Bien lo dijo Facundo

Con los chamacos volvimos a sentir

Con los chamacos volvimos a sentir


El sábado pasado murió asesinado Facundo Cabral. El arrebato violento de su vida, el silencio impuesto por la estupidez de las balas, duele en aquellos que padecemos el síndrome del romántico empedernido. Amantes del amor, bohemios eternos y devotos del sentimiento, vagamos por los caminos con un costal abierto para obsequiar y recibir cualquier instante cargado de alegría o melancolía. Callaron a Cabral, pero su voz aún se escucha y revela muchas verdades.

Una de ellas cobra forma en el futbol. “Entendí que hay un solo lenguaje, el del corazón”, diría en reiteradas ocasiones el trovador. ¡Cuánta razón tiene! Ese lenguaje lo vimos y sentimos en mutuo acuerdo los aficionados y los chamacos de la Sub 17.

Ya fuera en el estadio o a través de la televisión, los aficionados gritamos como locos los goles de Briseño y Casillas. También hubo lágrimas. Pero más allá de ser una expresión netamente deportiva, se desprendió la emoción ahogada de millones que necesitamos un pretexto justificado para volver a abrazar y reír en sintonía.

En un país donde la gran mayoría amanecemos y dormimos al amparo de bajos salarios, desempleo, ejecuciones y un sinfín de cuestiones nada presumibles, un logro deportivo no nos viene nada mal. Se ganó más que una Copa; se venció la barrera de la apatía o la indiferencia colectiva.

Sin embargo, y tristemente, la euforia es efímera; se desvanece de la noche a la mañana. Volveremos a la cárcel construida por nosotros mismos, esa donde no tenemos memoria y nos disgustamos por el bien del otro. Los chamacos crecerán y tendrán que enfrentar la realidad de los promotores ambiciosos, de los clubes reacios a apostar por las canteras, de la fama mediática que se coloca por encima de sus cualidades futbolísticas.

Los medios no estamos exentos. Nos preocuparemos por todo, menos por el futbol. Daremos rienda suelta a los rumores, al festín de no verlos progresar, así como a la excitación de criticarlos por no dar el gran paso. Seguiremos deleitándonos con sus vidas privadas, vicios y uno que otro desliz sexual. ¿Abordar el juego? Nunca lo hemos hecho.

Mientras tanto, los aficionados, y más aquellos que somos románticos, continuaremos a la caza de algo que aplaudir, de una jugada que admirar. Bien lo dice Galeano, vamos por los estadios como mendigos buscando un poco de buen futbol.

“El agradecido siempre es agraciado”, citó Cabral alguna vez. Hoy celebremos la proeza de los chavos sin colgarnos la medalla que a ellos les corresponde. Pero agradezcamos a su corazón, pues el nuestro latió a la par del suyo.

ELBUENFÚTBOL*
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Desde la web

  • Regina

    Si me lo permites Elías, te robaré tu última frase… y es que en esa creo que dijiste todo… el triunfo es de ellos, ellos se lo ganaron ya que nosotros no hicimos más que apoyar, pero que miles de millones de corazones latieran al unísono es algo que no se le compara a nada

    Debo confesar que fui de las que lloró como si la hubiera dejado el novio jajaja, no me da pena que me consideren una romántica del deporte, da gusto saber que hay varios con quienes compartir un emoción de un calibre que las palabras a veces no alcanzan… estos muchachos nos volvieron a emocionar como los chamacos de hace 6 años, ojalá sea el inicio de algo, de un camino que nos lleve a más emociones ahora a nivel mayor 🙂

    • Regina, róbatela. Pues ojalá sea el inicio de algo, no sé si ello implique un camino que nos lleve a más emociones. Un saludo

  • de acuerdo, me gustó mucho la última oración: agradezcamos a su corazón, pues el nuestro latió a la par del suyo