigo sin encontrar a ningún genio capaz de explicarme con mediana exactitud qué diablos significa eso), tecnología por aquí y por allá, vestidores de ensueño, blablabla y a la hora buena al flamante Estadio Omnilife se le fue la luz. Vergara es uno de esos tipos a los que, por más que pretendan fingir que no pasa nada, todo les sale mal. ¿Por qué esas cosas no suceden en la final de la Champions?
10. Siempre me resultó perfectamente comprensible que Closs, Niembro, Tití y demás comentaristas de Fox Sports Argentina fueran absolutamente parciales en sus transmisiones a favor de los clubes argentinos. Pero por más que el Inter de Porto Alegre juegue con dos argentinos, además del sancionado Abbondanzieri no entiendo cómo prefieren un millón de veces aliarse con los brasileños antes de apoyar a un equipo mexicano o al menos, disimular indiferencia ante una final entre sus enemigos de toda la vida y nosotros, que tan mal les caemos. Eso sí: tenía la opción de mandarlos a la goma y cambiarle para escuchar la narración de Orvañanos… pero no soy tan valiente.
11. La sensación engañosa es la de un equipo que iba ganando 1-0 y que al final perdió 1-2… pero seamos francos: el Internacional apenas le prestó el balón al Guadalajara, remató dos veces al poste, D’Alessandro los hizo ver como las “chivas brinconas” con las que hace 60 años surgió el mote. Chivas pudo recibir una paliza y nomás perdió por un gol.
12. Cuando Cruz Azul hizo lo propio en la Final de ida contra Boca Juniors, la derrota en la Bombonera se daba por sentada. Y el que perdió fue Boca. Siempre supuse que Chivas lo haría mejor en la vuelta y ahora saco pecho por ello… jugar en Brasil peor que hoy es futbolísticamente imposible.
13. Sale Arellano, entra Araujo. ¿Por cuántos años este maldito cambio retumbará en la mente del 23% de esta comunidad que tras el censo se declaró mayoritariamente rojiblanca?
14. Paradojas del Futbol: A nivel selección, México suele ganarle a Brasil… mientras Argentina nos tiene de hijos. Pero a nivel de clubes, México acostumbra vencer a Argentina… y Brasil es nuestro papá. No se molesten enumerándome las excepciones, pues las conozco bien.
15. Es una pena que el histórico enfrentamiento entre los ganadores de Champions y Libertadores ahora se llame Mundial de Clubes. Sería una bellísima cacofonía hablar de un Internacional Vs Internacional luchando por la Intercontinental.
16. Chivas está a 90 minutos de romper la tiranía en el segundo lugar del podio de los clubes brasileños, quienes suman cinco subcampeonatos seguidos en Copa Libertadores.
17. Algo tuvo de futbolero este día que me hizo retomar una de las tradiciones más entrañables del Mundial. Pero como el nombre indica, esto no fue más que una sesión extraordinaria de reflexiones. Por favor no me pidan inspiración al término de la jornada 4 de su majestad Apertura 2010.
18. Ya que llegaron hasta aquí, aprovecho para invitarlos a participar en un nuevo certamen del Rincón Sapiens. Dirección de envío: rincon@futbolsapiens.com Fecha límite: Media noche del viernes 13 (¡uy, qué mello!) Más sobre el Rincón Sapiens, aquí.
Sí: ya sé que nada me gusta, pero esta vez voy en serio. El Guadalajara nunca ha sabido vestirse como dios manda de visitante.
Alguna vez tuvieron un bello uniforme a rayas rojas y azules de Nike, pero si lo usaron dos veces me parecen muchas.
En fin. Con esta cosa las Chivas buscarán ganar la Libertadores en Porto Alegre. ¡Suerte!
A 1, H 1: empate y Chivas a casa por decreto… sí, fue un mal chiste pero aquello no hizo más que aplazar lo que desde entonces lucía inminente. Más tarde Javier Aguirre las dejó con una mano atrás y otra adelante… pero ni así logró alterar su destino. A Medina, Bautista, Michel y Magallón los secuestraron en abril y los liberaron hasta julio; no fueron requeridos ni para hacer sándwiches… pero les esperaba algo mucho más apetitoso que el quinto juego.
El Chicharito, leyenda urbana que recibía balones y transformábalos en goles abandonó al equipo a mitad de la aventura… pero sus compañeros no perdieron el rumbo. Su dueño decidió regalar la localía a la hora buena para jugar en campo enemigo… sin embargo ya era demasiado tarde como para que el Guadalajara despertara de su sueño.
Ni la lesión de Medina, ni la baja de Esparza, ni la desgracia de Bravo; mucho menos algún club proveniente de Argentina, Paraguay o Chile fueron obstáculos dignos de su tropiezo. Chivas tuvo a la mano mil excusas y 3 mil pretextos válidos para quedarse en el camino, pero optó por hacer historia.
En el Apertura 2008 fue octavo y con ello obtuvo su pase al Interliga 2009. La Final de aquel célebre torneo se resolvió en penales y de no ser por el fallo de Droguett, hoy estaría escribiendo sobre otro tema. Seis partidos después, Reynoso le tosía en la cara a un rival y Chivas avanzaba a octavos contra Sao Paulo… club que se negó a viajar a México y al que ojalá acabe enfrentando en la gran Final alcanzada tras encarar la fase de grupos en 2009, los octavos y cuartos antes del Mundial; y las semifinales y Final hasta después de éste, en una hazaña consumida a bocaditos por su afición.
Si bien el dominio continental de Brasil es tan grande que en los últimos tiempos Conmebol hace chanchullo para que sus clubes se eliminen a fuerza en semifinales, una estadística juega a favor del Guadalajara: los últimos cinco subcampeones fueron brasileños. Y aunque a mí lo único que me guste de Chivas sea el escudo, sé que en la Federación no existe mejor agremiado para encargarle la primera Copa Libertadores a lucir en tierras de Miguel Hidalgo.
1810, 1910, ¿2010? Algo es algo, ¿no?
Su nombre es tan largo que da flojera pronunciarlo, ya ni se diga escribirlo. Quizá por ello adoptaron a la primera de cambio un mote despectivo, sin tomarse la molestia de reemplazarlo por el masculino Chivos, o por el aumentativo Cabras: un sinónimo más habitual para referirse al rumiante en cuestión.
Siempre he respetado, más no enaltecido que Chivas juegue con once futbolistas mexicanos. Que su filosofía raye en discriminación de índole xenofóbica es un campo en el que nadie gusta ahondar y me parece bien. Por ese hándicap se atenúan todos sus fracasos. Por ese detalle la mayoría de ciudadanos a los que el futbol les da lo mismo afirman irle al Guadalajara. Es un equipo distinto en un futbol donde todos son más o menos iguales.
A mí me resulta indiferente si Chivas juega con once mexicanos o si el Inter de Milán lo hace con once extranjeros. Lo que admiro, aplaudo y subrayo es que un equipo con promedio de edad menor a los 22 años, con entrenador y un 95% de futbolistas surgidos de su cantera, con el tercer portero velando por su seguridad, y bajo el mando del más nefasto de los dueños esté a las puertas de la semifinal continental, en espera de que le sean liberadas sus figuras secuestradas por la selección.
1987, 1997 y 2006: tres títulos en los últimos 56 campeonatos de Liga. Justo los que otorgaría la ley de probabilidades a cada equipo en un torneo disputado por 18, sin tabular presupuestos ni jerarquías. Ni una sola Copa México ganada entre 1970 y 1996, año de su penosa desaparición. Ni una Copa Concacaf alzada desde 1962. Cero Libertadores y cero Sudamericanas en sus vitrinas. Está claro que el Guadalajara no es grande por sus triunfos… pero aunque así fuera, sus 11 títulos también lo catapultarían como el club menos pequeño de México.
Ganar la Libertadores sería un justo premio al loable trabajo que tiene a sus egresados cobrando en las nóminas del PSV, Arsenal o Manchester. Pero sería sobre todo la mejor forma de explicar la grandeza de Chivas sin recurrir al viejo argumento nacionalista.
Faltan escasos minutos para el cierre del periódico, y para variar tengo al tiempo en contra. ¿Y ahora qué escribo? ¿De quién hablo? ¿Qué digo? Estoy tan seco que, contrario a mis principios me iré por la fácil y hablaré del jugador de moda: ese que ya nos encontramos hasta en la sopa… sobre todo en la de verduras, junto a la zanahoria y la calabaza.
Me gustaría decir que todos se volvieron locos, que al chavo lo están inflando demasiado y que corre el riesgo de acabar más reventado que Omar Bravo o Kikín Fonseca. Pero no puedo hacerlo. Debo admitir que estamos ante un futbolista diferente, con una alucinante visión de juego, una técnica magistral, una velocidad delirante y por si fuera poco, con los pies bien amarrados al suelo.
No solo se trata de sus seis goles en los últimos tres partidos, que ya lo sitúan como líder de goleo. Su mérito radica en girar hacia el terreno de juego las miradas que últimamente acaparaba aquel millonario dueño, que en su vida ha pateado un balón. Y sobre todas las cosas, en haberle devuelto de forma intacta la ilusión a la afición rojiblanca, que esta vez veía muy lejos las posibilidades reales de ganar el título.
Yo no tengo la menor duda de que será el ‘9’ titular de la selección en Sudáfrica, y el mejor argumento para por fin llegar a semifinales. Me parece difícil que pronto fiche por el Barcelona o Real Madrid, pero sé que tarde o temprano tendrá que optar a premios tan importantes como el Balón de Oro o el FIFA World Player. Si sigue como hasta ahora, ese es su ineludible destino.
¿Lo dudan? Para empezar es la figura del club más grande del país, y no me sorprendería que de su mano, logre consagrarse campeón continental a mitad de año (no olvidemos que ya está en octavos de final).
En fin. No creo que a estas alturas del texto sea necesario aclararlo, pero con las prisas se me estaba olvidando: el jugador que me merece tanta devoción se llama Wayne Rooney, es inglés y tiene 24 años. ¿O de verdad hay alguien remotamente parecido?
Confieso que odio Twitter: me parece una herramienta ociosa, superficial y sin chiste. No obstante, cualquier periodista de medio pelo debe usar el pajarito azul como una de sus fuentes, mientras esté de moda. Por eso, antes de escribir sobre las Chivas, ingresé al perfil de Jorge Vergara para agarrar valor. ¡Vaya suplicio!

Estos son los tweets que me chuté: “No se puede tolerar la falta de actitud… El compromiso de vestir la camiseta de Chivas no está claro en algunos jugadores… Tomaremos decisiones fuertes para cambiar la actitud… No le echaron ganas…” Y la mejor de todas: “La escasez de trascendencia que muestran algunos jugadores obedece al tema de actitud”.
La simplicidad de reducir el mal rendimiento a falta de actitud, güevos y demás sinónimos, está muy bien para el aficionado promedio, de corto entendimiento y nula capacidad analítica. Pero viniendo de él, resulta especialmente cargante.
Huí de Twitter e ingresé a la web oficial del club. ¡Oh sorpresa! La página dejó su empalagoso nombre chivasdecorazon.com para rebautizarse como chivascampeon.com. ¡Y eso que en 15 torneos que Vergara lleva como dueño, apenas ganó un título! Y por cierto, ya llovió desde entonces.
Llegó prometiendo al mejor técnico del mundo, y no pasa del Paco Ramírez en turno. Juró limpiar la camiseta, y hoy luce más churrigueresca que nunca. Vergara es más falso que Aarón Galindo y Omar Arellano intimidando a los rivales en una mesa de póker.
Guadalajara ha ganado una méndiga vez de visitante en todo 2009, ya nomás tiene un seleccionado, la grilla interna lo dejó sin capitán… y todo se lo debe a su caótico tirano. Total, aquí no pasa nada: Cruz Azul es el colero reinante, precedido por América; y esta vez, la pelea por el último lugar es cosa entre Pumas y Chivas. ¡Y los siguen llamando grandes!
1. Lujuria: No dudo que su corazón le pertenezca todito a Angélica Fuentes. Pero si de entrenadores se trata, Vergara es peor que Calígula: Daniel Guzmán, Eduardo de la Torre, Hans Westerhof, Benjamín Galindo, Javier Azkargorta, Chepo de la Torre, Westerhof (otra vez), Efraín Flores, Omar Arellano, Paco Ramírez y el que sigue. Los ha probado güeros, morenos, bigotudos, lampiños, jóvenes, viejos, mexicanos, extranjeros… ¡Y ninguno le parece!
2. Gula: Prometió al mejor entrenador del mundo, romper con Televisa, limpiar el uniforme, comprar al Atlético de Madrid, hacer de Chivas el mejor equipo de México en 5 años… ¡y del mundo, en 10! Cuando por fin salió campeón, dijo que era el primero de cinco seguidos, como el Campeonísimo. El nuevo estadio iba a estar listo en 2005… Si Vergara fuera mudo, tal vez sería perfecto.
3. Ira: Como Omar Bravo se fue gratis a Europa, Vergara torpedeó el fichaje del jugador con el Atlante. Encima, llamó hampón a José Antonio García. ¡El comal le dijo a la olla!

Cruz Azul nació grande, pero muy pronto dejó de crecer. Chivas es tan grande que le da por salir campeón cada 10 años. Y del América, mejor ni hablamos. De modo que a los presuntos grandes del futbol mexicano les viene ídem la etiqueta, y Pachuca aprovechó esa coyuntura para autoproclamarse Equipo de México, al más puro estilo del presidente legítimo Andrés Manuel López Obrador.
Luego de adornar su escudo con la bandera mexicana y un montón de estrellitas en honor a sus títulos nacionales e internacionales, Pachuca alucinó con transformarse en El Equipo del Planeta Tierra, hasta que unos tunecinos lo bajaron a goles de su nube.
Empecinado en beatificarse, El Equipo de México volvió a Japón en diciembre pasado y, esta vez sí, venció a los africanos de en turno. El siguiente obstáculo era el campeón de la Libertadores, que para su buena suerte, este año era ecuatoriano y… ¡púmbale! de vuelta a casa ante la eterna indiferencia del entorno.
A lo mejor tendría que conformarse con ser El Equipo de América. En el Interliga, Pachuca ganaba 3-0 con un hombre más en el campo. No pregunten cómo le empataron, pero luego de padecer los penales más largos de la historia, consiguió su pase a la Libertadores. Bueno, casi. El wannabe equipo de México pronto se convertiría en el primer representante del país que caía en la fase previa.
Que Enrique Meza sea más bueno que Gandhi, no le quita su racha de tres torneos sin Liguilla, ni sus tres fracasos internacionales, su otrora gran portero que hoy se come 37 goles por cada tres atajadas, o su decadente política de refuerzos (nada personal contra Ulises Mendivil).
Y sí: a pesar de todo, Pachuca es líder general a la mitad del torneo. Con tan pocos rivales como críticas, ¡qué fácil es ser el equipo de México!
Nos faltan equipos grandes. Esos que compran a los mejores jugadores, que asustan a los árbitros, que jamás pierden en casa y que tienen un estilo de juego avalado por su historia.
Y no es que en México nunca existieran. Cuando River y Boca ya dominaban el panorama argentino, Peñarol y Nacional mandaban en Uruguay, Juventus e Inter en Italia, y así en todos lados; nuestros grandes se llamaban España y Asturias. ¿Qué pasó? Pues eso. Que se llamaban. Cuando el resto del mundo había proclamado a sus equipos grandes, aquí empezábamos de cero.
Si hoy América, Chivas, Cruz Azul y Pumas son llamados así es sólo por su nivel de convocatoria… y eso que ninguno puede llenar su estadio. Sálvese alguna década gloriosa perdida en el tiempo, no los respalda su pasado, y muchísimo menos su presente.
Repróchenme lo que les dé la gana: el hecho es que mientras en todas las ligas menos la francesa, los dos o tres equipos grandes suman entre 20 y 40 campeonatos; los nuestros no llegan ni a la docena. Cuando en el futbol civilizado los clubes no se conforman con salir campeones, sino que ejercen para alcanzar como mínimo el bicampeonato, aquí volver al éxtasis seis meses después resulta una utopía.
El problema es que en México gana cualquier hijo de vecino. Y una liga donde salir campeón es tan fácil, no puede ser competitiva. Los equipos chicos están para incomodar de vez en cuando a los grandes, poner en el mapa a la ciudad en donde juegan y ser tan fuertes como puedan en casa. Su rol no es ganar la liga.
El aficionado mexicano está mal acostumbrado a que su equipo, por chico que sea pueda salir campeón, y cree que con los mismos argumentos México tiene chance de ganar el Mundial. Para ser grande primero hay que saber qué significa.
Si Chivas elimina a River, lo más seguro es que a Eriksson lo corran. ¿Qué tiene que ver la Copa Sudamericana con la eliminatoria mundialista de Concacaf? Nada. A menos que pongamos lo que acontezca en la Champions League en medio de las dos competiciones. ¿De cuál fume? De ninguna: me limito a leer la prensa internacional y después, ato cabos.
El fin de semana se jugaron dos clásicos irrelevantes para el futbol mexicano… aparentemente. En Madrid, la paternidad del Real sobre el Atlético dejó lo de América y Cruz Azul en juego de niños; mientras en Buenos Aires, Riquelme y otros nueve volvieron a ganar en el Monumental. ¿En qué afecta todo esto a la selección mexicana? Aguanten.
Resulta que Diego Simeone, técnico de River e ídolo total en el Atlético será el relevo de Javier Aguirre. Puede ser en dos años… o en dos semanas: todo depende de los resultados de uno y otro. Tras perder el clásico ante Boca, en Argentina juran que si a River lo echan de la Sudamericana, Simeone se va. Y en España garantizan que Aguirre correrá la misma suerte si el Atlético no reacciona contra el Liverpool. ¿Empezamos a intuir cuál es el nexo con Eriksson?
Si River y Atlético no dan señales de vida a partir de mañana, todo se precipitará: Simeone irá al Atlético, Aguirre quedará libre y Sven, a temblar con la sombra del entrenador que todos añoramos, ahora sí listo para encarar el hexagonal.
Ojalá llegue a ver el día en que los problemas estructurales y de fondo que padece el futbol mexicano se reduzcan al sujeto que dirija a la Selección Nacional. Pero mientras eso sucede, Eriksson es una pérdida de tiempo y de dinero. Que se vaya no depende de Honduras… sino de Chivas. ¿O hay que explicarlo con manzanas?