PLATILLO FUERTE | América-Cruz Azul
PLATILLO FUERTE | América-Cruz Azul

CONTEXTO

Allá por 1962, en el principal hotel de Santiago de Chile, se expuso la maqueta de una construcción monumental que, por fantástica, parecía imposible. Era la maqueta del Estadio Azteca, la carta fuerte de México para pelear la sede de la Copa del Mundo 1970, la cual se daría a conocer en el Congreso FIFA, en Tokyo, durante los Juegos Olímpicos de 1964.

En la década de los sesenta, con López Mateos, el presidente deportista, México mantenía una economía sana, sin déficit, sin inflación, donde diario nacían nuevas y prósperas industrias, y el trabajo era aceptablemente bien remunerado. Se había creado el ISSSTE, la Compañía de luz y Fuerza, se decretó el derecho del trabajador a una parte de las ganancias y se estableció el aguinaldo. En el DF Se inauguró en ese periodo el Museo Nacional de Antropología, el Museo de la Ciudad de México, el Museo de Arfe Moderno y el Museo de Ciencias Naturales. En lo deportivo, la capital consiguió la sede de los Juegos Olímpicos de 1968, algo inédito en América Latina, y que sólo Río de Janeiro igualará en 2016.

Había bonanza, y en futbol también. La Selección Mexicana venía de ganar su primer punto en Suecia ’58 y su primer partido en Chile ’62. En ese Mundial sudamericano la Selección, dirigida por Nacho Trelles, se enfrentó ante los mejores y se quedó a nada de la clasificación a segunda ronda. Se perdió con el campeón Brasil, también en el último minuto ante España, y vencieron al futuro subcampeón Checoslovaquia. Después en Inglaterra ’66 el equipo nacional tendría una buena participación y, como cereza, en Tokyo habían recibido la noticia de que México superó a Argentina en la lucha por la sede de 1970.

Trelles, Fernando Marcos, Cárdenas y casi todos los referentes de aquella época, coinciden en que el país vivió su mejor etapa futbolística de 1954 a 1970. Y los resultados los respaldan.

LA ÉPOCA DE ORO

El Club Guadalajara, base de la Selección, obtuvo ocho títulos de liga entre 1957 y 1970. Hasta ese momento, el futbol mexicano era dominado por equipos del interior. León, Oro, Zacatepec y Toluca eran otros duros contendientes.

Pero en el Distrito Federal, en esos movidos sesenta, todo estaba cambiando. Comenzó a crecer muy rápidamente la población, llegaban muchos habitantes de los estados vecinos, se escuchaban The Beatles, los hijos de obreros entraban a las universidades, se construían rascacielos, aparecían nuevas colonias y barrios por todos lados, y era común ver en la Zona Rosa a García Márquez, Carlos Fuentes, Juan José Gurrola, Alberto Isaac y Alejandro Jodorowsky. Y en los bares y cafés, desde el más nice al más humilde, se hablaba de cine, de teatro y también de futbol, que comenzaba a ser un orgullo de la capital.

En la temporada 1965-66 América, y con figuras nacionales e internaciones como Fragoso, Coco Gómez, Vavá y Zague, finalmente levantó un título de liga en la época profesional, y fue el primer capitalino campeón desde el Atlante en 1947. Con esa conquista evitaron el tricampeonato del Guadalajara. Fue la última temporada de los Millonetas en Ciudad Universitaria, que cuentan las crónicas, cada semana presentaba llenos totales, como casi todos los estadios en esos días. Hay que apuntar que el América, dos años antes, había ganado consecutivamente el torneo de Copa. El hombre clave de ese repunte americanista fue Guillermo Cañedo.

Para la 1967-68 apareció un subcampeón inesperado, los Pumas de la Universidad, un cuadro que apenas seis años atrás competía en Segunda División. Tenían un entrenador ejemplar, Renato Cesarini, que sacaba jóvenes valores por montones. Dos años después del ascenso universitario, también consiguió ese logro el Club Cruz Azul, cuadro hidalguense que desde 1964 compite en Primera y que tardó sólo cuatro en levantar su primer título de liga, por cierto, dejando subcampeón a las Chivas. Su presidente, Guillermo Álvarez, ideó un equipo totalmente nacional y le dio frutos. Años después, en 1971, muy acorde a la época, se mudaría a la capital en busca de mayores horizontes.

Guadalajara, el hasta entonces dominador del futbol, levantaría su último título de liga de la época en la 1969-70. A partir de entonces, 16 de las siguientes 23 temporadas serían ganadas por la capital: 7 para América, 6 para Cruz Azul y 3 para Universidad.

EL CLÁSICO JOVEN

Con el inicio de la década de los setenta el futbol mexicano entró en crisis, en parte por la economía nacional, pero fundamentalmente por pésimas decisiones federativas a nivel futbol. Fernando Marcos, en su libro Mi amante el fútbol no duda en decir que el inicio del declive fue la destitución de Guillermo Cañedo como presidente de la FMF. «Una de las razones de esta bancarrota es, sin duda alguna, la victoria de los roedores, que al fin pudieron despacharse el corcel magnífico que había guiado al futbol mexicano en la etapa más brillante de su historia», escribió. Y eso que Marcos no era precisamente afín al creciente emporio de Televisa ni a Cañedo.

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Lo que vino a nivel Selección fue la eliminación rumbo al Mundial de Alemania 1974 y un último lugar en la Copa del Mundo de 1978. Los estadios en la liga presentaban pobres entradas y la mayoría de los equipos estaban quebrados. Los dos que hacían mejor las cosas, a nivel directivo y a nivel cancha, eran Cruz Azul y América, quienes desde entonces se repartieron los títulos, la afición, el estadio más grande, las emociones y el protagonismo.

Con potencial económico, cremas y azules marcaron época. Lo dijo el propio Guillermo Álvarez públicamente: «deseo tener un equipo que signifique para México lo mismo que Real Madrid para España, Peñarol para Uruguay y River Plate para Argentina». Formó entonces un grupo caro pero estupendo. Cada uno de sus jugadores era internacional, ya sea de México o de su país de origen. Marín, Kalimán, Quintano, Sánchez Galindo, Pulido, Bustos, Muciño, López Salgado, Cornero, Ceballos y compañía fueron dueños del futbol nacional por poco más de una década.

América no se quedaba atrás, tenía un plantel digno de su rival, pero quedó sacudido tras aquella final donde perdió 4-1 ante la Máquina. Cruz Azul había sido líder general y América, que derrotó en semifinales a Monterrey, se llevó una derrota histórica. Los Cremas venían de ser campeones, y a pesar de contar con un cuadro de figuras, que además jugaban muy bien, en esa década sólo pudieron levantar un título más en la 1975-76 ante la U. de G. Tampoco llegaron a otra final. Reinoso y Borja eran las máximas estrellas.

Pero la revancha es la amiga más vieja del fubol. Con la década ochentera Cruz Azul no vería la suya y América sí. Apenas en la 1980-81 los Cementeros cayeron en la final ante Universidad. En la 1986-87 otra vez se quedarían con un subcampeonato ante Guadalajara. Mientras tanto, América ganaba trofeos por todos lados. Igualó el tricampeonato azul de 1983 a 1985, y después en 1988 y 1989 vencería consecutivamente a los dos rivales de la ciudad, Universidad y Cruz Azul, con lo que además de superar a estos últimos en títulos, dejó a mano la historia entre ambos en finales.

Después los títulos vinieron a menos, apenas una liga más para Cruz Azul en Invierno ’97 y dos para las Águilas en Verano 2002 y Clausura 2005. Los recuerdos entre ambos desde 1990 se reducen a cinco enfrentamientos consecutivos en postemporada de 1992 a 1996, con saldo americanista de 3-2, y tres series de liguilla en torneos cortos, con ventaja también azulcrema de 2-1. La última, semifinal Clausura 2005 con un contundente 6-2 global para los de Coapa.

EPISODIO CÚSPIDE

Esa apasionante historia entre América y Cruz Azul, forjada desde los sesentas, y que cambió para siempre no sólo el futbol capitalino sino el futbol nacional, tendrá un capítulo cúspide esta noche, nada más y nada menos que en esa colosal construcción que se mostraba en 1962 en aquel hotel de Santiago, y que lucirá absolutamente lleno.

Hoy, en 2013, la Ciudad de México es, a la vez, igual y distinta a la de los sesenta. Desde aquellos años la capital vio Un terremoto destruirla parcialmente, triplicó su población y fue absorbida por el tráfico y trajín de las grandes urbes. En lo político es punta de lanza en cuanto a la conquista de derechos civiles, y los votos anuncian una abrumadora preferencia hacia la izquierda, que apenas el año pasado ganó con 63%, cifras que quizá ni los más comprometidos con las causas estudiantiles de los sesentas habrían imaginado. En lo económico, este gigantesco núcleo urbano de casi 9 millones de habitantes ha sido catalogado por Brookings Institution como uno de los diez más ricos del mundo. Y en lo social, además de una infinita oferta de distracciones, se sigue hablando de futbol en bares y cafés, quizá como pocas veces en los últimos años. La causa es deportiva: La final América-Cruz Azul.

Hasta ahora en finales, van parejos, una para cada uno. Esa paridad se romperá esta noche.