Previo al Clásico. El desprecio a un árbitro

“Hice cosas que no debí haber hecho, que muy probablemente propiciaron que no me dieran un clásico nunca: el hecho de encarar a un jugador o que hubiera un diálogo fuerte…”, Bonifacio Núñez, ex árbitro mexicano.

Historias del “Clásico de Clásicos” hay miles. Hazañas, batallas campales, finales, goles, frases, traidores. El paso del tiempo hace honor a la memoria. Quienes crecimos como testigos de una época que aún se añora recordamos aquellos años en que estaba prohibido intercambiar un saludo entre Águilas y Chivas, y ya no se diga las camisetas. Guardamos en algún rincón de nuestra devoción futbolera el hacha y la sangre caliente con que se jugaba un partido de esta magnitud.

Asimismo, es imposible olvidar al eterno protagonista sin afición. Ese hombre tan amado y tan odiado, jamás indiferente, era el ingrediente extra para enaltecer el odio y rivalidad deportiva entre amarillos y rojiblancos. Con sus decisiones, aciertos y errores, contribuyó a que el clásico fuera más que un simple partido. Ahí está él en algún lugar de la historia, el árbitro.

Sin embargo, el clásico pagó con ingratitud y desprecio a uno de los árbitros más polémicos de nuestro balompié. Lo amabas o lo odiabas, caía mal o te simpatizaba, pero no existía un sentimiento de indiferencia hacia su trabajo. Era capaz de corretear a un jugador de una portería a otra para encararlo y pedirle que dejara de reclamar. También tenía el talento para regañar a un futbolista durante 90 minutos y al silbar el final del partido acudía con el regañado para abrazarlo. Además, dejaba que el jugador expresara su malestar por alguna marcación y ello derivaba en algunos segundos de caras y gestos entre ambos para que a final de cuentas no pasara nada. Ese hombre es Bonifacio Núñez.

Este árbitro que para algunas ópticas fue un granito en el arroz del arbitraje, recibió el rechazo del partido más importante de nuestra liga (al menos así era antes). Bonifacio, “el Boni”, no tuvo la suerte y dicha de pitar un clásico, jamás. ¿Por qué? No era del agrado de la Comisión de Árbitros. Méritos tuvo el hombre. Por otra parte, poseía características que se acoplaban sin problema alguno a un juego entre América y Guadalajara. Pero el destino del nazareno –al amparo de lo que decidiera la Comisión de Árbitros- estaba escrito fuera del contexto que representaba el “Clásico de Clásicos”.

“No le quedé a deber al arbitraje, ni el arbitraje me quedó a deber, no, no, nunca”, dice Bonifacio Núñez. Quizá el arbitraje no le quedó a deber, pero el futbol sí, o mejor dicho el clásico guarda una deuda pendiente.

Elías Leonardo ( Elías )

Perfíl Futbolsapiens: Elías Leonardo
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    Grande Boni!