10 curiosidades de: Edinson Cavani
10 curiosidades de: Edinson Cavani

Toca turno de abordar 10 rasgos del uruguayo Edinson Cavani, el hombre sensación en Napoli y pieza fundamental para Óscar Washington Tabárez en la selección charrúa.

ORÍGENES. En 1987, Salto, Uruguay, contaba con una población de 80 mil habitantes. La gran mayoría de la gente se dedicaba a las labores del campo y se distraía con la pesca. El 14 de febrero de ese mismo año, la familia Cavani recibió a Edinson. En lugar de agarrar la caña para pescar o cuidar animales, la criatura elegiría el balón como forma de vida.

PRIMEROS PASOS. A los cuatro años dejó muy en claro que viviría del fútbol. Con el equipo infantil de Nacional dio sus primeras patadas, anotó sus primeros goles y cobró lo que podría llamarse su primer sueldo. Cada vez que perforaba las redes recibía como premio un helado: «Yo siempre pedía el de dulce de leche y de vainilla». La nevería ubicada a 20 metros de la cancha lo motivó desde pequeño a buscar el arco contrario.

INQUIETUD. Con 12 años a cuestas, Edinson no tenía interés alguno por sentarse a ver partidos de fútbol, él solamente quería jugarlo con los amigos. Un buen día se le ocurrió encender el televisor y quedó fascinado con un holandés, Ruud Van Nistelrooy: «Me fijaba en la tranquilidad que tenía a la hora de definir». La cosquilla por aspirar a algo más había surgido.

REAFIRMACIÓN. Después de ver a Van Nistelrooy descubrió que tenía otro ídolo. Sin darse cuenta, Edinson se sentaba a ver los partidos del argentino que lo llevaría a tomar con demasiada seriedad al balón. Admiraba a Gabriel Omar Batistuta por «la potencia, la fuerza y la velocidad» que poseía. De paso, la melena también se la dejó larga en homenaje a Batigol.

DESTINO. Sabedor que desde chico metía goles y que Van Nistelrooy y Batistuta eran lo que él quería ser, Edinson comenzó a sentirse inquieto en la posición de volante creativo. Fue hasta los 15 años cuando un entrenador se percató de que el muchacho estaba desperdiciado en la cancha y decidió ponerlo de delantero. Edinson no solamente se sintió cómodo, sino que también comenzó a despuntar. ¡Bendito entrenador!

LA OPORTUNIDAD. A los 17 años, Edinson se muda a Montevideo. No había marcha atrás, su hora de la verdad había llegado. ¿Quería ser profesional? Danubio lo acogió para enrolarlo a las divisiones inferiores. Dos años después de su arribo, el muchacho debutó con el primer equipo e hizo siete goles. Y no sólo eso. Con el club que lo vio nacer en plan grande ¡salió campeón del fútbol uruguayo!

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EL ASCENSO. Tras el logro inmediato con Danubio fue convocado a la selección charrúa Sub-20. A la orden del día, cazatalentos europeos recibieron información de que un juvenil uruguayo se estaba convirtiendo en una auténtica joya de las canchas. Ni tardos ni perezosos se fueron encima de él. De tantos clubes que lo buscaron y se rumoraron, Edinson optó por Palermo. El gran paso al fútbol europeo estaba dado, sin embargo Cavani fue mesurado: si quería llegar a lo más alto debía empezar a conocer el terreno desde lo más pequeño.

LA GRANDEZA. Una vez que estudió y se afianzó en «un fútbol muy táctico, casi perfecto en ese sentido, muy difícil de jugar», Edinson no puso peros para aceptar ser fichado por Napoli. Intuía que en dicho club llegaría lejos. En lugar de ver como losa el nombre de Maradona se agarró de él para reconfortarse: «Cuando pongo el pie en el campo siempre me acuerdo de Maradona, que hizo historia aquí. Me da fuerza, siento que me empuja hacia delante». Sin pensar en ello, Edinson sustentó lo que se dice de Napoli: es tierra fértil para los sudamericanos, su cancha cosecha cracks.

LA CELESTE. Al mismo tiempo de escribir una nueva historia con Napoli, Cavani lo hacía con la camiseta que todo futbolista se ilusiona con portar, la de la selección nacional. Sin temor al peso de la misma, Edinson fue pieza clave para que Uruguay quedara cuarto en el Mundial de Sudáfrica 2010 y campeón de la Copa América en 2011. ¿Cómo concibe a la playera celeste? Para él no hay pretextos: «es la única camiseta que jamás debe ser negada». Despreciarla, en su visión, es despreciar un sueño, es despreciar la dicha de ser futbolista.

DEBILIDAD. Hay una cosa que le puede, su privacidad. A veces quisiera ser un tipo más, pero no puede: «No me atrevo a negarle a la gente un autógrafo o una fotografía. Cuando me ven descansando no entienden que estoy descansando. Pero no es su culpa, no deben entender nada».