El mejor equipo desconocido de la historia

El mejor equipo desconocido de la historiaExtraviado en el olvido histórico, arrumbado en la desmemoria del balón, está un equipo extraordinario, poco valorado, que procedía de un universo desconocido en una época hermética donde dos mundos se daban la espalda. Desde el bloque soviético, surgió el Dínamo de Kiev de Lobanovsky.

Valeri Lobanovsky fue el técnico que construyó el mejor equipo desconocido de la historia. A este hombre, a quien hoy tal vez muchos recuerdan nada más que por su rostro abotargado y la mirada fija en un punto indeterminado del horizonte, se le debe la creación del futbol más avanzado que se vio en la antigua URSS y uno de los más deslumbrantes que se recuerda en Europa. Incluso, ya más cercano en el tiempo, Lobanovsky se dio tiempo de hacer un último gran acto de servicio al futbol mundial: el descubrimiento y tutela de Shevchenko.

A él, por cierto antiguo jugador del propio Dínamo, le perjudicó una época donde el mundo deportivo comunista era un misterio en Occidente. Sólo las apariciones en copas europeas, así como una Copa del Mundo, permitieron disfrutar de la engrasada máquina que ideó.

La autoridad de su Dínamo fue tan grande en la URSS, que la selección acudió al Mundial de México ’86 con once jugadores del equipo de Kiev. Lobanovski era el entrenador. Aquel año, el equipo de la capital ucraniana ofreció una de las cimas del fútbol en la final de la Recopa frente al Atlético de Madrid de Luis Aragonés, una exhibición de un calibre con pocos antecedentes.

Se decía que Lobanovsky había armado un juego con robots, y es que el técnico tenía una aproximación de carácter científico: todo debía responder a patrones establecidos, a respuestas físicas predeterminadas en los entrenamientos, a una suerte de laboratorio donde el espacio para lo inesperado tuviera el menor efecto posible. Los críticos consideraban que era un futbol sin alma, incapaz de reaccionar a las situaciones adversas. Y para ser honestos, algo de eso se apreció en la trayectoria soviética del ’86. Jugó partidos impecables, pero no tuvo respuesta a complejas situaciones, como contra Bélgica, un equipo con menor vuelo que se impuso mediante la astucia de sus veteranos en el Mundial de México.

Para darnos una idea de lo que intentaba este hombre, en los 70’s ya utilizaba la computadora para medir y obtener estadísticas en cuanto al rendimiento de sus hombres. Un futbol planeado, férreo, disciplinado, rápido, letal y ganador. Decían, en ese tiempo, que no tenía fisuras. Eso se lo concedían sus críticos, sin embargo, como se mencionó, no precisamente lo escupían en forma de halago, pues le reprochaban extinguir cualquier instante de inspiración, es decir, la esencia más pura del juego.

Pero llegó el momento de callar al mundo, de silenciar opositores. Fue justamente en aquel juego contra el Atlético en el estadio Gerland de Lyon. Borraron a los españoles de la cancha, como lo hacían con todos sus rivales, solamente que en esa ocasión no hubo robotización, sino perfección. Fue como un futbol de laboratorio, sí, pero un laboratorio de ideas, de inspiración, de ocurrencia, de imaginación. Aquel equipo surgió de la otra orilla del fútbol para cautivar al mundo. Brillaron apellidos como Blokhin, Zavarov, Belanov, Evtuchenko, Demianenko, Rats, Bal, Bessonov y el joven aprendiz Mihailichenko, quien no disputó la final pero se anticipaba como la próxima gran estrella del FC Dynamo Kyiv.

En resumen, no hubo partido, simplemente fue un concierto donde uno arrolló y otro admiró. Aunque Blokhin había perdido algo de su aceleración, todavía ejercía su autoridad en la delantera. Los livianos Zavarov y Belanov eran dos balas. Fue 3-0, y su segundo gol alcanzó la rara perfección de las jugadas a la mano del rugby. Fue un despliegue de izquierda a derecha que pasó, a un toque, por los pies de Zavarov, Belanov y Blokhin, mientras los defensas del Atlético (entre ellos Tomás, Juan Carlos Arteche, Miguel Ángel Ruiz) trataban inútilmente de corregir sus posiciones. Blokhin cerró la jugada con un espectacular remate. Todo ocurrió a una velocidad de vértigo, con precisión de relojeros. Gol para el recuerdo.

Momento cúspide, futbol total…

Un equipo destinado al anonimato y castigado eternamente al olvido. Pero aun así, tal vez, el mejor equipo desconocido de la historia… Y lo hizo Lobanosvky.

ELBUENFÚTBOL*
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Jairo Martínez ( Jairo )

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Desde la web

  • Alejandro CD’

    Yo recuerdo la URSS del ’86 – era una máquina. Le metió 6-0 a Hungría, 3-0 a Canadá, empató a 1 con Francia, y sí efectivamente, no pudo con Bélgica de Scifo y Pfaff en el Nou Camp de León. Belanov era mortal!

    • Sergio Sánchez

      Clarooo, un equipazo ese de la URSS. Jugó en León vs Bélgica, de los mejores partidos de ese mundial, no exagero ehh???

      Saludos!!!!

      • Jairo Martínez

        Sigo buscando el partido… eso me dicen eh!

        • Alejandro CD’

          Búscalo, quedaron 4-3 en tiempos extra (2-2 en los 90′)

  • No recuerdo a esa URRS ni a ese Dínamo… pero que bonito texto…

    • Jairo Martínez

      Habrá que construir el recuerdo entonces, porque vale la pena. Esto fue un primer pasito para enterarnos más de ese equipo. Gracias Angel

  • Sergio Sánchez

    Había un jugador ..Protasov, si no mal recuerdo, jugó muy poco por una lesión en el mundial del ’86, pero era un tremendo cañonero. Si mi memoria no me es infiel, mete un golazo a Canadá y después se lesiona.

    Esa URSS me atrevo a decir, era de los equipos más ofensivos de ese mundial, y con Bélgica cae en tiempos extra pero bajo una temperatura de 37 grados en el Campo Nuevo de León, infernal el clima!!!!!!!!!!!!!

  • Hugo Saavedra

    Excelente texto.http://www.youtube.com/watch?v=62IjL6lWCgY. Aquí un video del grab Lobanovsky