Ganador del Rincón Sapiens Enero 2016

El primer Rincón Sapiens del año tuvo una buena participación en textos. A continuación, el ganador de este mes:

Ganador del Rincón Sapiens Enero 2016 Idéntico al tuyo Guillermo R Escutia

Me enseñaste a hablar, a caminar erguido y a respetar, me enseñaste los colores, el amor y los valores, me enseñaste el orgullo, a gozar, a reír y a llorar, me enseñaste a salir a ganar, a triunfar, a saber perder, a dignificar al rival y a que no importa cuántas veces caigas derrotado sino cuantas veces te levantes para romper esquemas; el fracaso es la más resplandeciente de las victorias…

Una mañana mis pies descalzos experimentaron un revés emocional sintiendo el suelo como tempano del ártico, presagiando un día marchito sin abrazos matutinos y un ausente: “que te vaya bien” agitando la mano desde la desvencijada silla de costura. El día anterior te diagnosticaron: tus neuronas morían con enredos…

Desde ese día tu hogar cambió, tus paredes ya no eran cálidas, sino más bien insensibles, blancas y con ese mefítico olor a formol, lúgubres, ausentes de los pequeños cuadros al óleo con paisajes diminutos. A veces caminábamos hacia el jardín de tu nueva morada y me usabas como bastón, nos conocíamos a diario y te encantaba escuchar mis relatos nocturnos, sentías tanta emoción que no me quedaba la duda de que al día siguiente tenía que volver con un relato de mejor relieve que el anterior y con la consigna interna de impactarte de nueva cuenta sabiendo que contigo no aplicaba la ley de que “no hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión”; siempre te causaba una primera buena impresión.

A partir de tu diagnóstico nunca fui capaz de descifrar el arcano en tu interior, siempre imaginé que deambular en tu soledad era como caminar entre tinieblas, como si estuvieras reclusa en una Castañeda emocional donde tú misma eras el verdugo, con las múltiples torturas, con las raquíticas muestras de amor propio, con miles de candados sin llave, con tu edificio en proceso de derrumbe; eras tu propio reo y tu propio juez, tu epidemia y tu placebo.

Apenas ayer por la mañana te pusiste tus zapatos negros con tacón pequeño “para no perder elegancia” -decías-, entramos de la mano a tu cuarto y me despedí de ti sabiendo que al día siguiente tendría que contarte una nueva historia; la misma presentación y los mismos quince minutos de repaso al árbol genealógico sin sangre azul, pero con sangre azul…

Ese día fue diferente y sabía que esta historia te sorprendería pues logré pisar la mítica cancha tres; aquella que pisó Yegros, Hermosillo y Galindo, y no contento con eso; aparecí en la lista de convocados para el fin de semana. Confieso que nunca solté tus colores, los que te heredó el abuelo y los que tú me heredaste. Aún recuerdo cuando tenía siete años y me llevaste al estadio con la cara pintada de azul y una playera blanca casi derrumbándose en harapos a la que le pintaste una cruz y el 10 en el dorsal, yo contribuí escribiendo “Adomaitis” con plumón negro y con mi letra de “pulga”; tan pequeña que tanto escozor te causaba, recuerdo que me hacías repetir planas y planas sin resultado pues aún escribo así como guardando secretos que sólo tú podrías descifrar, nunca me lo dijiste pero doblaste turno durante quince días y aparte pediste un préstamo para comprar dos boletos en la zona general junto a la pantalla del estadio, querías ver al “diablo vestido de azul” golear en suelo mexicano a las relamidas gallinas del “Tolo” Gallego.

En común acuerdo con el enfermero de la guardia del sábado; elaboré un plan que tenía como objetivo eliminar de la televisión las ya acostumbradas películas de Cantinflas de las cinco y poner el juego de tus azules contra las otras gallinas.

No olvidaste meter a la maleta las espinilleras que siempre se me olvidaban, pues lo hice apenas recordé que tú no lo olvidabas, tampoco olvidé tus gritos de soprano con ira: ¡Bárrete!, ¡Con todo!, ¡La espalda, aguas, la espada!. Antes de comenzar con el protocolo de inicio del juego salimos seis suplentes con casaca naranja, tras nosotros; abucheos, utileros y auxiliares. Lo habitual era que por las noches estuviera contigo repasando nuestro origen y haciéndome el héroe, pero ahora me tocaba salir con el hervidero de gente cantando en la tribuna, con bengalas pintando el ambiente de colores, con cámaras de televisión y fotógrafos: construyéndote mil historias. ¡Mi primer partido en autoclave!

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Mientras tanto en tu sala de reposo no cesaban las protestas por quitar de la televisión a “El Agente 777”; nadie sabía que una buena “propina” de pronto extravió los controles del televisor y tuvieron que aguantarse y observar el juego.

Minuto 76, supe que tú lo mirabas indiferente, el partido se mantenía 2-2 y al borde del colapso, estaba para cualquiera… Despeja Cisneros y en el círculo central saltando a bayoneta calada por la dividida Quintanar le hizo “banquito” al mago Caviani, ¡No!, gritó el profe. Nuestro 10 cayó sobre el antebrazo izquierdo sacándolo de la cancha en camilla y con la mano derecha en la cara, señal de que la caída lo dejaba fuera. De pronto el tiempo se congeló, ¡Espíritu, vas a entrar! -dijo el Profe-, y después escuché el silencio y sin calentar más que el trote hacia la línea lateral para no perder más tiempo recibí indicaciones: -En la zona del mago a espaldas del contención… (El contención era Quintanar, un toro antediluviano listo para embestirme).

Observé el tablero electrónico sale el 10 entra el 58, mi dorsal era tu año de nacimiento -pensé-. Camiseta bien fajada y mis zapatos negros bien lustrados para no perder la elegancia, como me enseñaste, al verlos, recordé los “tacos” que me regalaste cuando tenía doce años, ahorraste mucho tiempo para comprarlos, he de confesar que cada vez que los veo en casa me enorgullecen porque me acuerdo de donde vengo. El sonido local me anunció y la mezcla de indiferencia y abucheos del coloso nunca me impactaron, mientras el comentarista hacia lo propio por televisión: …”Parece que el mago está bien, sólo fue el golpe, pero más vale cuidarlo por que se viene la liguilla, a propósito se hizo la modificación, en lugar del mago entró con el número 58 un jovencito debutante llamado…”…

¡José María!, ¡yo tengo un hijo que se llama José María!, me cuentan que gritaste tras escuchar mi nombre, mi nombre de composición literaria, bíblico, casi sacro; idéntico al tuyo, decías que había llegado para llenarte la vida de color, para llenar el vacío que dejaron en tu alma. ¡José María Espíritu Escudero es mi hijo!, volviste a entonar mientras la sala quedaba petrificada tras la magnitud de tu recuerdo; pues el corazón no olvida lo que ama, el corazón no padece epidemias y mucho menos borra de su memoria lo que el indolente cerebro desecha. De pronto sentí una conexión contigo y volteé hacia la zona general del estadio, allá junto a la pantalla y te vi junto a mí con la playera que me pintaste mientras gritabas con tu peculiar voz: ¡Bárrete!, ¡Con todo!, ¡La espalda, aguas, la espalda! y con esos gritos le pinté la cara a Quintanar los 13 minutos que jugué y también me bastaron para bailar con los centrales y colgarle tres pases a Escobar de los que metió uno, el de la victoria.

El enfermero me contó que soltaste una lágrima mientras repetías mi nombre, también me dijo que de tu baúl sacaste el mendrugo de playera blanca con el 10 que le pintaste, tachaste el “Adomaitis” que yo había puesto con plumón y encima le bordaste “Espíritu”, desde entonces no la sueltas cada fin de semana, ni en mis juegos con selección, ni cuando voy a verte.

Ya te pasaron a otro pabellón, parece que estás encontrando las llaves de los miles de candados de tu Castañeda, y aunque sé que jamás volverás a ser la misma, también sé que tu edificio ya no está en ruinas, tus paredes empiezan a refractar de nuevo.

Aunque nunca supe quién puso la semilla en tu corazón, ¡nunca hizo falta!, mi dorsal siempre se desbordó con tu apellido, con tu sangre…

  • chc_killer

    Muy buena lectura futbolera, alguna alegria tenian que tener los Azules aunque sea en la imaginacion literaria!!!

  • Hernan

    Buen relato, felicidades Juan, que diga Guillermo Escutia. Pero por otro lado, ser cruzazulino y tener alzheimer debe tener sus beneficios, ellos no sienten la “sequía” de campeonatos. Pueden ver el ultimo campeonato mil veces y siempre emocionarse como si fuesen campeones de nuevo :v

    • G. R. Escutia

      Así es Hernan, ha sido un Alzheimer inducido desde hace ya 18 años! Saludos!

  • Lady MadriZ

    Qué relato tan bonito! Me emocioné al ir leyendo ……. recuerdos ;-(
    Muy bien escrito.
    FELICIDADES 😉

    • G. R. Escutia

      Que bien que te gustó! Ojalá hayan sido recuerdos cicatrizados!
      Gracias y saludos!

  • Michel Corleone

    Te mamaste que buen relato.

  • bicéfalo

    muy bueno Guillermo, justo ese Espíritu que entró a jugar es el mismo que falta en la Noria desde hace mucho mucho tiempo

  • Best Rincón Sapiens Ever.

    • G. R. Escutia

      Muchas gracias Ilshe! No sé si lo recuerdes, pero hace algunos ayeres, igual publicaron un texto mío: “Jamás el mes de mayo volverá a ser igual”, no recuerdo sí lo revisaste tú o lo hacia Nicolás Tapia… Saludos!