Vignal, el francés volador

El delantero se acerca. Rápido dribla a sus rivales, se inventa una pared mágica que lo deja solo frente al portero. Antes de emitir su disparo le vienen bombazos de recuerdos, frases que encumbraban más allá del cielo al guardameta que tiene enfrente. Iluso, pero como buen delantero, se dispone a romper con esos mitos que, según su ego, son pequeños en comparación de él.

Entonces lo ve a los ojos. Descubre a un loco desorbitado, con el ceño fruncido, la camisa desaliñada, una sonrisa macabra. La boina del desquiciado arquero quedó atrás, evidenciando su alborotado cabello. El delantero voltea a la esquina inferior derecha, donde quiere colocar la pelota. Otra sorpresa: Una botella de vino semivacía explica los dientes morados de su rival.

Alza la pierna. Quiere pegarle con furia al destino y enviarlo a rozar las redes. El loco que tiene en frente ya no está tocando el suelo sino que danza en el aire. Embobado, suelta la patada y se topa con la figura. Cara a cara, pie a mano. El arquero detiene el impacto y lanza estrepitosamente, con su impulso atrabancado, al atacante casi hasta la línea de gol. Se queda con el balón entre los brazos y el pecho. Y más de 100 mil almas aplauden y gritan eufóricas la brillante actuación del Francés Volador.

Así fue. René Vignal rompió cualquier esquema bajo los tres postes. Revolucionó el estilo de atajar y creó así un paradigma. Primero fueron susurros, luego comentarios, más tarde… la leyenda. En sí mismo reflejaba la identidad del francés aguerrido de aquella época.

La Segunda Guerra Mundial tenía enclaustrado al mundo. Muerte, dolor, nula misericordia. Sobrevivir era una odisea diaria, donde el futbol encontró un resquicio en algunos momentos. Como en gran parte de las fronteras enfocadas en la guerra, Francia, última organizadora de una justa Mundial, mantuvo encendida la vela alegre y necesaria del balompié en buena medida por tipos como Vignal. El pueblo iba a verlo, a recobrar el ánimo, a verse en el espejo y a deleitarse con la estampa marca René Vignal: el vuelo.

Causó furor de 1944 a 1960. Fue profesional con el Toulouse FC (en segunda división), con el Racing Club Levallois 92 (ahí ganó la Copa de Francia en el ’49) y con el AS Béziers. En la Selección Bleu jugó del ’49 al ’54… pero la edad y sus extrovertidos lances no le permitieron competir en la Copa Mundial de Suiza.

Así como disfrutó de volar, de crearse una imagen en la portería y de escenificar la magia en las canchas, Vignal amaba el juego de azar, la vida fácil, las mujeres y el dinero. Tres veranos después de su retiro, entre la decadencia y la irrealidad, fue arrestado y sentenciado a 15 años de prisión por haber cometido 27 robos a mano armada; vaya vuelo al que se aventó.

Hoy, a sus 84 años, El francés volador vive en su tranquilo refugio de Toulouse, donde todavía platica sus suertes, recuerda sus pasajes y piensa en su historia con el balón, el aire y lo imposible.

Emiliano Castro Sáenz ( emiliano )

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  • Casio

    Felicidades. Poco a poco se han ganado mi interes con esta seccion, ya la espero mas que la contracolumna de Barak en ocasiones. Sigan Asi.

    • Emiliano Castro Sáenz

      Muchas gracias Casio. Gracias por leer y comentarnos.
      Un abrazo!

  • omar barak davila

    Exelente Historia!!! no cabe duda que futbol sapiens es lo que yo andaba buscando!
    barak quieres ser mi maestro?? hahah

    • Emiliano Castro Sáenz

      Gracias Omar. Vignal forma parte de ese lapso en la historia del futbol que fue secuestrada por las guerras. Saludos, gracias por leer y comentarnos. Un abrazo!

  • afortunado, que los amantes de la vida fácil suelen vivir poco.

    Muy buen relato

    • Emiliano Castro Sáenz

      Gracias Luistua. Lo que le dejó el futbol y sus millones de sonrisas regaladas… Pero ya él estará poniendo en la balanza si fue una dicha o un infierno llegar a los ochentaytantos.
      Reitero el agradecimiento por las flores. Aquí seguimos!