He estado en Europa una docena de veces, pero nunca en Irlanda. No me gusta el Baileys, nunca me simpatizó la Universidad de Notre Dame (la de los irlandeses peleadores) y odio con toda el alma los Irish pubs.
Sin embargo, hoy me siento irlandés. Y no quiero ni pensar cómo lo vivirán allá en la isla, donde son puro sentimiento, donde la selección es el único equipo de futbol que existe para los fanáticos, donde los chicos de verde representan el espíritu de la nación, donde saben que pase lo que pase, los jugadores siempre se dejarán la piel y algo más en el campo.
Sé que la mayoría de ustedes no tuvo chance de ver el Francia – Irlanda, pero mirarán una y otra vez la trampa de Henry que eliminó a los del trébol. Pues bien: imaginemos que el francés, en un ataque de honestidad le confiesa al árbitro que hizo mano y que no puede marcar como bueno el gol:
1. Ningún compañero se hubiera atrevido a reclamarle nada, porque para eso se llama Thierry Henry.
2. Algún aficionado francés habría tenido ganas de matarlo, pero no lo hubiera hecho. Los fanáticos galos no son como los argentinos, ingleses o italianos.
3. Quizá Francia de todos modos hubiera ido al Mundial, tal vez Irlanda se llevaría el justo premio de acudir a la fiesta máxima… pero Henry se habría convertido automáticamente en un mito de la historia del deporte: el más grande caballero que jamás haya pisado un campo de futbol.
…Y Henry decidió hacerse buey. Ahora irá al Mundial, donde meterá máximo un gol, Francia quedará fuera en octavos de final, y de todos modos no habrá pasado nada. Felicidades, Tití: perdiste una de esas oportunidades que la vida te da una sola vez.
Está claro que Adidas tiene a un enemigo en casa que ventila todos sus secretos de cara a Sudáfrica 2010.
Luego de las foto filtrada antes de tiempo del uniforme que utilizará Alemania, y de la imagen clandestina de la próxima camiseta de España, hoy toca turno de ver qué prepara la Selección Francesa.
No sé qué opinen, pero a mi me late bastante el modelito. Sería una pena que Irlanda frustrase la aparición de tan bonita prenda en el Mundial… ¿O no tanto?
Con la fiesta de Raúl en Cibeles, parecía que la espeluznante temporada 2007-08 del FC Barcelona llegaba a su escalofriante final. ¡Pobres!, aún faltaba un epílogo digno para su catástrofe: la Eurocopa, donde la anémica Francia de Abidal, Thuram y Henry reparte pena ajena mientras el mundo entero se hinca ante la Holanda de Sneijder, Robben y Van Nistelrooy.
Esa misma Holanda que durante 800 temporadas ininterrumpidas se agarró al Barça de casa hogar para petardos de la talla de Bogarde, Reiziger, los De Boer, Overmars, Zenden, Van Bommel, y muchos jugadores más que rindieron nada en el club y menos en una selección que fracasó en su Euro 2000, ni calificó a Corea 2002, fue indolente en Portugal 2004 y gris en Alemania 2006.
Un día soleado el Barcelona decidió que ya estaba bueno y cortó de raíz a todos los tulipanes y naranjos habidos en su jardín; una reparación que culminó con la partida de Van Bronckhorst en verano pasado. Era hora de apostar por los futbolistas franceses que en diez años jugaron dos finales de Copa del Mundo y ganaron una Eurocopa. Era hora de que los jugadores holandeses movieran a Madrid su venta de espejos. Era hora de meter la pata…
La Francia de la Euro fue una copia fiel del Barça de los últimos dos años. Con un Abidal irresponsable, un Thuram reumático y un Henry acabado. Pero además con jugadores egoístas como Vieira: indigno heredero de un gafete ennoblecido por Deschamps, Desailly y Zidane; quien preso de la terquedad, y aún sabiendo que no podría jugar, le frustró a un compañero en mejores condiciones (Mathieu Flamini), el sueño de ocupar su plaza.
Todo bajo la complicidad de Domenech, un limitado esclavo del vestidor igualito a Rijkaard, que no se atrevió a darle luz verde al brillante recambio generacional. Dejó en la banca a Frey, Benzema y Nasri. Ni siquiera convocó a Escudé, tampoco a Clichy, ni a Mexes, ni al citado Flamini.
Y también se cargó a Trezeguet, porque nomás marcó 20 goles esta temporada en la Serie A. En cambio Anelka, esa apatía andante que te pone la misma cara cuando mete el gol del triunfo en el último minuto, que cuando sale de cambio, lo expulsan, gana el Mundial o falla el penal decisivo en la final de la Champions; sí que entró en la lista de esta caótica selección francesa post Zidane, capaz de hacer una triste melodía hasta de La Marsellesa, las tres veces que se atoró en gargantas tan poco comprometidas.
Así las cosas, mientras el anaranjado plantel blanco multiplica su valor en plenas vacaciones, la nómina cada vez más azul y menos grana, no hace más que devaluarse a cada minuto. Faltan muchas lluvias para que Barcelona y Real Madrid inicien su andar por la 2008-09… los bicampeones ya ganan por goleada.