El 2 de diciembre de 1992, Cuauhtémoc Blanco hizo su debut con el América en un partido ante el León en el estadio Nou Camp. Aquel volante derecho, de físico delgado, que parecía iba a tropezar siempre que encaraba y ganaba la posición a un rival; aquel impetuoso chamaco que se mostraba ansioso por dar el segundo paso antes que el primero, pronto llamó la atención de la afición americanista y especialistas en la materia, aunque sus mejores años estaban reservados para más adelante…

Cuauhtémoc inició su carrera futbolística en el barrio, condición que 20 años después lo ubica como un ídolo del pueblo, de esos que con base en el esfuerzo, trabajo, mentalidad y algo de irreverencia, logra trascender ayudado en mucho por ese don que la vida le dio para hacer de su actividad todo un arte, milagro y magia.

Desde pequeño mostró compatibilidad total con el balón, aseguran. Sus inicios en los llanos a muy temprana edad siempre reflejaron a un chico inquieto, con hambre de ser y con cualidades superiores a las de sus compañeros.

Fue así que la carrera de Cuauhtémoc encontró destino claro al ser observado y llevado al equipo de sus amores, las Águilas del América por allá de 1990, y fue Miguel Ángel Zurdo López el técnico que dos años después le dio la oportunidad de debutar ante el León, sin embargo Blanco no tuvo la continuidad esperada.

El Cuau, como se le conoce por todos lados, fiel a su costumbre siguió luchando y su gran oportunidad llegó dos años después (1994), justo con la llegada del holandés Leo Beenhakker al proyecto americanista. Esa fue la punta de lanza de Blanco, ahí surgió la figura, el mito, el crack y con él una historia rodeada de polémica, triunfos, tristezas, alegrías y algunas decepciones, características de figuras que generan amor, odio, comprensión y hasta intolerancia, características de un ídolo del pueblo, de una figura que se arraiga en el corazón de la gente y que no se sale de ahí jamás.

El romance de Blanco con las Águilas nunca ha terminado a pesar de haber salido del club en varias ocasiones, la primera en 1997 cuando emigró al Necaxa. Condiciones las tenía, todas, sin embargo en el América la paciencia era poca, y la sapiencia de algunos directivos era nula. La llegada de más jugadores extranjeros y algunos primeros actos de indisciplina propiciaron que el ídolo del Tepito pasara un tiempo en el Necaxa, donde tuvo un levantón fantástico en su nivel futbolístico jugando al lado del Matador Hernández.

De ahí se fue al Mundial de Francia ya como una realidad, joven aún, pero realidad al fin, donde metió uno de los mejores goles de la justa ante Bélgica. Blanco regresó a Coapa nuevamente a mediados de 1998 donde permaneció dos temporadas más. Allí fue goleador del Torneo Mexicano con 16 goles y se consagró como el mejor jugador del campeonato de invierno.

Para 1999 se consagró como el crack del futbol nacional tras la conquista de la Copa Confederaciones en el estadio Azteca, ante la Selección de Brasil y marcando el tanto de la puntilla para los amazónicos, un gol soberbio, con recorte incluido y definición excepcional para vencer a Dida.

En el año 2000 y después de jugar una Copa Libertadores excepcional con el América llegando hasta semifinales y brindando exhibiciones majestuosas ante rivales de jerarquía importante en Sudamérica, como la mostrada ante el América de Cali en el estadio el Campín de Bogotá donde hizo tres goles jugando bajo la presión de una hinchada que lo apretó como pocas veces se recuerda, Blanco emprendió la aventura europea jugando para el Real Valladolid por dos temporadas. No logró brillar como se esperaba pero hizo un par de goles inolvidables, uno ante el Athletic Bilbao y otro más en el Bernabéu ante el Real Madrid de tiro libre, una estampa inolvidable.

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Por esas fechas sufrió la lesión más grave de su carrera hasta ahora, fue en un juego eliminatorio rumbo al mundial del 2002 en el estadio Azteca cuando el trinitario Ancil Elcock lo mandó al quirófano por rotura de ligamento cruzado. Esa lesión, sin duda alguna, le impidió a Blanco jugar en Europa a su máximo nivel.

Cuau vivió una tercera pausa en el América, pues en el Apertura 2004 militó con los Tiburones Rojos de Veracruz, a los que llevó al liderato general.

De principios del 2005 hasta 2007, regresó a Coapa. Conquistó su primer título en el futbol mexicano al coronarse en el Torneo Clausura 2005, donde las Águilas destrozaron a los Tecos en la final haciendo gala de un gran futbol con jugadores como Pavel Pardo, Kléber, Piojo López y claro, el propio Blanco, todos ellos dirigidos por Mario Carrillo.

En la etapa final en el América, se adjudicó tres premios: Balón de Oro al Mejor Jugador del Apertura de 2005, Balón de Oro al Mejor Jugador del Futbol Mexicano en 2006 y Balón de Oro al Mejor Jugador del Clausura de 2007.
Su cuarta salida del América fue al final de ese Clausura 2007, en la que llegó a la final y anotó dos goles pero perdieron ante Pachuca, un par de meses antes firmó contrato para ir a la MLS con el Chicago Fire.

La carrera de Blanco continuó por varios equipos más en el futbol mexicano, incluso jugando para la Liga de Ascenso. Vistió también las camisetas del Santos Laguna y ya en segunda, del Irapuato y de los Dorados de Sinaloa donde actualmente permanece.

En Selección Nacional ha brillado como pocos, sacando al equipo en las malas del pozo y llevándolo de su mano a dos mundiales, (2002 y 2010) ambas ocasiones con Aguirre como el técnico salvador del desastre en eliminatorias. Blanco además tiene el récord de ser el primer jugador mexicano en anotar en tres copas del Mundo: Francia 1998 ante Bélgica, Corea-Japón 2002 ante Croacia y en Sudáfrica 2010 ante Francia.

Su vida fuera de las canchas también ha sido un tema a lo largo de su carrera. Cuauhtémoc Blanco se ha hablado de tu con los escándalos que lo han hecho ‘blanco’ de la opinión pública que le ha atizado con todo el rigor posible.

Sus deslices amorosos y relaciones con figuras del medio televisivo han sido una constante en la vida del jugador mexicano hasta la fecha. A Blanco se le recuerda también por haber golepado a un periodista en Veracruz. Fue el sábado 8 de marzo del 2003, al terminó del encuentro en que América consiguió un triunfo 3-1 sobre los Tiburones, que el delantero Águila, agredió con un puñetazo por la espalda a David Failtelson, entonces reportero de Televisión Azteca.

Blanco también fue el responsable de la trifulca en el partido de Copa Libertadores entre América y el equipo brasileño São Caetano, que propició la invasión al campo de los fanáticos en el estadio Azteca. Por ese motivo, fue suspendido 1 año de toda competencia organizada por la Conmebol y no pudo participar en la Copa Libertadores ni en la Copa América de Perú 2004.

Apenas ayer, Blanco jugó la final de la Liga de Ascenso y salió lastimado de la rodilla izquierda en una lesión que se presume, podría ser ruptura del ligamento cruzado. De confirmarse esta posibilidad el final de su carrera estaría prácticamente confirmado quedando pendiente su adiós con el equipo de sus amores el cual se le ha negado en los últimos tiempos.

Este es Cuauhtémoc Blanco a 20 años de su debut, uno de los grandes jugadores que ha dado nuestro país, para muchos el mejor de la historia en México, el ídolo del pueblo, amado, odiado, incomprendido, víctima o victimario, genio, figura y que sueña todavía con decir adiós en el Azteca, lleno y vestido de amarillo.