Johan Cruyff encaja con la manida frase “genio y figura”. Revolucionario dentro de la cancha, como fuera de ella. Un distinto, como futbolista y como entrenador. Fumador, comprometido con algunas causas políticas. Rebelde con y sin causa. Así vivió y así nos dejó un legado que tiene hasta una piedra flotando en la galaxia. Repasemos diez de las tantas historias excéntricas que giran alrededor del “Holandés Volador”.

Grabó un sencillo y fue top… 21

Sí. En 1969 y siendo sensación en su país, unos productores musicales le quisieron sacar punta a su incipiente fama. Le convencieron para grabar un tema y tras una primera prueba no muy satisfactoria, la segunda, aderezada con unas cervezas de un bar cercano, fue más decente. El sencillo “Oei oei oei (dat was me weer een loei)” (Algo así como “Ay, ay, ay, otro golpe más), habla de las desventuras de un boxeador amigo al que le dan una tunda, luego pasa por un bar para olvidar las penas y la paliza final la recibe de una esposa furiosa en casa. Este tema, con reminiscencias teutonas en el ritmo, alcanzó el puesto 21 en el ranking musical holandés. Cuando llegó al Barcelona, fue reeditado en España en 1974, pero sin nada de éxito.

Un asteroide lleva su nombre

Seis años antes de morir, en 2010, el asteroide 14282 (descubierto por los esposos holandeses Ingrid y Cees van Houten en 1960) tras una campaña hecha por el periodista de ciencias Carl Koppeschaar, fue nombrado “Cruijff” (la grafía exacta en holandés de la leyenda), siendo el tercer futbolista que recibe el honor de tener un cuerpo espacial con su nombre tras el húngaro Ferenc Puskas y el austro-checo Josef “Pepi” Bican. “Cruijff” orbita entre Mercurio y Jupiter, tarda cinco años y tres meses en darle la vuelta al sol y el diámetro de este planeta pequeño es de nueve kilómetros. Nueve, como el dorsal que solía usar antes de usar antes de su eterno “14”.

 

Número 14

Cruyff inmortalizó el número 14, al punto de que ese dorsal está retirado en el Ajax y suele recibir homenajes de esa afición al minuto 14 de ciertos partidos. El número llegó a Johan por azar: Gerrie Muhren, compañero de la leyenda, era incapaz de encontrar su camiseta con el dorsal ‘7’ junto antes de enfrentar al PSV y Cruyff le ofreció la suya, con el ‘9’. Después, se fue al cesto donde se guardaban las camisetas de los suplentes y cogió la primera que vio. Ese día de 1970, ganaron 1-0 y por superstición, se quedó con el “14”, a pesar de que las reglas de las ligas europeas exigían a los titulares vestir dorsales del 1 al 11. En la selección holandesa mantuvo ese número, pero en el Barcelona, por la regla expuesta, volvió a su “9” original.

Dos rayas y un mito

Adidas, marca alemana que vistió a Holanda en los mundiales de 1974 y 1978, no vio venir lo que la principal figura tulipán preparaba para su marketing propio. En Alemania, Cruyff tenía una camiseta exacta a sus compañeros pero con una raya menos que las tres que suele tener una Adidas original. Patrocinado por Puma, la línea “Cruyff” generó incomodidad. El atacante quería su tajada adicional, pero Adidas pagó un monto único a la federación holandesa. Para el mundial de Argentina, Cruyff se negó a ir y muchos se acogieron al mito de que lo hizo para protestar en contra de la dictadura de Videla. Sin embargo, otras voces decían que era un tema de marketing y ya no podía encarar a Adidas, que tomó sus respectivas medidas. “Mi decisión no fue política. En absoluto. Fue una decisión deportiva, porque sentía que estaba en el final de mi carrera (tenía 31 años). No tenía ganas de sacar lo máximo de mí mismo y por lo tanto no debía estar”, zanjó la duda en una entrevista 30 años después. Aparte, un año antes, su familia había sufrido un secuestro.

Penalti “indirecto”

En 1982, una foma de ejecución de un penalty, metió en la historia una goleada de rutina del Ajax al humilde Helmond (5-0). A la hora de cobrar dicha pena máxima, Cruyff se puso de acuerdo con Jesper Olsen, su compañero, para que al ejecutar, no fuera el disparo directo a la arquería, sino que terminara siendo un pase. ¿Cómo distingue el reglamento un disparo de un pase? La acción, que dejó perplejos a todos, estaba y está bajo el marco legal del cobro de una pena máxima. Pase a Olsen, este devuelve y gol. Con el tiempo fue desempolvada por otros jugadores importantes, como Henry y Pires y más recientemente, por Messi y Luis Suárez. “Nunca se trató de una falta de respeto, era algo que ensayábamos con frecuencia”, recordó Olsen.

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NY Cosmos por un ratico

El mítico equipo neoyorquino, que contó con Pelé y Franz Beckbauer, sedujo a Cruyff para armar una oncena imbatible. De entrada, el contrato que comprendía una gira amistosa, contó con el holandés, que se vio bien en su primer encuentro, ante una selección del resto del Mundo. Inesperadamente, regresó a España y luego cumplió parcialmente el contrato al jugar contra Chelsea en Londres. Cosmos le seguía insistiendo para jugar en 1979, pero, aunque tenía los derechos deportivos, terminó atravesando el país para recalar en Los Ángeles Aztecs. Se decía que fue un movimiento de la misma NASL (así se llamaba la liga, North American Soccer League) para equilibrar fuerzas. Sin embargo, Cruyff llegó a decir que “preferí venir acá, porque hay más por cultivar en cuanto a afición”. Cruyff fue jugador del año, pero perdió la final con el, digamos, dueño de su ficha, el Cosmos. Al año siguiente, prefirió irse al Washington Diplomats que a la Gran Manzana. Se dice que de haber estado con Cosmos, se hubiese ganado cuatro millones de dólares más de los que consiguió en suelo gringo.

Por venganza a las filas del enemigo

Cuando Cruyff cumplió los 31 años, el club de sus amores, el Ajax, le hizo un sentido homenaje (que fue “saboteado” por Bayern Múnich al ganar 8-1 en ese amistoso) por una próspera carrera y porque parecía que su ciclo como jugador llegaba a su fin. Sin embargo, tras probar suerte en Estados Unidos, vuelve a España (pero a segunda, con Levante) y a sus 34, vuelve a tocar la puerta del Ajax, ese mismo que le homenajeó. Aún con gasolina en sus piernas, ganó dos ligas seguidas. En 1983 pidió una extensión de contrato, viendo su final cerca y el presidente del Ajax en aquel momento, Tom Harmsen, no solo no accedió sino que humilló al jugador con unas declaraciones desafortunadas: “Cruyff no tiene nivel para la primera división holandesa”. Molesto, decidió ir a Rotterdam para negociar su último contrato con Feyenoord, y retirarse con el mayor enemigo del Ajax. No solo le devolvió la liga al Feyenoord tras nueve años de sequía (culpa en parte del Ajax), aparte, Cruyff fue electo jugador del torneo. Con esta venganza consumada, a sus 37, decidió colgar las botas. Ese Feyenoord campeón solo perdió dos juegos, uno casualmente ante Ajax en Amsterdam y con un 8-2 a favor de su ex equipo.

Jordi, el nombre “prohibido”

Cuando Cruyff estaba en el Barcelona, el fachista Franco estaba en el poder y había ordenado “castellanizar” los nombres de las distintas lenguas que hacen vida en el estado español. Vascos, catalanes y otros debieron adaptar nombres propios a una lista “castiza”. Cruyff, que simpatizaba mucho con el rollo catalán, bautizó a su hijo “Jordi” (en castellano “Jorge”). Nacido en Holanda, al ser registrado en España, le pusieron peros. “Me dijeron que debía cambiar el nombre de mi hijo, pero le mandé a cambiar sus leyes”, reveló en una entrevista. Por cierto, Johan Jordi nació por cesárea una semana antes del Real Madrid-Barcelona que Cruyff llevó a ganar a su equipo 0-5. El parto fue acelerado para que el astro pudiera jugar el Clásico. Aquel triunfo fue festejado en toda Cataluña. “Más ha hecho Cruyff en 90 minutos por Cataluña que los políticos en dos décadas”, escribió un corresponsal de la época del New York Times.

Apuestas ganadas
El Cruyff técnico, aunque más reposado, no dejó de ser polémico. Con el Barcelona, acostumbraba a apostarse dinero con el búlgaro Hristo Stoichkov en los entrenamientos. Ganaba el que más veces golpeaba el balón en los postes. En una ocasión apostó con Stoichkov a que no marcaría ante el Tenerife. Al descanso el Barcelona ganaba 0-2, con tantos de Laudrup y Goikoetxea. Cruyff sustituyó a Stoichkov y cuando salió del campó, le soltó: «Me debes 100.000 pesetas». “Era un astuto, quedaban minutos para que yo marcara un gol”, recordó el búlgaro tiempo después.

Desprendido de todo
Jordi Cruyff, contó al tiempo de morir su padre, que poco le importaban los trofeos y reconocimientos ganados. Es decir, sí valoraba que fuera premiado, pero el objeto en sí (medalla, trofeo o Copa) no le merecía mayor cuidado. “Cuando le preguntaba a papá donde estaban sus Balones de Oro, nunca sabía”, explicó. De hecho, casi mete en su familia en un problema legal después de su muerte, pues recibió dos condecoraciones de la reina de Holanda y la ley dice que al fallecer el homenajeado, la familia debe devolver esas medallas. Y nadie sabía dónde estaban, pero aparecieron. “Me da rabia, pero era su carácter: mi padre no guardó nada, regalaba casi todo”, agregó quien hoy también sigue sus pasos de DT.