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Con Pelos en la Lengua IV: “Papá por siempre”

por Barak Fever, el 16 de Febrero de 2010, 15 Comentarios

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Columnas, Futbol Mexicano

Papá: ¿Por qué le vamos a Cruz Azul?

por Barak Fever, el 15 de Diciembre de 2009, 40 Comentarios

Padre e hijaÉrase una vez en el tiempo que Necaxa y Atlante llenaban sus estadios, eran grandes, ganaban. Hasta que dejaron de hacerlo, el ayuno se prolongó por décadas y un día, nadie sabe bien cuándo, sus seguidores se refugiaron en la indiferencia tras varios años anclados en la resignación. A mediados de los ’90 Potros y Rayos volvieron a ganar, pero para entonces había pasado tanto tiempo que se encontraron celebrando casi solos. El irreversible abandono de su gente los orilló al exilio: ambos clubes optaron por sobrevivir en el interior de la República.

Hoy martes, en lugar de llorar una nueva derrota, el fanático celeste experimentaría la ilusión de enfrentarse al Barcelona ante los ojos del mundo en Abu Dhabi. Aunque claro: para eso tenían que ser campeones de Concacaf. ¿Y cómo no? También perdieron esa Final.

Entiendo al aficionado que apoya al equipo de su ciudad o región. Comprendo, aunque no comparto, el sentimiento de arraigo de las Chivas, el complejo de superioridad que te invita al América, el amor al buen futbol que a pesar de todo te orilla a ser del Atlas, o la rebeldía innata a los Pumas. Pero irle a Cruz Azul sin venir de Ciudad Cooperativa o de Lagunas, Oaxaca es una necedad que escapa a mi comprensión.

El aficionado azul no solo perdona; también olvida. Solo bajo prescripción amnésica puede asimilar semejante capacidad de sufrimiento sin incurrir en deserción. Hay quien incluso piensa  que el cruzazulino sufre una variante de masoquismo, y opta por nombrarlo “emo”, en lugar del tradicionalmente despectivo “chemo”.

Ni las heridas históricas del Monterrey en el D. F., ni cerrar en casa para olvidarse del trauma que le provocó el Pachuca hace 10 años, ni prohibir la salida de su capitán Torrado al futbol español, ni tener al campeón goleador en sus filas, o la garantía de Enrique Meza en la banca, ni el gol anulado a Baloy en la ida, tampoco el penalti perdonado a Corona en la vuelta, ni siquiera saber que hasta el pequeñito Banfield salió campeón de Argentina ese mismo domingo. Nada, absolutamente nada le sirve a Cruz Azul para huir de su tragicomedia.

No sacaré pecho por intuir que el Monterrey sería campeón tras la muerte de Antonio de Nigris. Eso tiene tan poco mérito, como haber anunciado a los cuatro vientos que Cruz Azul no ganaría la Final. Jugarse el prestigio, con los cementeros de por medio, no invita al menor riesgo porque la ley de probabilidades les hace lo que el viento a Juárez. Todos le ganan al América… menos Cruz Azul. Cualquiera sale campeón… excepto Cruz Azul. Y cuando parece que ya es demasiado, la agonía no hace sino prolongarse un año más.

Por todo lo conseguido hace cuatro décadas, presumen sus fieles que Cruz Azul nació grande. No les falta razón… el problema es que muy pronto dejó de crecer.
Juanito

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Contracrónicas

Gerardo Torrado

Voy a serles franco: ayer en el medio tiempo hasta yo vislumbré a Gerardo Torrado levantar esa copa que tanto se le ha negado. Y por eso me apuré a dedicarle la Contracrónica de esta semana.

Pero ya se sabe: jamás subestimes la capacidad autodestructiva del subcampeonísimo… Por el momento no tengo nada más que agregar.
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por Barak Fever, el 11 de Diciembre de 2009, 34 Comentarios

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Cruz Azul no saldrá campeón

por Barak Fever, el 7 de Diciembre de 2009, 62 Comentarios

Aborrezco las montañas rusas. No me gusta expulsar adrenalina nomás porque sí, odio la inestabilidad de subir y bajar sin ton ni son, y soy incapaz de asociar náuseas con diversión. La liga mexicana me repugna por idénticos motivos.

Montaña RusaApenas en junio, Cruz Azul rotulaba su nombre como el peor equipo del Clausura 2009, y Pumas salía campeón. Seis meses después, Cruz Azul quedará tan cerca del título como Pumas del último lugar. ¿Se puede ser más absurdo?

Como individuo afín a la certidumbre, lo único que logra divertirme en esta feria donde cualquier cosa es posible, es comprobar cada seis meses que Cruz Azul no sale campeón ni reduciendo la Primera División a un triangular entre Tigres, Atlas y cementeros.

Así como entre los juegos mecánicos, siempre hallaba los carritos chocones para pasarla bien; oír el “¡Ahora sí!”, el “Esta es la buena” o el “Cruz Azul para campeón…” me fascina, pues mi memoria me hace determinar que el asfixiante optimismo celeste que ahora pulula por doquier, volverá a desvanecerse tan pronto como su equipo pierda otra vez la final, en un capítulo más de su particular tragicomedia: 24 torneos seguidos sin vuelta olímpica, 1 campeonato conseguido en los últimos 43 intentos, un añito más sin salir campeón.

Cruz Azul avanzó a la final porque se topó en el camino con equipos tan chiquitos como Puebla y Morelia, y para eliminarlos le bastó con unas cuantas cortesías arbitrales. Sé que el Monterrey no es lo que se dice un gigante. Que tras la mano de Torrado, el clavado de Lozano, el gol de Villaluz y la grosería de Huiqui, tranquilamente podría acumularse un regalito más a la cuenta azul. Que por mera ley de probabilidades ya sería demasiado fracasar otra vez.

Pero me sosiega saber que Cruz Azul se defeca históricamente ante la presión de ser favorito. Confío en acertar de nuevo: el único lazo afectivo que me une a este parque de diversiones que todos disfrutan, está en juego.

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Edipo buey

por Barak Fever, el 25 de Agosto de 2009, 1 Comentario

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La sátira dura 90 minutos. La fatalidad predestinada es el eje central del argumento. La torpeza del héroe caído y la piedad que causa su infortunio es, desde hace mucho tiempo, lo único que logra divertirme de la liga mexicana. Ojalá vivieran Sófocles y Eurípides para contemplar el guión de una verdadera tragedia.

Lo gacho no es tener padre, sino odiarlo. En psicología, semejante desviación se explica mediante algo enredado llamado síndrome de alienación parental, o bien exponiendo el complejo de Edipo… sí, el protagonista de tantas tragedias griegas. El caso es que Cruz Azul le ha regalado ya 11 puntos a su detestado progenitor, y con eso lo tiene a salvo del descenso.

La sempiterna derrota celeste desnuda a todos aquellos que se atrevieron a sostener que la historia no significa nada en el futbol. Juega tanto que al minuto 2 un aterrado Cervantes ya había cometido penal. Está tan presente, que Villa casi se mata de rabia al festejar el gol del empate. Cuenta al grado que Corona, presa de los nervios, se transformó en Yosgart para dejar pasar el gol de la derrota. Y eso que ni Cervantes, ni Villa, ni Corona habían sufrido en carne propia ninguno de los 14 episodios previos de la tragedia sin fin.

Porque la estadística juega, Reina se creyó Cristiano Ronaldo… y hasta Esqueda pareció Garrincha. Por lo mismo, nadie reclamó el atropello a Mosquera en el primer gol azul, ni la falta que gestó el segundo. Gracias a la historia, América juega con la certeza de que en ese partido nada puede salirle mal.

Apostar en contra de Cruz Azul en el Clásico Joven es la única forma segura de hacer dinero fácil en tiempos de crisis. Que nadie se queje pues de llegar sin lana al final de la quincena. Desaprovechar la asistencia pública que los cementeros ofrecen dos veces al año es su pedo.

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Sabah nos engañó

por Barak Fever, el 15 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

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Centro de Jaime Lozano. Remate de Julio César Domínguez. Gol. A 10 minutos del final, Cruz Azul empata en el global al Toluca tras impartir cátedra de carácter y amor propio.
Con un hombre menos sabe resistir en campo ajeno, y gana 0-2 contra todo augurio, forzando los tiros penales. Pero algo no checa en el ambiente: es como ver a Lucerito encarnando un papel de villana. Y al final, pasa lo que tenía que pasar. A Cruz Azul no le queda el disfraz de súper héroe.

Entre los últimos 41 campeones de liga, el nombre de Cruz Azul aparece una sola vez. 12 años sin salir campeón. 22 torneos sin dar la vuelta olímpica. 14 partidos sin vencer al América, incluidas 10 derrotas en los últimos cinco años. Aunque ganarle a las Águilas no serviría ni para pagar el enganche de tan asfixiante deuda, al menos habría sido un guiño de buenas intenciones.

Gol del Pikolín Palacios, golazo de Tahuilán, golazazazo del Gringo Castro. En la jornada 10 pasó de todo: hasta Atlas venció a Chivas. Sólo faltó que nevara en algún estadio… o que Cruz Azul derrotara al América.

Miedo hay en todo el mundo. River teme a Boca, el Madrid asusta al Atlético, y sin ir tan lejos Estados Unidos espanta a la Selección Mexicana. A Cruz Azul le da pánico ver en tan mal estado a su eterno rival y asumir la obligación de ganarle. Sabah nos engañó: no es miedo… es PAVOR.

Lo peor del caso es que el odio ya no es mutuo. Ni siquiera porque, gracias a los puntos donados por el bisubcampeón, América no será el último del porcentaje para el torneo que viene. Simplemente es imposible odiar a quien te pone la otra mejilla, por más mal que te caiga. Es como molestar en la escuela a un niño que no se defiende. Para el americanista resulta más interesante tenerle manía a Chivas y a Pumas. El odio requiere un mínimo de respeto.

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La pastilla azul

por Barak Fever, el 9 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

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No existe afición más fiel a su causa que el antiamericanismo. No importa cuántas veces pierda o cuan monótono sea verlo sumergido en la inmundicia: donde haya un televisor encendido a la hora que juega el América, siempre habrá un puñado de infieles regodeados con cada gol sufrido por Memo Ochoa. Como si fuera el último. No ceden ante ningún síntoma de lástima o compasión. Y por eso, América sigue llenando estadios… y columnas.

Llegó Michel Bauer para tapar bocas. Nada. Volvió Pável Pardo para contagiar al equipo de mentalidad ganadora. Nada. El aterrador uniforme de los ochenta fue desenterrado para sembrar el pánico. Nada. Se robaron a Chucho Ramírez: experto en milagros. Y nada.

El auténtico azote del antiamericanismo se llama Cruz y se apellida Azul. Y ya se vislumbra en el camino, tan dispuesto como siempre a aguarnos la fiesta. De hecho, de no ser por la caridad celeste, América sería el último en el descenso de cara a la próxima temporada: con 5 puntos menos que Tigres.

Enfrentar a un rival tan empequeñecido con la obligación de ganarle de una vez por todas es algo que Cruz Azul no puede manejar. Le da miedo (y no son mis palabras). Cuando América vuelva a ser lo que era y lleve la presión del favorito, sólo entonces, Cruz Azul estará en condiciones de vencerlo.

Una semana Chivas mete once goles en el Jalisco y a la siguiente inspira pena desde Caracas hasta Chiapas; al San Luis, que fue cruelmente desmantelado para salvaguardar a sus hermanos, le va mil veces mejor que a ellos; en un santiamén los tristes Pumas ya son líderes… Ni siquiera sabemos si México irá al Mundial, pero sí que el América no pierde contra Cruz Azul. En un futbol rendido a la incertidumbre, esa es la única certeza.

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Columnas, Futbol Mexicano

El Equipo de México

por Barak Fever, el 2 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

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Cruz Azul nació grande, pero muy pronto dejó de crecer. Chivas es tan grande que le da por salir campeón cada 10 años. Y del América, mejor ni hablamos. De modo que a los presuntos grandes del futbol mexicano les viene ídem la etiqueta, y Pachuca aprovechó esa coyuntura para autoproclamarse Equipo de México, al más puro estilo del presidente legítimo Andrés Manuel López Obrador.

Luego de adornar su escudo con la bandera mexicana y un montón de estrellitas en honor a sus títulos nacionales e internacionales, Pachuca alucinó con transformarse en El Equipo del Planeta Tierra, hasta que unos tunecinos lo bajaron a goles de su nube.

Empecinado en beatificarse, El Equipo de México volvió a Japón en diciembre pasado y, esta vez sí, venció a los africanos de en turno. El siguiente obstáculo era el campeón de la Libertadores, que para su buena suerte, este año era ecuatoriano y… ¡púmbale! de vuelta a casa ante la eterna indiferencia del entorno.

A lo mejor tendría que conformarse con ser El Equipo de América. En el Interliga, Pachuca ganaba 3-0 con un hombre más en el campo. No pregunten cómo le empataron, pero luego de padecer los penales más largos de la historia, consiguió su pase a la Libertadores. Bueno, casi. El wannabe equipo de México pronto se convertiría en el primer representante del país que caía en la fase previa.

Que Enrique Meza sea más bueno que Gandhi, no le quita su racha de tres torneos sin Liguilla, ni sus tres fracasos internacionales, su otrora gran portero que hoy se come 37 goles por cada tres atajadas, o su decadente política de refuerzos (nada personal contra Ulises Mendivil).

Y sí: a pesar de todo, Pachuca es líder general a la mitad del torneo. Con tan pocos rivales como críticas, ¡qué fácil es ser el equipo de México!

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Columnas, Selección Mexicana

Esperando al Mesías

por Barak Fever, el 19 de Enero de 2009, Sin Comentarios

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No han salido campeones ni siquiera 10 veces en su historia. No han ganado nada desde hace 13 años. Vamos, que ni siquiera son el equipo consentido de la capital. Y por si fuera poco, siempre pierden el clásico ante el arrogante rival. Sin embargo, siguen creyéndose uno de los tres grandes del país.

¡No! no estoy hablando de Cruz Azul, sino del Atlético de Madrid. Un club extraño, eternamente gobernado por el absurdo, en donde la tensión queda advertida a los cuatro costados. En este epicentro de tragedias que rayan en lo cómico cayó Javier Aguirre hace dos años y medio. Y ahí sobrevive.

Los foros de sus aficionados en Internet son una oda a la ingratitud, y las columnas de mis colegas españoles se unen al clamor que exige su salida. Aunque no integre parte de su discurso, lo que en realidad no pueden tolerar es que un mexicanito sea quien enseñe (y mande) en un club tan importante. Sorprendentemente, al final del día Aguirre sale bien librado de todas las encuestas.

Tiene un aura especial: Nunca en su vida lo han echado y dudo mucho que ahora se consume su primera vez. Viejo conocido de las malas rachas, pronto saldrá de ésta y al final de la temporada podrá irse del Atlético con la frente en alto. Pero se irá.

Entonces será 31 de mayo, y en este lado del Atlántico, Sven Göran Eriksson habrá quemado ya tres municiones del Hexagonal Final: visitas a Columbus y San Pedro Sula, recepción a Costa Rica, y un saldo de 4 puntos si bien nos va. Ese será el panorama cuando el Vasco quede libre, al fin libre.

Todo parecerá perdido y entonces volverá Él: para llevarnos al Mundial como en 2001. ¿Estoy alucinando? ¿Es esto una chaqueta mental producto de mi fanatismo aguirreño? Puede ser… Y puede que no.

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Contracrónicas

Chelito Delgado

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por Barak Fever, el 1 de Enero de 2009, 2 Comentarios

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Contracrónicas

Aficionados Japoneses

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por Barak Fever, el 1 de Enero de 2009, Sin Comentarios

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Contracrónicas

Sergio Markarián

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por Barak Fever, el 1 de Enero de 2009, Sin Comentarios

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La cruz de azul III

por Barak Fever, el 16 de Diciembre de 2008, Sin Comentarios

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Cierto que cualquiera pudo ganar la Final… pero la perdió Cruz Azul. Sí: murió con la cara al sol… pero murió. Una vez más.

Si hubieran señalado el penal a Villaluz, o si hubieran jugado 11 contra 11, o si Yosgart se hubiera lanzado hacia el otro lado… igual hubieran perdido. La desgracia azul es la única certeza que nos queda en el azaroso futbol mexicano: una liga sin equipos chicos ni grandes, donde la única apuesta segura es ir en contra de Cruz Azul, eterno rehén de la tragicomedia.

El hubiera solamente existe como vil refugio a conveniencia de los derrotados. Porque si a Domínguez lo hubieran echado dos partidos por su agresión contra el Atlante, entonces no hubiera podido rematar el gol del empate. Y si Cruz Azul hubiera armado un equipo para ganar la liga, probablemente no hubiera dependido de algo tan frágil como la fortuna de un imberbe portero.

Y ultimadamente, ¿si Comizzo no hubiera enloquecido aquel mediodía en León?… Cruz Azul estaría conmemorando hoy como 400 años de no salir campeón.

Con todo y los recuerdos del ’97, el salón de la fama ubicado en La Noria se ha convertido en una sucursal sureña del Museo Nacional de Antropología e Historia. Y para colmo de males, Billy Álvarez no puede reverdecer vitrinas pues, a algún mugre conspirador se le ocurrió descontinuar la entrega del trofeo al segundo lugar: justo ahora que Cruz Azul empieza a ganar subcampeonatos.

Mientras habiten masoquistas en el planeta, seguirán existiendo cruzazulinos. Y los que el jueves abandonaron el estadio a medio partido, luego de haber conseguido boletos tan cotizados, volverán tan pronto como parezca que “ahora sí”, que “esta es la buena”, que “Cruz Azul para campeón”. El aficionado celeste no sólo perdona. También olvida.

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Columnas, Futbol Mexicano

La cruz de azul II

por Barak Fever, el 9 de Diciembre de 2008, Sin Comentarios

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Irle a Cruz Azul requiere una buena dosis de amnesia. Es la única forma de combatir tanto desencanto sin convertirse en desertor. Mucho más que 11 años; son 22 torneos, apenas un título de los últimos 40 disputados, alineaciones indebidas, promotores, dopings, escándalos…

Y ahí van de nuevo: con banderas asomándose por sus ventanas, con camisetas azules que desfilan libres de polvo allá por donde pases. Cruz Azul vive sus tres días de moda. ¡Ah, caray! ¿Tú también eres cruz azulino? Si no es así, puedes continuar leyendo… de otro modo, párale aquí y mejor ojea qué escribieron los columnistas de al lado. Digo, para evitar el desengaño o la rabia que pueda emanar de esa especie de fanáticos sin memoria.

Ahora sí, les cuento a los que se quedaron… en la final, todo juega a favor del Toluca: mejores jugadores, mejor entrenador, mejor directiva. Más experimentados y más locales. Por si fuera poco, hace tiempo que le tomaron la medida al Cruz Azul en esto de las liguillas.

No estoy diciendo que sea imposible que Cruz Azul gane: esto es futbol y juegan dos equipos profesionales. De hecho el Apertura 2008, bautizado por todo mundo como el peor de todos los tiempos, parece el único marco posible bajo el que un club tan acomplejado al fin pueda coronarse. Eso sí: semejante acontecimiento terminaría por evidenciar que al sistema de competencia le urge una reforma.

Es el duelo por la novena estrella. Si gana Cruz Azul, se pondría a un campeonato del América. Pero si sacan el ábaco, descubrirán que en 1980 los cementeros aventajaban 7 por 3 a las águilas en este renglón. Del mismo modo, la dieta de triunfos convirtió el aplastante 8 – 3 sobre Toluca en un apasionante empate a ocho títulos. Ganar la liga no saldaría la enorme deuda, pero al menos serviría para el enganche.

Aunque a La Máquina le cueste una barbaridad, salir campeón en México es bastante fácil. Y más desde 1996, cuando la repartición de estrellitas remató al 2 x 1. Haces un torneo gris, ganas dos partidos en la liguilla y ¡zaz!: ya estás en la final. Es ahora Cruz Azul… o quién sabe hasta cuándo.

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Columnas, Futbol Mexicano

En tierra de ciegos…

por Barak Fever, el 12 de Noviembre de 2008, Sin Comentarios

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Nos faltan equipos grandes. Esos que compran a los mejores jugadores, que asustan a los árbitros, que jamás pierden en casa y que tienen un estilo de juego avalado por su historia.

Y no es que en México nunca existieran. Cuando River y Boca ya dominaban el panorama argentino, Peñarol y Nacional mandaban en Uruguay, Juventus e Inter en Italia, y así en todos lados; nuestros grandes se llamaban España y Asturias. ¿Qué pasó? Pues eso. Que se llamaban. Cuando el resto del mundo había proclamado a sus equipos grandes, aquí empezábamos de cero.

Si hoy América, Chivas, Cruz Azul y Pumas son llamados así es sólo por su nivel de convocatoria… y eso que ninguno puede llenar su estadio. Sálvese alguna década gloriosa perdida en el tiempo, no los respalda su pasado, y muchísimo menos su presente.

Repróchenme lo que les dé la gana: el hecho es que mientras en todas las ligas menos la francesa, los dos o tres equipos grandes suman entre 20 y 40 campeonatos; los nuestros no llegan ni a la docena. Cuando en el futbol civilizado los clubes no se conforman con salir campeones, sino que ejercen para alcanzar como mínimo el bicampeonato, aquí volver al éxtasis seis meses después resulta una utopía.

El problema es que en México gana cualquier hijo de vecino. Y una liga donde salir campeón es tan fácil, no puede ser competitiva. Los equipos chicos están para incomodar de vez en cuando a los grandes, poner en el mapa a la ciudad en donde juegan y ser tan fuertes como puedan en casa. Su rol no es ganar la liga.

El aficionado mexicano está mal acostumbrado a que su equipo, por chico que sea pueda salir campeón, y cree que con los mismos argumentos México tiene chance de ganar el Mundial. Para ser grande primero hay que saber qué significa.

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