Posts etiquetados como ‘Futbol Neanderthal’
por Barak Fever, el 24 de Febrero de 2010, 43 Comentarios
En México abundan dos grandes especies de aficionados: aquellos que creen que todo se resuelve con güevos, y los que piensan que el futbol es cuestión de mentalidad. A ambos les cuesta entender que a Sudáfrica viajan ocho selecciones para ganar el Mundial, y que las demás son digno relleno.
Obvian que antes de sus premisas, el futbol es velocidad, rigor táctico, puntería, agilidad mental, dinámica colectiva, técnica individual y otros detalles de los que carecen nuestros jugadores a la hora de ser contrastados con los mejores del mundo, y por eso son presa fácil de las bobas campañas triunfalistas de las televisoras o del Récord.
Holanda ha avanzado una vez a semifinales en los últimos 32 años, España lo consiguió en una sola ocasión en toda su historia, Inglaterra ganó su Mundial pero ni antes ni después logró quedar entre los tres primeros. Como aquí sí estamos mencionando a selecciones con abundancia de futbolistas con las cualidades arriba citadas, sí que podemos hablar de mentalidad, de pensar positivo, de creérsela, de enterrar la historia, de “sí se puede”.
En contraparte, entre 1994 y 2002 Suecia, Bulgaria, Croacia, Corea y Turquía; selecciones con limitantes similares a las nuestras alcanzaron semifinales (la Final sigue siendo zona NRDA). ¿Y qué pasó después? Volvieron a su verdadero nivel. Entonces, no es tanto una cuestión de que no podemos… en realidad, no debemos. No con estas bases.
Ganar la Copa del Mundo, alcanzar semifinales de perdis, sería lo peor que podría pasarnos en la vida. Eso significaría que nuestro futbol no requiere estar dirigido por sociedades cuyas prioridades sean deportivas, desmantelaría las sospechas de que nuestro sistema de competencia es foco de infecciosa mediocridad, sugeriría que bastan 25 equipos profesionales e independientes en todo el país para generar futbolistas, que los demás clubes pueden seguir apareciendo, mudándose y desapareciendo sin complejos; que el número de ascensos y descensos es ideal, que la corrupción en fuerzas básicas puede prolongarse por los siglos de los siglos, que el mundo vive equivocado por abstenerse de poner a jugar a futbolistas mexicanos en sus clubes. Que tengamos que gritar: ¡Viva el pacto de caballeros y la oligarquía! ¡Vivan los amistosos en Estados Unidos! ¡Seis boletos para Concacaf, ya!
Para tranquilidad de unos cuantos, no pasará. Aunque los demás pueden soñar… el día en que los sueños cuesten, persistirán muy pocos soñadores.
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por Barak Fever, el 7 de Diciembre de 2009, 62 Comentarios
Aborrezco las montañas rusas. No me gusta expulsar adrenalina nomás porque sí, odio la inestabilidad de subir y bajar sin ton ni son, y soy incapaz de asociar náuseas con diversión. La liga mexicana me repugna por idénticos motivos.
Apenas en junio, Cruz Azul rotulaba su nombre como el peor equipo del Clausura 2009, y Pumas salía campeón. Seis meses después, Cruz Azul quedará tan cerca del título como Pumas del último lugar. ¿Se puede ser más absurdo?
Como individuo afín a la certidumbre, lo único que logra divertirme en esta feria donde cualquier cosa es posible, es comprobar cada seis meses que Cruz Azul no sale campeón ni reduciendo la Primera División a un triangular entre Tigres, Atlas y cementeros.
Así como entre los juegos mecánicos, siempre hallaba los carritos chocones para pasarla bien; oír el “¡Ahora sí!”, el “Esta es la buena” o el “Cruz Azul para campeón…” me fascina, pues mi memoria me hace determinar que el asfixiante optimismo celeste que ahora pulula por doquier, volverá a desvanecerse tan pronto como su equipo pierda otra vez la final, en un capítulo más de su particular tragicomedia: 24 torneos seguidos sin vuelta olímpica, 1 campeonato conseguido en los últimos 43 intentos, un añito más sin salir campeón.
Cruz Azul avanzó a la final porque se topó en el camino con equipos tan chiquitos como Puebla y Morelia, y para eliminarlos le bastó con unas cuantas cortesías arbitrales. Sé que el Monterrey no es lo que se dice un gigante. Que tras la mano de Torrado, el clavado de Lozano, el gol de Villaluz y la grosería de Huiqui, tranquilamente podría acumularse un regalito más a la cuenta azul. Que por mera ley de probabilidades ya sería demasiado fracasar otra vez.
Pero me sosiega saber que Cruz Azul se defeca históricamente ante la presión de ser favorito. Confío en acertar de nuevo: el único lazo afectivo que me une a este parque de diversiones que todos disfrutan, está en juego.
Etiquetas: cruz azul, Futbol Neanderthal
por Barak Fever, el 2 de Junio de 2009, Sin Comentarios

Playeras estilo Rinbros con un feísimo estampado de Campeón. 87 soldados de la cerveza Sol, cuya única misión era ensuciar con sus letreritos toda escena susceptible de quedar perpetuada en la memoria. Un festejo tercermundista digno de una liga Neanderthal, que coronó al equipo menos malo de su torneo exprés.
Las ligas del futbol sapiens también concluyeron el domingo. Mucho se ha escrito ya del discreto, cuando no nulo rendimiento de los mexicanos en Europa; pero poco se ha dicho de los semidioses extranjeros que emigraron a un futbol de verdad en los últimos años.
Vicente Sánchez: Unánimemente elegido como el mejor futbolista que pasara por aquí en los últimos tiempos. Hace 18 meses que se fue al Schalke y desde entonces metió un solo gol. El equipo alemán quedó en octavo lugar… su peor registro en 10 años.
César Delgado: Quien no afirmase en algún momento de éxtasis que al Chelito le venía pequeña nuestra liga, puede tirar pedradas. Hace un año y medio por fin se fue y desde entonces completó el 25% de los partidos como titular amén de dos goles. Luego de salir campeón durante siete torneos seguidos, Lyon quedó tercero.
Aquivaldo Mosquera: El vanagloriado mejor defensa del futbol mexicano jamás logró afianzarse con la titularidad del Sevilla y, al no tener nivel para jugar en un equipo de Champions League, hoy encabeza la lista de transferibles.
Diego Colotto fue titular en apenas nueve partidos del Depor, Esteban Solari nomás metió un gol en el Almería (… y de penal), Emanuel Villa hizo tres con el Derby County y casi desciende a tercera división, igual que el Celta de Ariel Rosada.
Las ridículas fallas de Dante y Calero en la Gran Final retratan el nivel de nuestro grotesco torneo. El desempeño de sus figuras cuando salen a un mundo mejor no deja lugar al debate.
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por Barak Fever, el 19 de Mayo de 2009, Sin Comentarios

El mexicano se las da de digno por naturaleza. Llevarnos nuestro balón y dejar al resto plantado en el patio del colegio apenas asome la intolerable injusticia o aflore el maltrato de los gandallas, es una de nuestras tradiciones más pueriles. Kiko, el vecino del Chavo ilustró esta conducta mejor que nadie: de la mano de Doña Florinda, y al grito de ¡chusma, chusma!
Los personajes de Chespirito calaron en la cultura sudamericana como no pudo hacerlo ningún otro mexicano: cantante, escritor o en lo que nos concierne, equipo de futbol.
Por lo demás, para ellos somos Méjico con jota, que da lo mismo. Rara vez utilizan el término ‘Latinoamericano’, porque eso implicaría incluirnos en el vecindario, por lo que prefieren segregarse con el uso del vocablo ‘Sudamericano’. Y en lo que al futbol se refiere, nos han tratado como apestados mucho antes de la gripe porcina.
De modo que, con el cobijo de aficionados y periodistas en general, la FMF se envalentonó para anunciar su ruptura con Conmebol. “Ellos pierden más que nosotros”… “Las participaciones continentales no le han dejado nada a México”, vociferan con desmedidos aires de grandeza los más recatados.
Nuestro gran orgullo es llevarnos lo único que les interesa a los del sur: patrocinadores. Pero lo constante es que en 16 años los equipos mexicanos quedaron eliminados de 7 ediciones de la Copa América, de 12 Copas Libertadores, 6 Copas Sudamericana, 2 Copas Merconorte, y una Recopa. Con un solo título de 29 disputados nos vamos sin haber demostrado ser mejores que ellos: ni moral ni deportivamente.
Si no nos gusta el trato que recibimos como invitados, lo mejor sería pelear por una membrecía que nos permitiera competir con plenos derechos y obligaciones. Pero lo más sencillo es largarnos… Y llevarnos nuestro balón.
Etiquetas: Futbol Neanderthal, La Prensa Nuestra, México y la Conmebol
por Barak Fever, el 5 de Mayo de 2009, 1 Comentario

Iba a ser un partidazo: Atlético Morelia, por el pase a la Liguilla y Santos Laguna, por su permanencia en Primera División. Todos los agravantes de la última jornada estaban puestos en el nuevecito Estadio Morelos, pero lo único que vio su entonces mocoso servidor fue el partido más vergonzoso que registre en su memoria. Un 0-0 descarado con el que ambos alcanzaron sus vulgares objetivos. E Irapuato descendió.
Crecí contemplando el descenso bajo sospecha. Cuando Puebla no compraba la franquicia del recién ascendido Curtidores para librarse cínicamente de la Primera A, el Atlante se las ingeniaba para canjear su descenso a cambio de 5 millones de dólares que por supuesto nunca pagó. Un año Felipe Ramos Rizo vendió su carrera a la causa de Jaguares, y al otro Querétaro bajó por santo decreto de la Federación, previo ajuste a su honorable reglamento.
A 18 años de aquel Morelia – Santos estamos igual. Si tuviéramos tres descensos como todos los países del futbol sapiens, no sólo la competencia sería más férrea, sino que sacudiríamos de un plumazo a los equipos mediocres que subsisten cada temporada. Además, al promover tres plazas de ascenso, las consecuencias de caer un añito en Primera A serían menos trágicas, y por ende no habría tanto en juego, ni semejante desconfianza alrededor del América – Necaxa en turno.
El sábado Cruz Azul se jugaría el pellejo en Chiapas, y este año todo mundo estaría pendiente de la siempre porcina Liguilla de Primera A, pues ahí estaría el América luchando por el ascenso.
Lo que tenemos en cambio es una tabla porcentual desequilibrada y confusa, un solo descenso que ni siquiera condena al peor, y una Primera A convertida en repugnante congal de mala muerte, en lugar de un centro de rehabilitación para volver a la alta competencia.
Etiquetas: América, Futbol Neanderthal, Necaxa
por Barak Fever, el 22 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

Abandono del aficionado, fuga de patrocinios, espeluznante caída en la venta de periódicos deportivos y los ratings más bajos de la historia. Estado de quiebra y en conclusión, menos chamba y peor pagada para mí y para mis colegas. En pleno goce de mis facultades mentales, lo asumo y lo repito: espero que México no califique al Mundial.
Colgados ya de la irremediable crisis económica, más vale tocar fondo en pos de un futuro mejor. El futbol mexicano lleva 15 años estancado, y no existe salida del círculo vicioso, a no ser por la mala. Lo siento sinceramente por aquellos que morirían sin ver a México jugar el quinto partido, en aras de lograrlo bajo una estructura.
Una vez digerida la depresión, entonces sí: a modificar el sistema de incompetencia que reina en Primera División, a implementar ascensos y descensos como dios manda en divisiones inferiores, a erradicar las multi propiedades, a abrir los derechos de transmisión a la libre competencia, a pisotear el pacto de caballeros, a liberar los uniformes de micro patrocinios… A derrumbar la oligarquía que gobierna nuestro futbol y antepone siempre el beneficio de sus empresas.
Sé que está difícil. Con meros argumentos matemáticos, apenas dos selecciones y media quedarán eliminadas del hexagonal. Encima, de ocurrir el desastre, nadie garantiza que mi revolución imaginaria termine por llevarse a cabo. Aunque fuera la única oportunidad de reestructurar un futbol tan fermentado desde fuerzas básicas.
Si en vez de virtudes balompédicas, el Mundial se tratara de exhibir el índice de desarrollo humano de cada país, con la ONU como órgano rector en lugar de la FIFA, México ni siquiera habría calificado al hexagonal de Concacaf. La cosa es mucho más complicada en salud, economía y educación. Empecemos entonces por el futbol.
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por Barak Fever, el 9 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

No existe afición más fiel a su causa que el antiamericanismo. No importa cuántas veces pierda o cuan monótono sea verlo sumergido en la inmundicia: donde haya un televisor encendido a la hora que juega el América, siempre habrá un puñado de infieles regodeados con cada gol sufrido por Memo Ochoa. Como si fuera el último. No ceden ante ningún síntoma de lástima o compasión. Y por eso, América sigue llenando estadios… y columnas.
Llegó Michel Bauer para tapar bocas. Nada. Volvió Pável Pardo para contagiar al equipo de mentalidad ganadora. Nada. El aterrador uniforme de los ochenta fue desenterrado para sembrar el pánico. Nada. Se robaron a Chucho Ramírez: experto en milagros. Y nada.
El auténtico azote del antiamericanismo se llama Cruz y se apellida Azul. Y ya se vislumbra en el camino, tan dispuesto como siempre a aguarnos la fiesta. De hecho, de no ser por la caridad celeste, América sería el último en el descenso de cara a la próxima temporada: con 5 puntos menos que Tigres.
Enfrentar a un rival tan empequeñecido con la obligación de ganarle de una vez por todas es algo que Cruz Azul no puede manejar. Le da miedo (y no son mis palabras). Cuando América vuelva a ser lo que era y lleve la presión del favorito, sólo entonces, Cruz Azul estará en condiciones de vencerlo.
Una semana Chivas mete once goles en el Jalisco y a la siguiente inspira pena desde Caracas hasta Chiapas; al San Luis, que fue cruelmente desmantelado para salvaguardar a sus hermanos, le va mil veces mejor que a ellos; en un santiamén los tristes Pumas ya son líderes… Ni siquiera sabemos si México irá al Mundial, pero sí que el América no pierde contra Cruz Azul. En un futbol rendido a la incertidumbre, esa es la única certeza.
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por Barak Fever, el 2 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

Cruz Azul nació grande, pero muy pronto dejó de crecer. Chivas es tan grande que le da por salir campeón cada 10 años. Y del América, mejor ni hablamos. De modo que a los presuntos grandes del futbol mexicano les viene ídem la etiqueta, y Pachuca aprovechó esa coyuntura para autoproclamarse Equipo de México, al más puro estilo del presidente legítimo Andrés Manuel López Obrador.
Luego de adornar su escudo con la bandera mexicana y un montón de estrellitas en honor a sus títulos nacionales e internacionales, Pachuca alucinó con transformarse en El Equipo del Planeta Tierra, hasta que unos tunecinos lo bajaron a goles de su nube.
Empecinado en beatificarse, El Equipo de México volvió a Japón en diciembre pasado y, esta vez sí, venció a los africanos de en turno. El siguiente obstáculo era el campeón de la Libertadores, que para su buena suerte, este año era ecuatoriano y… ¡púmbale! de vuelta a casa ante la eterna indiferencia del entorno.
A lo mejor tendría que conformarse con ser El Equipo de América. En el Interliga, Pachuca ganaba 3-0 con un hombre más en el campo. No pregunten cómo le empataron, pero luego de padecer los penales más largos de la historia, consiguió su pase a la Libertadores. Bueno, casi. El wannabe equipo de México pronto se convertiría en el primer representante del país que caía en la fase previa.
Que Enrique Meza sea más bueno que Gandhi, no le quita su racha de tres torneos sin Liguilla, ni sus tres fracasos internacionales, su otrora gran portero que hoy se come 37 goles por cada tres atajadas, o su decadente política de refuerzos (nada personal contra Ulises Mendivil).
Y sí: a pesar de todo, Pachuca es líder general a la mitad del torneo. Con tan pocos rivales como críticas, ¡qué fácil es ser el equipo de México!
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por Barak Fever, el 23 de Febrero de 2009, Sin Comentarios

Gracias a dios es martes. Y lo mejor de todo: ¡mañana es miércoles! Ahora, días históricamente tan grises como el segundo y tercero de la semana, se ven alegremente pintarrajeados por cortesía de la UEFA y su Champions League.
El gran cartel que se colgó hace 67 insufribles tardes, programaba tres guerras entre ingleses e italianos: Arsenal y Roma en lucha de gigantes, Chelsea contra Juventus en una carnicería entre todopoderosos, y Manchester frente a Inter en la madre de todas las batallas.
Líder de la liga inglesa versus líder del Calcio… Campeón de Inglaterra contra campeón de Italia… El bicampeón de la Premier frente al tricampeón de la Serie A… Cristiano Ronaldo ante Ibrahimovic… Ferguson y Mourinho… Goliat Vs Goliat. Tan sólo imaginarlos frente a frente eriza la piel.
El increíble paisaje de cuatro finales adelantadas en pleno febrero se colma con la epopeya protagonizada por Liverpool y Real Madrid. Junto a la del Milan (este año descendida a la Copa UEFA), las camisetas más pesadas de la historia. Ambos equipos son doctores en victorias inmerecidas: ¿Qué temerario se atreve a apostar en contra de alguno?
Encima, el maravilloso banquete ofrece también a un Barcelona que se encontrará a la mitad del bosque con el temible heptacampeón de Francia, un Atlético-Porto bastante apetecible, y los trámites en el camino de Bayern y Villarreal: únicos clubes con la vida resuelta hasta cuartos de final.
Incomprensiblemente, hay quien sigue esperando que el buen futbol salga de las oficinas de Decio y sus secuaces. Quienes de veras gustan del deporte más querido por su dosis de brillantez, intensidad y seriedad no se amargan la vida cada fin de semana. La espera fue cruel, pero a los que preferimos Toblerone en vez de Tin Larín nos llegó la hora del empacho.
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por Barak Fever, el 26 de Enero de 2009, Sin Comentarios

¡La neta, qué padre les salió! ¡Qué civilizados! ¡Qué bonita tradición! Ahora, ya entrados en copiarle descaradamente a la niña lista del salón, bien podríamos fusilarnos algo más allá de sus lindos márgenes en color rojo carmín.
¿Qué tal si empezamos por plagiarnos su sistema de competencia? No es tan complicado como parece: el mejor sale campeón y el peor desciende. Los que quedaron abajito del líder, reciben el premio de calificar a los torneos internacionales¬; los que terminaron arribita del colero, bajan con él por ser igual de maletas.
Para enfrentar la alarmante sequía de futbolistas nacionales, quizá sería bueno reactivar nuestras divisiones inferiores, simulando lo que hacen por allá. Bastará con aumentar considerablemente el número de ascensos y descensos entre Tercera, Segunda y Primera A. Además, las aisladas aficiones y jugadores de esos equipos podrían ser integrados a la fiesta mediante un emocionante torneo de Copa, igualito al de aquellos: así, nadie extrañará Liguillas, Superligas, Interligas, ni demás adefesios.
Ya si aspiramos a sacarnos un 10 en lugar del panzazo, bien haríamos en sacarle fotocopias a los apuntes de esa niña que tanto nos gusta. Descubriríamos que ahí nadie debate sobre la españolidad del argentino Pernía ni del brasileño Senna. Que los equipos llamados grandes son Grandes en serio y ejercen ganando allá por donde se paran. Y que el resto de clubes al menos enaltecen sus colores, salvaguardando de publicidad los alrededores de su sacrosanto escudo.
Sí: el futbol sapiens tiene sus encantos, y hay un montón de detalles que podemos aprenderle nosotros los neandertales. Claro que… imitar la mamada del pasillo es lo más fácil de todo.
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por Barak Fever, el 9 de Diciembre de 2008, Sin Comentarios

Irle a Cruz Azul requiere una buena dosis de amnesia. Es la única forma de combatir tanto desencanto sin convertirse en desertor. Mucho más que 11 años; son 22 torneos, apenas un título de los últimos 40 disputados, alineaciones indebidas, promotores, dopings, escándalos…
Y ahí van de nuevo: con banderas asomándose por sus ventanas, con camisetas azules que desfilan libres de polvo allá por donde pases. Cruz Azul vive sus tres días de moda. ¡Ah, caray! ¿Tú también eres cruz azulino? Si no es así, puedes continuar leyendo… de otro modo, párale aquí y mejor ojea qué escribieron los columnistas de al lado. Digo, para evitar el desengaño o la rabia que pueda emanar de esa especie de fanáticos sin memoria.
Ahora sí, les cuento a los que se quedaron… en la final, todo juega a favor del Toluca: mejores jugadores, mejor entrenador, mejor directiva. Más experimentados y más locales. Por si fuera poco, hace tiempo que le tomaron la medida al Cruz Azul en esto de las liguillas.
No estoy diciendo que sea imposible que Cruz Azul gane: esto es futbol y juegan dos equipos profesionales. De hecho el Apertura 2008, bautizado por todo mundo como el peor de todos los tiempos, parece el único marco posible bajo el que un club tan acomplejado al fin pueda coronarse. Eso sí: semejante acontecimiento terminaría por evidenciar que al sistema de competencia le urge una reforma.
Es el duelo por la novena estrella. Si gana Cruz Azul, se pondría a un campeonato del América. Pero si sacan el ábaco, descubrirán que en 1980 los cementeros aventajaban 7 por 3 a las águilas en este renglón. Del mismo modo, la dieta de triunfos convirtió el aplastante 8 – 3 sobre Toluca en un apasionante empate a ocho títulos. Ganar la liga no saldaría la enorme deuda, pero al menos serviría para el enganche.
Aunque a La Máquina le cueste una barbaridad, salir campeón en México es bastante fácil. Y más desde 1996, cuando la repartición de estrellitas remató al 2 x 1. Haces un torneo gris, ganas dos partidos en la liguilla y ¡zaz!: ya estás en la final. Es ahora Cruz Azul… o quién sabe hasta cuándo.
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por Barak Fever, el 12 de Noviembre de 2008, Sin Comentarios

Nos faltan equipos grandes. Esos que compran a los mejores jugadores, que asustan a los árbitros, que jamás pierden en casa y que tienen un estilo de juego avalado por su historia.
Y no es que en México nunca existieran. Cuando River y Boca ya dominaban el panorama argentino, Peñarol y Nacional mandaban en Uruguay, Juventus e Inter en Italia, y así en todos lados; nuestros grandes se llamaban España y Asturias. ¿Qué pasó? Pues eso. Que se llamaban. Cuando el resto del mundo había proclamado a sus equipos grandes, aquí empezábamos de cero.
Si hoy América, Chivas, Cruz Azul y Pumas son llamados así es sólo por su nivel de convocatoria… y eso que ninguno puede llenar su estadio. Sálvese alguna década gloriosa perdida en el tiempo, no los respalda su pasado, y muchísimo menos su presente.
Repróchenme lo que les dé la gana: el hecho es que mientras en todas las ligas menos la francesa, los dos o tres equipos grandes suman entre 20 y 40 campeonatos; los nuestros no llegan ni a la docena. Cuando en el futbol civilizado los clubes no se conforman con salir campeones, sino que ejercen para alcanzar como mínimo el bicampeonato, aquí volver al éxtasis seis meses después resulta una utopía.
El problema es que en México gana cualquier hijo de vecino. Y una liga donde salir campeón es tan fácil, no puede ser competitiva. Los equipos chicos están para incomodar de vez en cuando a los grandes, poner en el mapa a la ciudad en donde juegan y ser tan fuertes como puedan en casa. Su rol no es ganar la liga.
El aficionado mexicano está mal acostumbrado a que su equipo, por chico que sea pueda salir campeón, y cree que con los mismos argumentos México tiene chance de ganar el Mundial. Para ser grande primero hay que saber qué significa.
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por Barak Fever, el 4 de Noviembre de 2008, Sin Comentarios

Como no hay nada qué escribir, se ha vuelto el tema de moda: nuestra liga no ofrece espectáculo. Recurrir al cliché los convierte en periodistas serios, frontales, analíticos. Mi pregunta es: ¿Apenas se dieron cuenta?
Permítanme informarles que el Apertura 2008 no ha sido peor que los quince anteriores. El promedio de goles es similar, la cantidad de partidos digeribles idéntica, y la irregularidad de los equipos es la misma de siempre. Lo bueno es que al fin hemos descubierto que la liga mexicana, esa que un periódico insensato bautizó como la mejor del continente, es en realidad una basura.
Pero ya viene la liguilla y con ella el espectáculo ¿no? De hecho, por culpa de la maldita liguilla, las 17 semanas previas son insufribles, pues el torneo regular se reduce a una sosa etapa de clasificación. No voy a negar que a mí, como a todos, me emocionan los partidos a muerte directa, donde al final sale campeón cualquiera; y para eso hay instancias: en el mundo del futbol civilizado se llaman torneos de copa.
La liga es otra cosa. Y debe jugarse de agosto a mayo. El que más puntos sume tiene que salir campeón, los dos siguientes de la tabla han de acompañarlo a la Libertadores, el cuarto y el quinto irán a la Sudamericana, y los tres peores al descenso. La fórmula del anhelado espectáculo es así de sencilla: libre de liguilla, de tabla porcentual y de Interliga. Sin torneos cortos, ni cambios de sede, o filiales que obstruyan las plazas de ascenso.
Necesitamos el equilibrio y la certidumbre de tener equipos grandes y equipos chicos. Los cuatro grandes siempre saldrán campeones y el resto se conformará con calificar a los torneos continentales, o ya de perdis, salvarse del descenso. Así funciona en todos lados. ¿Por qué seremos tan diferentes?
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por Barak Fever, el 10 de Julio de 2008, Sin Comentarios

No existe sensación más desagradable que la gloria pasajera. Su nombre científico es síndrome del domingo por la noche, y se le conoce popularmente como “volver a la realidad”. Todos lo hemos sufrido: un día te toca regresar a clases después de vacaciones, o llegar a casa para dormir solo en tu triste cama, o asimilar que después de todo tu equipo sigue siendo tan perdedor como siempre.
Una vez fuimos campeones del mundo sub 17: era el 2 de octubre de 2005. El gusto nos duró como 550 días, pues para abril de 2007 México era incapaz de tan siquiera calificar al Mundial de la categoría en pos de defender tan meritorio título.
Tuvimos poco más de medio año para ir a cualquier playa y aprovechar la oportunidad de presumirle, balón en mano, al primer extranjero que pasara por ahí, que en México se jugaba el mejor futbol playero del mundo después de Brasil. Hoy es demasiado tarde para alardes, pues el Mundial de Marsella nos envió de vuelta a la realidad. Tan cruda, tan carente de estructura, tan nuestra.
Se acabó la utopía del futbol playa, como antes la del levantamiento de pesas o la de los 400 metros planos; al igual que futuramente se nos difuminará el sueño del golf. Los éxitos de nuestro deporte (sálvense clavados y tae kwon do) son irrepetibles frutos del milagro.
En España Real Madrid salió bicampeón, en Italia fue el Inter y en Inglaterra el Manchester. En Francia, Portugal y Holanda; Lyon, Porto y PSV refrendaron sus títulos como siempre. Y en Alemania, el Bayern hará lo propio el año que viene, porque en Europa los clubes no salen campeones y ya: ejercen como tales, mientras en México ningún equipo es capaz de mantener su jerarquía seis meses después del éxtasis.
Lo que sí repetimos siempre es nuestra eliminación en los octavos del Mundial. Nada para presumir, tampoco para avergonzarse. El problema no es llegar a cuartos de final, en donde algún día estaremos por mera ley de probabilidades. Lo difícil vendrá cuatro años después, cuando sea hora de reivindicar la hazaña. En el deporte mexicano todos los días son domingo al anochecer.
Etiquetas: Futbol Neanderthal, Futbol Playa, Tercermundismo