Columnas, Futbol Mexicano
Edipo buey
La sátira dura 90 minutos. La fatalidad predestinada es el eje central del argumento. La torpeza del héroe caído y la piedad que causa su infortunio es, desde hace mucho tiempo, lo único que logra divertirme de la liga mexicana. Ojalá vivieran Sófocles y Eurípides para contemplar el guión de una verdadera tragedia.
Lo gacho no es tener padre, sino odiarlo. En psicología, semejante desviación se explica mediante algo enredado llamado síndrome de alienación parental, o bien exponiendo el complejo de Edipo… sí, el protagonista de tantas tragedias griegas. El caso es que Cruz Azul le ha regalado ya 11 puntos a su detestado progenitor, y con eso lo tiene a salvo del descenso.
La sempiterna derrota celeste desnuda a todos aquellos que se atrevieron a sostener que la historia no significa nada en el futbol. Juega tanto que al minuto 2 un aterrado Cervantes ya había cometido penal. Está tan presente, que Villa casi se mata de rabia al festejar el gol del empate. Cuenta al grado que Corona, presa de los nervios, se transformó en Yosgart para dejar pasar el gol de la derrota. Y eso que ni Cervantes, ni Villa, ni Corona habían sufrido en carne propia ninguno de los 14 episodios previos de la tragedia sin fin.
Porque la estadística juega, Reina se creyó Cristiano Ronaldo… y hasta Esqueda pareció Garrincha. Por lo mismo, nadie reclamó el atropello a Mosquera en el primer gol azul, ni la falta que gestó el segundo. Gracias a la historia, América juega con la certeza de que en ese partido nada puede salirle mal.
Apostar en contra de Cruz Azul en el Clásico Joven es la única forma segura de hacer dinero fácil en tiempos de crisis. Que nadie se queje pues de llegar sin lana al final de la quincena. Desaprovechar la asistencia pública que los cementeros ofrecen dos veces al año es su pedo.


