A ver a ver: ¿En serio nos afecta la promoción que haga del país un entrenador de futbol pasada la media noche en un programa radiofónico español, cuando día a día tenemos reservado un espacio de publicidad en todos los periódicos y noticiarios del mundo gracias a nuestras matanzas, masacres, incendios, inundaciones, futbolistas baleados, influenzas y Juanitos?
México ocupa el lugar 53 del mundo en calidad de vida, según el Índice de Desarrollo Humano, en el que Noruega es campeón mundial y a Luxemburgo le respalda su enorme tradición. Ahí donde Islandia tiene a Wayne Rooney en materia de salud, donde Iker Casillas es australiano y se llama “educación”, y donde Canadá tiene mejor equipo que Real Madrid y Barcelona juntos.
Si la ONU supliera a la FIFA en la organización del Mundial, y si en lugar de futbol se jugaran cosas mucho más trascendentes en la vida diaria, entonces México ni siquiera tendría posibilidades de haber calificado a Sudáfrica 2010; eliminado por Canadá, Estados Unidos, Barbados y hasta Cuba. ¿Gigantes? En esta Concacaf nuestra realidad es idéntica a la de Bahamas y Costa Rica.
Como dijo Aguirre, México es lo que es. Ocultar la realidad no nos hará mejores. Entiendo al futbolista que afirma que podemos llegar a semifinales del Mundial, me da ternura el aficionado que se lo cree, y me causan lástima los irresponsables periodistas, algún director de periódico deportivo incluido, que ignorando nuestras putrefactas estructuras, rebuznan que vamos a estar entre los cuatro primeros.
Es a ellos: a estos exacerbados nacionalistas sin remedio, y no a Javier Aguirre, a los que deberíamos perseguir, juzgar y condenar porque son los mismos que se auto engañan pensando que vivimos en un gran país, y por ende, no mueven un dedo por hacerlo un poquitito más habitable.
El potencial de México nos ubica como quinceavos del mundo. Sí: nuestro futbol es una mierda… pero brincos diéramos si en índice de desarrollo ocupáramos ese bendito lugar.
Eran 17 cuando los acabamos de contar. Nuestro sueño se hacía realidad. Durante años nos habían dicho que tener un buen puñado de futbolistas y entrenadores mexicanos en Europa era lo único que nos faltaba para dar el tan mentado salto de calidad. Ya no había lugar para excusas.
A media temporada repatriamos a Pável, Bravo y Galindo: disque para rescatar a la liga mexicana de su tirana insignificancia. Sin embargo, lo único que se trajeron los muy condenados del Viejo Continente fue viruela, sarampión y hasta influenza para las ya de por sí blandengues huestes de América, Tigres y Guadalajara. Nos quedaban 14… Trece, cuando echaron a Javier Aguirre.
Si somos serios en el análisis, aceptaremos que Maza, Guille y De Nigris no son material de selección, así que podemos tacharlos de la lista aún antes de su inminente regreso. Nos quedan 10.
Nery se murió en la nieve y ya nomás nos quedan nueve… Giovani nos salió teporocho y ya nomás nos quedan ocho… A Osorio lo infectó un filete, y ya nomás nos quedan siete.
Entre ellos Salcido, que tuvo un año deprimente. Vela y Moreno, que siguen siendo figuras del futuro y por lo tanto, no del presente. Y como ayer nos echaron al bien amado Martín Vásquez del Bayern Munich, debo decir que durante todo el ejercicio 2008-09 México tuvo a tan sólo tres embajadores más o menos dignos en Europa: Hugo Sánchez, quien salvó del descenso al Almería con cinco semanas de anticipación; Rafa Márquez, nuestro único consagrado; y Andrés Guardado, todo un referente en La Coruña.
Pero en su momento Hugo no fue Dios, se la hicimos de tos, y a la selección le quedan dos. Y si recordamos que cuando viste de verde, Rafa suele ser bastante inoportuno, la verdad nos queda uno. Ojalá Guardado no haga una bobada, pues entonces sí, nos quedaría nada, nada, nada.
No han salido campeones ni siquiera 10 veces en su historia. No han ganado nada desde hace 13 años. Vamos, que ni siquiera son el equipo consentido de la capital. Y por si fuera poco, siempre pierden el clásico ante el arrogante rival. Sin embargo, siguen creyéndose uno de los tres grandes del país.
¡No! no estoy hablando de Cruz Azul, sino del Atlético de Madrid. Un club extraño, eternamente gobernado por el absurdo, en donde la tensión queda advertida a los cuatro costados. En este epicentro de tragedias que rayan en lo cómico cayó Javier Aguirre hace dos años y medio. Y ahí sobrevive.
Los foros de sus aficionados en Internet son una oda a la ingratitud, y las columnas de mis colegas españoles se unen al clamor que exige su salida. Aunque no integre parte de su discurso, lo que en realidad no pueden tolerar es que un mexicanito sea quien enseñe (y mande) en un club tan importante. Sorprendentemente, al final del día Aguirre sale bien librado de todas las encuestas.
Tiene un aura especial: Nunca en su vida lo han echado y dudo mucho que ahora se consume su primera vez. Viejo conocido de las malas rachas, pronto saldrá de ésta y al final de la temporada podrá irse del Atlético con la frente en alto. Pero se irá.
Entonces será 31 de mayo, y en este lado del Atlántico, Sven Göran Eriksson habrá quemado ya tres municiones del Hexagonal Final: visitas a Columbus y San Pedro Sula, recepción a Costa Rica, y un saldo de 4 puntos si bien nos va. Ese será el panorama cuando el Vasco quede libre, al fin libre.
Todo parecerá perdido y entonces volverá Él: para llevarnos al Mundial como en 2001. ¿Estoy alucinando? ¿Es esto una chaqueta mental producto de mi fanatismo aguirreño? Puede ser… Y puede que no.
Somos el sexto mejor equipo de Concacaf. Ninguna selección finalista hizo menos méritos que la nuestra para colarse al hexagonal. Salimos sextos y eso seremos hasta febrero, cuando quizás empecemos a demostrar lo contrario. ¿Cómo le vamos a hacer?
Ahorrarnos cuatro millones de dólares en espera de que la lucidez alumbre de una vez al viejito no parece la mejor idea. Aguardar a que la paz navideña sensibilice a nuestros jugadores sobre lo que implica jugar en la selección tampoco se antoja un buen negocio.
Así las cosas, ¿por qué Vergara no echa a Eriksson con los mismos güevos con los que se deshizo de Galindo, Azkargorta, Chepo y compañía? O mejor aún: ¿Por qué nadie puede echar a Vergara?
Ahora que le conviene, el disque dueño de Chivas está escondido. Pero ese no es el problema. Sí lo es, que tarde o temprano aparecerá de nuevo para meter la pata, decir, contradecir y hacer las tonterías que tanto le festejan los medios y le consienten sus colegas. Jorge Vergara no tiene idea de futbol, ni experiencia dentro de él, ni nada en absoluto qué aportar a nuestras selecciones nacionales. No le ha ganado a nadie y sin embargo, ya ejerce como el Padrino del futbol mexicano.
Así, convenció a todos los millonetas de que el primer europeo que pasara por ahí sería el indicado para llevarnos al condenado quinto partido. Eriksson no llegó a la selección por sus credenciales, sino por ser el único técnico de cartel disponible, y los suficientemente pesetero, como para aceptar un proyecto económico (que no deportivo) tan huérfano de pies y cabeza como la selección mexicana.
Luego de seis resultados, si Sven Goran se llamara Hugo Sánchez, Jesús Ramírez o Raúl Arias, Vergara habría sido el primero en liquidarlo. Pero como tantos otros, parece creerse que el sueco trabaja duro por el simple hecho de ir a ponerse rojo de sol a todos los estadios.
Me queda claro que como Aguirre se aferra al Atlético, no existe alguien que merezca el puesto más soñado por cualquier mexicano. Pero si de veras no hay quien llegue, sí que sobran candidatos para largarse. Vergara los encabeza.
Si Chivas elimina a River, lo más seguro es que a Eriksson lo corran. ¿Qué tiene que ver la Copa Sudamericana con la eliminatoria mundialista de Concacaf? Nada. A menos que pongamos lo que acontezca en la Champions League en medio de las dos competiciones. ¿De cuál fume? De ninguna: me limito a leer la prensa internacional y después, ato cabos.
El fin de semana se jugaron dos clásicos irrelevantes para el futbol mexicano… aparentemente. En Madrid, la paternidad del Real sobre el Atlético dejó lo de América y Cruz Azul en juego de niños; mientras en Buenos Aires, Riquelme y otros nueve volvieron a ganar en el Monumental. ¿En qué afecta todo esto a la selección mexicana? Aguanten.
Resulta que Diego Simeone, técnico de River e ídolo total en el Atlético será el relevo de Javier Aguirre. Puede ser en dos años… o en dos semanas: todo depende de los resultados de uno y otro. Tras perder el clásico ante Boca, en Argentina juran que si a River lo echan de la Sudamericana, Simeone se va. Y en España garantizan que Aguirre correrá la misma suerte si el Atlético no reacciona contra el Liverpool. ¿Empezamos a intuir cuál es el nexo con Eriksson?
Si River y Atlético no dan señales de vida a partir de mañana, todo se precipitará: Simeone irá al Atlético, Aguirre quedará libre y Sven, a temblar con la sombra del entrenador que todos añoramos, ahora sí listo para encarar el hexagonal.
Ojalá llegue a ver el día en que los problemas estructurales y de fondo que padece el futbol mexicano se reduzcan al sujeto que dirija a la Selección Nacional. Pero mientras eso sucede, Eriksson es una pérdida de tiempo y de dinero. Que se vaya no depende de Honduras… sino de Chivas. ¿O hay que explicarlo con manzanas?
Nunca tuve más frío que aquella medianoche de febrero en Pamplona. Apenas salí del estadio, el aguanieve se abalanzó sobre mí, empujada violentamente por un viento obsesionado en impedir que llegara hasta el coche.
Aún así lo logré: la espalda empapada, los pies húmedos, las orejas congeladas; y mis manos… ¿dónde quedaron mis manos? El pánico duró el instante justo que tardé en corroborar que, como siempre, estaban allí: al final de mis brazos, aunque no las sintiera. Por aquel entonces _estábamos en 2005_ Javier Aguirre ya se había tragado tres inviernos en el Atlético Osasuna. Le faltaba uno más para consagrarse como el mejor técnico en la historia del club y marcharse al cálido Madrid.
En el verano pasado, un equipillo desconocido llamado Getafe había ascendido a primera división. Su presidente necesitaba un técnico joven y ambicioso para encarar el reto de la supervivencia y cuando leyó en el periódico que Hugo Sánchez, el de los pichichis, había salido campeón en México, le pareció una buena idea.
Hugo acudió al llamado, se entrevistó con el presi en Madrid y decidió quedarse en los Pumas. Era demasiado riesgo y no quería sacrificarse… mejor esperaría al Real Madrid. Cuatro años después, el Getafe es doble subcampeón de Copa, por poco gana la UEFA y se ha convertido en el mejor escaparate de entrenadores que se conozca en España. Su proyecto está afianzado en primera, mientras Hugo está… ¿en dónde está Hugo?
Aguirre suma siete temporadas ininterrumpidas en la liga española, dirige al mejor Atlético de los últimos 12 años y conserva su peculiar récord: jamás en su carrera lo han echado… Hugo sigue esperando junto a la loca del muelle.
Y es que los éxitos de Aguirre le han cobrado un millón de canas, pero no han conseguido que algún club europeo voltee al mercado de entrenadores mexicanos. Sálvense sus becarios Ambriz y Arellano, o el insólito caso de Martín Vásquez, ningún colega parece dispuesto a seguir su ejemplo.
Es más fácil rendirse a los intereses de un promotor y esperar a que vuelva a perder el Necaxa de en turno.