Martín Palermo siempre fue un jugador irreverente que dejó gratos recuerdos a la afición Xeneize y en su partido de despedida no podía ser la excepción. Cuando Palermo cambió de equipo y se puso los guantes para tratar de atajar el penal que cobró su hijo Ryduan, quien simplemente hizo ver mal a su papá.

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