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por Barak Fever, el 21 de Octubre de 2009, 20 Comentarios

Y aquí vamos de nuevo: Ochoa dice que México irá con la mentalidad de ganar el Mundial, Justino asegura que la meta está más allá del quinto partido, y yo soy incapaz de llorar, ni de reír porque ya lo he probado todo.
Es la historia sin fin: a tres años de la Copa del Mundo ganaremos la eliminatoria caminando, al año siguiente tenemos un pie fuera por perder en Honduras, el año previo ya estamos para ser protagonistas, y en el año del Mundial el cuento se acaba en cuatro partidos. Así funciona nuestro futbol, y no cambiará nunca mientras su fórmula tenga tanto éxito como la Coca-Cola.
Jugadores y directivos se hacen chaquetas mentales, la prensa las reproduce y se alinea a la buena vibra, la afición se une al irreflexivo “sí se puede”, hasta que a mitad del torneo se nos aparecen once futbolistas mejores que los nuestros para devolvernos nuestra realidad extraviada. Para entonces, el consumo está hecho y la maquinaria de ilusiones sin sustento no hace más que resetearse para volver a empezar.
La verdad es que ni llevándose el Estadio Azteca a Sudáfrica, la Selección Nacional aspiraría a profanar con su presencia las instancias finales del Mundial. El objetivo real es superar la fase de grupos y nada más. Pasar esa barrera sería un nocivo espejismo, y no producto de un trabajo coherente para estar entre los ocho mejores.
Seamos serios: No tenemos a ninguno de los 50 jugadores más grandes del mundo. De nuestra legión europea, apenas tres futbolistas cuentan para sus técnicos. Y nuestra liga no ha crecido en absoluto en los últimos cuatro, ocho, ni 16 años.
Si fuera por mentalidad, yo también optaría al Nobel de Literatura con esta columna. Podría, ya de perdis, empezar por ser el mejor del periódico… y México, no lo olvidemos, lleva tres mundiales sin ser siquiera el mejor de Concacaf.
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por Barak Fever, el 1 de Septiembre de 2009, 65 Comentarios

PRIMERA LLAMADA… Ahora sí, podemos decirlo sin tapujos ni inhibiciones: el mejor equipo de todos los tiempos tiene a dos mexicanos en su plantel. Gudjohnsen se marchó al Monaco y dejó al FC Barcelona con apenas seis mediocampistas, incluido Jonathan Dos Santos. En enero, cuando Keita y Touré se vayan a la Copa África, Jona solo tendrá a Xavi, Iniesta y Busquets por delante. ¡Lo que son las cosas! Este año, Jonathan jugará más minutos en el Barça que Giovani en el Tottenham.
SEGUNDA LLAMADA… Nos mantenemos en cuarto lugar, permanecemos debajo de Estados Unidos, seguimos ganando en el Estadio Azteca y continuamos perdiendo fuera. Las cosas no han cambiado absolutamente nada en el Hexagonal y ya empiezo a leer que México sacará la victoria de San José. Si Costa Rica pierde, caerá del liderato hasta el cuarto lugar; y como todo concacafquiano que se precie, el sábado en casa su selección endeble se transformará en abominable monstruo de once cabezas dispuesto a devorarnos. Esa historia ya la vi en Kingston, San Pedro (dos veces), Columbus y San Salvador. Ahí viene el Episodio VI y todavía no se la aprenden.
TERCERA LLAMADA… Habían varias computadoras en la oficina, pero sólo dos con Internet. Quería escribirle un mail a la chava que me tenía cacheteando la banqueta y aguardé ansioso al momento en que Enrique Garay dejara libre la máquina. Cuando al fin lo hizo, giré a diestra y siniestra y, sin moros en la costa, me apresuré a abrir el Explorer. Escribí la dirección de correo electrónico en lo que, más tarde sabría, se llamaba barra de búsqueda. Apreté Enter y no pasó nada… Pocos días después supe abrir mi cuenta en Hotmail y pude enviarle un par de mensajes a Yolanda, que todavía no me contesta. Era 1999: me habían bateado de nuevo, pero por primera vez le hablaba de tú a la computadora.
COMENZAMOS… Hoy, a 10 años de mi primer mail, por fin estreno blog. Sí: un poco tarde, pero sin sueño. Nos vemos en FutbolSapiens.com.
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por Barak Fever, el 4 de Agosto de 2009, 2 Comentarios
La historia entre México y Estados Unidos nació mal parida. No hablo por supuesto, de la invasión del año mil ochocientos cuarenta y tantos, sino del primer partido de futbol jugado entre ambas naciones en 1934: cuando EU nos dejó fuera del Mundial con cuatro goles de un tal Donelli.
Cuentan las crónicas de la época que el estadio romano en donde se celebró el partido estaba a reventar, que Mussolini no encontró mejor pendiente en su agenda que asistir puntual al palco de honor, y que México jugó mejor que los gringos a pesar de la goleada. Sí: la prensa deportiva infla absurda e impunemente a la selección desde los tiempos más remotos.
Si bien las cosas cambiaron sustancialmente en los 60 años subsecuentes a tan insigne encuentro, en 1991 EU comenzó a construir una hegemonía que este año cumple ya la mayoría de edad. La patética exhibición de la selección C estadounidense en Nueva York (entendiendo que los suplentes de la Confederaciones vendrían a ser el representativo B) no altera 18 años de una paternidad que podría certificarse en el Estadio Azteca: la única trinchera en todo el planeta donde la selección mexicana se siente a salvo de los gringos.
Hoy, a juzgar por el ventajista horario del partido: a las 3 PM por si las moscas, hasta la fe en el recinto sagrado ha dejado de ser ciega. Es cierto que la US Soccer también aprovecha las condiciones de Columbus para enfrentar a México, pero jamás ha llegado a la desfachatez de programar algún juego a las 11 de la noche, esperando a que arrecie el frío.
A 75 años del primer duelo en Italia, la historia amaga con repetirse. Hace tiempo que murió el fulano con nombre de calcetín, pero nos heredó a su bisnieto Donovan: actualmente el futbolista más determinante de Concacaf.
Faltan ocho días. Ni intenten hablar de otra tema.
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por Barak Fever, el 28 de Julio de 2009, 2 Comentarios

Agosto doce… 12 de agosto… 12-8… El bombardeo propagandístico es tan agudo que hasta el más perdido en la materia (mi suegra de Ciudad Obregón, para mayor referencia) sabe qué acontecerá en esa fecha. Aunque tan solo veremos un partido vulgar entre dos selecciones del montón, nunca un juego de futbol tuvo tanto tiempo de generar semejante expectativa en un pueblo.
Lo ocurrido antier en Nueva York influye tanto en el resultado que se avecina como un partido jugado en el Play Station: vencer 0-5 a Estados Unidos produce un enorme deleite en ambos casos, y no por ello deja de ser ficción.
Ganar la Copa Oro sin pase a la Confederaciones equivale a salir vencedor del Hazme Reír, Desafío de Estrellas o demás esperpentos. Aunque todos se tapen ojos y oídos, en la final del domingo se enfrentó un combinado de la selección A y B de México, contra una selección C de EU; en un juego con tanta trascendencia que Televisa y TV Azteca prefirieron narrarlo desde sus sofás, en lugar de trasladarse al país vecino. La victoria fue tan predecible como contraproducente de cara al partido real.
Jugadores, aficionados y colegas pueden auto engañarse lo que les dé la gana, pero no está de más recordarles que, si EU decidió asistir con una selección casi amateur a la Copa Oro fue para dar descanso a los 20 futbolistas que en Sudáfrica acabaron con el sempiterno invicto de España, entre otras proezas, mientras los nuestros se sacaban los mocos frente a la tele.
Si perder la final tras ganarle 2-0 a Brasil parecía acumular en ellos suficiente sed de venganza, ahora imagino a Bradley, Onyewu, Dempsey, Howard y Donovan verdes de impotencia por confiarles sus camisetas a tan torpes relevos. A favor de México jugará la mística del Estadio Azteca, pero no el factor anímico. Ese está del lado de EU.
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por Barak Fever, el 23 de Junio de 2009, 1 Comentario
Smackdown por aquí, Raw por allá… La lucha libre mexicana era la mejor del mundo, ¿recuerdan? Pues parece que ya no. Si los gringos lograron superarnos hasta en eso, estar un escaloncito arriba de nuestro mediocre futbol debe resultarles mucho más sencillo. ¿Qué esperaban? Son más profesionales y menos corruptos.

“Estados Unidos fue a la Confederaciones nomás a hacer el ridículo”, rechinaron voces de ardor luego de la circunstancial derrota ante Italia y la vergonzosa exhibición contra Brasil. Faitelson, en su espacio de aquí arribita puso en duda la continuidad del técnico Bradley, como si la US Soccer estuviera sometida a los caprichitos de 15 millonarios, y a la torpeza de Decio y Justino. Alguno de Fox Sports fue más allá al asegurar que Bradley hijo (ya lo quisiéramos) jugaba en su selección por nepotismo puro y duro. ¡Lo que hay que oír!
Resulta que EU sobrevivió al grupo de la muerte. Los ultranacionalistas no se demoraron: los gringos pasaron de churro. Sí… igualito al panzazo de México para calificar al mugre Hexagonal.
Ocurre que a diferencia del nuestro, su futbol no es de chispazos ni de espejismos. EU gana cuando tiene que ganar y pierde contra el que le toca perder. Por selección natural cae ante las potencias; pero vence a los Egipto… a los México. Mientras La Volpe sigue viviendo del cuarto puesto en 2005, ahora EU tiene casi garantizado el tercero. Y al mismo tiempo que ellos compiten con Italia, Brasil y España; nosotros seguimos haciéndonos los tontos con Venezuela o quien se deje.
En Sudáfrica cayó un mito más: el que reza que EU nunca hace nada fuera de Concacaf. ¿La verdad? Sigue sin ser más que una selección vulgar en el plano global, pero con orden y sacrificio le sobra para ser el representante más digno que puede ofrecer esta desdichada zona.
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por Barak Fever, el 9 de Junio de 2009, Sin Comentarios

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? A nuestro perenne estado de vacío existencial, ahora hay que añadir: ¿Por qué perdemos?
En Kingston fue culpa de Vela y Giovani (tan verdes), en San Pedro perdimos por Oswaldo (tan grillo), en Columbus acusamos a Rafa (tan mamón), y de vuelta a Honduras la culpa fue de Sven (tan extranjero). Pero en San Salvador no estuvo ninguno de ellos. Ya no quedan ni chivos expiatorios.
¿Por qué perdemos? El simplismo reduccionista del aficionado promedio lo lleva a concluir que a nuestros jugadores les faltan güevos. Y ojalá fuera tan simple como eso.
En realidad carecen de rigor táctico, velocidad, puntería, agilidad mental, dinámica, técnica individual y colectiva. Si cumplieran con el ABC del futbol les sería más fácil hacer goles… y si metieran goles, les resultaría más sencillo evitar derrotas.
Hay dinero, toda la inversión la acapara el futbol gracias a un criminal centralismo que relega a los demás deportes de conjunto. ¿Por qué perdemos? Porque no hay materia prima. Los jugadores sudamericanos son el sostén de nuestra liga, y los nacionales viven cómodamente a su sombra. En tanto, los mexicanos que ejercen de extranjeros en Europa no pintan nada en sus clubes.
Lo preocupante no es el mal momento que atraviesan los elegidos por Aguirre; el problema está al buscar equipo por equipo, a once mexicanos que jueguen mejor que ellos. No existen. ¿Por qué? Por la corrupción en fuerzas básicas, por el sistema de (in)competencia en Primera División, y por el infame flujo de ascensos y descensos en el resto de divisiones de nuestro futbol que, junto a un montón de etcéteras, bloquean la irrupción del talento al profesionalismo.
¿Y no pasa lo mismo en Centroamérica? ¿Por qué perdemos? Por falta de güevos, mijo… falta de güevos.
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por Barak Fever, el 11 de Abril de 2009, 1 Comentario

Ni siquiera tuvo que recurrir a un jalón, a una patada o a una protesta. Se limitó a retrasar el cobro de una falta al minuto 90. Todo un dandi.
Con la eliminatoria resuelta, Rafa Márquez provocó la acumulación de tarjetas. Hoy no estará en Múnich, pero a cambio jugará las semifinales sin condicionantes: una oda al compromiso. Es el Márquez de los pases de 50 metros al pie, el de las anticipaciones oportunas, el de las barridas milimétricas. Titular base en el equipo más bello de los últimos tiempos.
El tema es recurrente en cine y literatura, y a pesar de brillantes esfuerzos (Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El club de la pelea…) nadie como él ha expuesto con semejante precisión los avatares de la dualidad humana.
Viajar 22 horas le da güeva, jugar en San Salvador le causa poco menos que urticaria y aunque es el único privilegiado que no comparte cuarto durante las concentraciones, ducharse al lado de Luisito Pérez luego de entrenar le resulta muy poco estimulante.
Entonces se pone en plan cremoso, se permite distracciones que nunca le perdonarían en su club y se transforma en un defensa cochino. Su relación con la selección es enfermiza, perjudica a ambas partes y debería cortarse por lo sano.
Rafa tiene 30 años: la edad justa para renunciar al Tri. Ejemplos de figuras que se han retirado prematuramente de su selección están al alcance en los cuatro puntos cardinales. En el pasado y en el presente. La mayoría de ellos regresa para jugar el Mundial, y son tan buenos que para entonces no hay quien se los eche en cara.
La popularidad de Rafa no caería… básicamente porque ya está por los suelos. Además, en este país Oswaldo Sánchez, Omar Bravo y Memo Ochoa son los auténticos ídolos. La selección no le debe nada a Márquez, y él tampoco está en deuda con la selección. A mano, pues.
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por Barak Fever, el 26 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

Me puse a jugar al Xbox. Sólo así puede volar el siempre fastidioso medio tiempo. Como suele pasar, se me fue la mano y cuando apagué la consola Pavel Pardo ya celebraba el 2-0. Vi la repetición del tiro penal 19 veces: en todos los ángulos y a todas las velocidades imaginables. Nunca pasaron la falta que lo originó. Y el domingo supe por qué.
Aquí sólo importa la consecuencia. El presente inmediato. No hubo error del portero en el primer gol. El árbitro no se equivocó en el segundo. De aquí al miércoles sólo existen alegres trenecitos, chascarrillos made in Sweden, y claro: muchas bocas tapadas, pues a fin de cuentas, eso y el dinero, es lo único que mueve a nuestros malcriados futbolistas.
Hace tiempo que el aficionado crítico y auto pensante se ha visto desamparado por los medios en aras de satisfacer a las masas. Democracia pura al servicio de la mayoría. Esa que grita: ¡Nery, Nery, Nery! sin ningún asomo a la reflexión.
Con Gio y Salcido lesionados; Vela y Márquez suspendidos, las decisiones para Sven fueron mucho más fáciles. ¡Fiu! No estamos peor que con Enrique Meza. Ahora, 14 puntos nos separan del Mundial y nueve de ellos están blindados. El verdadero reto nunca fue ganarle a Costa Rica en el Azteca, sino cosechar los otros cinco puntos en las cuatro visitas restantes. Y eso sí: contra Estados Unidos.
Perdón. No es tiempo de ponerme pesado en plan aguafiestas. Así lo manda Nery, así lo exigen las masas, y el resto nos alineamos al dogma que nos reclama apoyar a la selección sin matices de ninguna índole.
Ahora que ganamos Leandro no es brasileño, ni Vuoso argentino. Nadie se acordó de Judas en el abrazo de Oswaldo a Paco Memo. No hubo tragedia en la otra Costa (la de Marfil) al día siguiente. La derrota de mañana en Honduras tampoco existe. No todavía.
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por Barak Fever, el 22 de Marzo de 2009, Sin Comentarios

Abandono del aficionado, fuga de patrocinios, espeluznante caída en la venta de periódicos deportivos y los ratings más bajos de la historia. Estado de quiebra y en conclusión, menos chamba y peor pagada para mí y para mis colegas. En pleno goce de mis facultades mentales, lo asumo y lo repito: espero que México no califique al Mundial.
Colgados ya de la irremediable crisis económica, más vale tocar fondo en pos de un futuro mejor. El futbol mexicano lleva 15 años estancado, y no existe salida del círculo vicioso, a no ser por la mala. Lo siento sinceramente por aquellos que morirían sin ver a México jugar el quinto partido, en aras de lograrlo bajo una estructura.
Una vez digerida la depresión, entonces sí: a modificar el sistema de incompetencia que reina en Primera División, a implementar ascensos y descensos como dios manda en divisiones inferiores, a erradicar las multi propiedades, a abrir los derechos de transmisión a la libre competencia, a pisotear el pacto de caballeros, a liberar los uniformes de micro patrocinios… A derrumbar la oligarquía que gobierna nuestro futbol y antepone siempre el beneficio de sus empresas.
Sé que está difícil. Con meros argumentos matemáticos, apenas dos selecciones y media quedarán eliminadas del hexagonal. Encima, de ocurrir el desastre, nadie garantiza que mi revolución imaginaria termine por llevarse a cabo. Aunque fuera la única oportunidad de reestructurar un futbol tan fermentado desde fuerzas básicas.
Si en vez de virtudes balompédicas, el Mundial se tratara de exhibir el índice de desarrollo humano de cada país, con la ONU como órgano rector en lugar de la FIFA, México ni siquiera habría calificado al hexagonal de Concacaf. La cosa es mucho más complicada en salud, economía y educación. Empecemos entonces por el futbol.
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por Barak Fever, el 16 de Febrero de 2009, Sin Comentarios

¡Ay, mi cabeza! Aún hay quien defiende a Sven. Se supone que el sueco impondría disciplina europea en el Tri, que las divas que conocemos por futbolistas por fin tendrían a alguien con quien cuadrarse, y se pondrían a trabajar en serio, cargados de una espesa inyección de carácter y mentalidad.
Pero de eso, nada. Nueve meses después, el monstruito que fecundó Eriksson es el más indisciplinado del que se guarde memoria. Sus jugadores, liderados por los grillos que el entrenador no se atrevió a fumigar, son más sangrones e indolentes que nunca, y en el campo lucen tan frágiles e inseguros como sus antepasados ratoncitos verdes.
Vamos, que en lugar del gran jefe, Sven resultó ser un técnico sumiso, cómodo y timorato, que entiende imposiciones tan improcedentes como la de reunirse en privado con los medios, como parte del millonario contrato que firmó para dirigir en un futbol exótico. Sus nefastos resultados sólo pueden equipararse a los cosechados por Enrique Meza, y su discurso evoca a Bora Milutinovic: no tanto por el horrible español, como por su hueco sustento.
Contamos ahora con mexicanos argentinos, brasileños mexicanos, un mexicano-uruguayo y hasta un puñado de mexicanos a secas… todos ellos tan comprometidos con la causa verde como su entrenador escandinavo. Me refiero al dólar, claro está.
Ahora bien, quien calcule que México necesita 21 puntos para ir al Mundial no sabe hacer cuentas: en realidad bastan 17 miserables puntitos. Asumido el patetismo que implica sacar la calculadora, cuatro victorias en el Estadio Azteca, un empate contra Estados Unidos, otro más en Trinidad y un sufrido triunfo en San Salvador serán suficientes.
¿A qué esperamos entonces: a empatar contra Costa Rica o a perder en Honduras? Por mucho menos, Huguito fue abortado.
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por Barak Fever, el 9 de Febrero de 2009, Sin Comentarios

¿Quién es el actual campeón de Concacaf? Estados Unidos. ¿Qué selección ha ganado más Copas de Oro en la historia? Estados Unidos. ¿Quién quedó primero en el Hexagonal pasado? ¡Bingo!… Estados Unidos.
¿Quién nos gana siempre en Columbus? Ellos. ¿Y en Los Ángeles? Ellos ¿En Uruguay? ¡Ellos, maldita sea! ¿Y en Corea? Sí. Ellos. No sé si son mejores futbolistas, pero estoy seguro de que tienen mucho mejores directivos. Y su trabajo acaba por certificarse en el campo.
Veintiséis duelos desde 1991. Siete victorias para México, 12 para EU: eliminaciones de Copa América y Mundial, incluidas. Nos han ganado en todas partes menos en México y, para colmo, los sparrings que compartimos en los amistosos suelen vencernos luego de caer ante ellos. ¿Qué sigue? ¿Que nos saquen por primera vez un empate del Estadio Azteca? No. Porque de hecho ya lo hicieron: ocurrió rumbo a Francia ’98.
A pesar del cúmulo de evidencias, la mayoría se ampara en un equilibrio de fuerzas. Argumentan que EU ni siquiera pasó a octavos de final en Alemania 2006, ignorando que de haber enfrentado a Irán y Angola; en lugar de Italia, Ghana y República Checa, seguramente lo habría conseguido. Apelan a la comparación de actuaciones en Copa América, y olvidan que ellos siempre optan por acudir con la selección B. Acorralados, invocan a los niños héroes de 2005, cuando si algo le sobra a la US Soccer son copas mundiales de futbol femenil, categoría tan amateur como la sub 17.
Según la eterna perorata que le cantan a borrachos y drogadictos, para solucionar un problema primero hay que reconocerlo. Por mera salud mental, bien haríamos en digerir las derrotas contra EU, con la misma naturalidad con que sabemos asumir la superioridad de España, Holanda o Argentina… aunque duela mucho más.
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por Barak Fever, el 2 de Febrero de 2009, 1 Comentario

Saben mis allegados que soy incapaz de responder al teléfono, atender a cualquier pregunta, o ir al baño mientras esté jugando el Barcelona. Mucho menos puedo cambiarle a medio partido, así informen en la transmisión que en el canal de al lado el Deportivo ya gana 1-0, 2-0, ¡3-0! Cándido de mí, el domingo pensé que alguno de esos goles que caían en La Coruña, bien podía ser obra de Omarcito. Al rato me desengañé: Omarcito no anotó. Ni siquiera jugó.
Ya no es que se haya hecho expulsar dos partidos, justo cuando le tocaban Barcelona y Real Madrid. El problema es que Bravo no ha logrado ni siquiera generar las 10 jugadas de peligro que todos sabemos necesita para poder marcar un gol. Y ya es febrero. En México no bajamos de ratero al refuerzo extranjero que osa presentar tan pobre rendimiento.
Bravo tiene a tres delanteros por encima de él, y por si fuera poco, en el partido del domingo debutó un francés del equipo filial, que marginó al mexicano hasta la quinta opción en ataque. Y el Depor juega nomás con uno en punta.
A la selección podrá faltarle entrega, estrategia y planeación, pero no goles: la única sustancia que permite ganar un partido. Borgetti y Cuauhtémoc se encargaron muy bien de su producción en el pasado inmediato, pero ya no están para esos trotes. Estoy convencido de que Vela y Giovani sabrán cómo gestionar tan importante fábrica, pero aún están verdes para asumir semejante encargo.
Asistimos pues a un eslabón perdido entre los delanteros que ya no, y aquellos que todavía no. Es aquí donde a los Sabah, Ochoa, Kikín y Bravo les tocaba entrar en escena. Sin afán de cuestionar la mexicanidad de Vuoso, Guille o Nery, es por culpa de esta generación sin gol que la selección recurre a delanteros formados en el extranjero. Aunque sean de medio pelo.
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por Barak Fever, el 19 de Enero de 2009, Sin Comentarios

No han salido campeones ni siquiera 10 veces en su historia. No han ganado nada desde hace 13 años. Vamos, que ni siquiera son el equipo consentido de la capital. Y por si fuera poco, siempre pierden el clásico ante el arrogante rival. Sin embargo, siguen creyéndose uno de los tres grandes del país.
¡No! no estoy hablando de Cruz Azul, sino del Atlético de Madrid. Un club extraño, eternamente gobernado por el absurdo, en donde la tensión queda advertida a los cuatro costados. En este epicentro de tragedias que rayan en lo cómico cayó Javier Aguirre hace dos años y medio. Y ahí sobrevive.
Los foros de sus aficionados en Internet son una oda a la ingratitud, y las columnas de mis colegas españoles se unen al clamor que exige su salida. Aunque no integre parte de su discurso, lo que en realidad no pueden tolerar es que un mexicanito sea quien enseñe (y mande) en un club tan importante. Sorprendentemente, al final del día Aguirre sale bien librado de todas las encuestas.
Tiene un aura especial: Nunca en su vida lo han echado y dudo mucho que ahora se consume su primera vez. Viejo conocido de las malas rachas, pronto saldrá de ésta y al final de la temporada podrá irse del Atlético con la frente en alto. Pero se irá.
Entonces será 31 de mayo, y en este lado del Atlántico, Sven Göran Eriksson habrá quemado ya tres municiones del Hexagonal Final: visitas a Columbus y San Pedro Sula, recepción a Costa Rica, y un saldo de 4 puntos si bien nos va. Ese será el panorama cuando el Vasco quede libre, al fin libre.
Todo parecerá perdido y entonces volverá Él: para llevarnos al Mundial como en 2001. ¿Estoy alucinando? ¿Es esto una chaqueta mental producto de mi fanatismo aguirreño? Puede ser… Y puede que no.
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por Barak Fever, el 26 de Noviembre de 2008, Sin Comentarios

Somos el sexto mejor equipo de Concacaf. Ninguna selección finalista hizo menos méritos que la nuestra para colarse al hexagonal. Salimos sextos y eso seremos hasta febrero, cuando quizás empecemos a demostrar lo contrario. ¿Cómo le vamos a hacer?
Ahorrarnos cuatro millones de dólares en espera de que la lucidez alumbre de una vez al viejito no parece la mejor idea. Aguardar a que la paz navideña sensibilice a nuestros jugadores sobre lo que implica jugar en la selección tampoco se antoja un buen negocio.
Así las cosas, ¿por qué Vergara no echa a Eriksson con los mismos güevos con los que se deshizo de Galindo, Azkargorta, Chepo y compañía? O mejor aún: ¿Por qué nadie puede echar a Vergara?
Ahora que le conviene, el disque dueño de Chivas está escondido. Pero ese no es el problema. Sí lo es, que tarde o temprano aparecerá de nuevo para meter la pata, decir, contradecir y hacer las tonterías que tanto le festejan los medios y le consienten sus colegas. Jorge Vergara no tiene idea de futbol, ni experiencia dentro de él, ni nada en absoluto qué aportar a nuestras selecciones nacionales. No le ha ganado a nadie y sin embargo, ya ejerce como el Padrino del futbol mexicano.
Así, convenció a todos los millonetas de que el primer europeo que pasara por ahí sería el indicado para llevarnos al condenado quinto partido. Eriksson no llegó a la selección por sus credenciales, sino por ser el único técnico de cartel disponible, y los suficientemente pesetero, como para aceptar un proyecto económico (que no deportivo) tan huérfano de pies y cabeza como la selección mexicana.
Luego de seis resultados, si Sven Goran se llamara Hugo Sánchez, Jesús Ramírez o Raúl Arias, Vergara habría sido el primero en liquidarlo. Pero como tantos otros, parece creerse que el sueco trabaja duro por el simple hecho de ir a ponerse rojo de sol a todos los estadios.
Me queda claro que como Aguirre se aferra al Atlético, no existe alguien que merezca el puesto más soñado por cualquier mexicano. Pero si de veras no hay quien llegue, sí que sobran candidatos para largarse. Vergara los encabeza.
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por Barak Fever, el 18 de Noviembre de 2008, Sin Comentarios

El cacareado día del juicio final ha llegado. Es el tema preferido de chicos y grandes, de estudiantes y vagos, de especialistas y villamelones. ¿Qué va a pasar mañana? ¿Qué portada inventarán los periódicos del jueves? ¿Toda esta paranoia se nos habrá olvidado para cuando llegue el viernes? Yo digo que sí.
Sucede que hemos vendido demasiado humo alrededor del Honduras – México. Parece que visitaremos a Drácula en la casa del horror, nos han advertido que lo del día 19 será ganar o morir, que no hay mañana, pero… ¿alguien ha reflexionado si Jamaica tiene el mínimo potencial para aspirar a ganarle 6-0 a Canadá o a quien sea?
Les aviso a todos los apocalípticos que la aterradora visita a San Pedro Sula será anecdótica si Jamaica, 3 goles en 5 juegos, no es capaz de anotar el doble en un solo partido contra Canadá; dicho sea de paso, una de las dos selecciones del continente que resulta incorruptible a todas luces. Hasta que ese milagro acontezca, la realidad es que a México le bastará con no caer goleado, y un empate será más que suficiente para Honduras.
Entonces mañana saldremos temprano del trabajo, nos reuniremos con nuestros cómplices de pasión predilectos, bandera en mano y sombrero a la cabeza olvidaremos las heridas que nos causaron Chivas o América para prender la tele en punto de las 7, y ser parte del espectáculo más descontextualizado de los últimos tiempos. Lo que veremos no será el juego del siglo, ni la guerra, ni el partido más importante de nuestras existencias. Nada más será un Honduras – México: encuentro de la fase previa al hexagonal que, muy probablemente, terminará en empate. Y sin goles.
Vislumbro en el campo a dos equipos timoratos, con más miedo a morir que ganas de matar. Veo a dos técnicos especulativos recibiendo las buenas noticias desde Kingston. Auguro a hondureños y mexicanos en el intercambio de camisetas tras haber calificado de la mano a la fase final. Profetizo océanos de tinta en torno al hexagonal, con sus victorias en el Azteca y sus derrotas fuera de él.
Hay vida (y humo) después de mañana. Otro día será tiempo de morir.
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